jueves, 21 de enero de 2016

DIEZ MANERAS DE DECIR QUE DIOS EXISTE SIN DECIRLO

10 Maneras de decir que Dios existe sin decirlo
Quienes hacemos algún tipo de apostolado estamos acostumbrados a rebuscar la presencia de Dios para poder explicarlo de la forma más fácil y comprensible que podamos


Por: Sebastian Campos | Fuente: http://catholic-link.com 



Quienes hacemos algún tipo de apostolado estamos acostumbrados a rebuscar la presencia de Dios para poder explicarlo de la forma más fácil y comprensible que podamos y que el más sencillo de nuestros interlocutores pueda comprender algo tan grande como la existencia de Dios y su presencia en nuestras vidas.
Nos rompemos la cabeza intentando comprender las 5 vías de la existencia de Dios, nos quemamos los ojos leyendo y tratando de traducir los documentos que el magisterio nos ofrece, nos colgamos de frases de Santos y Papas, incluso algunos más arriesgados apelan a la creatividad y se proponen ideas menos convencionales (pero no por eso menos efectivas) como mostrar videos, preparar presentaciones de power point o visitar Catholic Link a diario para ver qué nuevo recurso podré utilizar en mi grupo de catequesis.
Dios nos hace el asunto mucho más sencillo de lo que nosotros estamos acostumbrados. El se ha hecho hombre, ha pasado por las mismas experiencias humanas y cotidianas que todos nosotros, como el hambre, el frío, el sueño o el dolor de pies, por lo tanto toda la experiencia humana habla de Dios, todo está lleno de El, porque Él mismo experimentó todas estas cosas, convirtiéndolas en experiencias divinas.
Te proponemos algunas ideas, para que vayas dándote cuenta que Dios ha estado ahí, pasando desapercibido quizás, pero muy presente y atento. Estamos seguros que tu has experimentado la existencia de Dios en tu vida y que es así como puedes comprender y explicar su presencia real.
1. La primera vez que fuiste padre o madre
Es difícil explicar la sensación de dar vida. Dios es quien da la vida, pero gentilmente nos permite ser co creadores junto a Él y colaborar en su plan. Tener en tus brazos algo tan tuyo, pero al mismo tiempo, tan producto de la voluntad y el querer de Dios, es sin duda una experiencia espiritual.
2. Cuando te sorprendes con la inmensidad del cielo
Descubrir que lo que podemos ver y comprender es diminuto, que todo está en las manos de alguien mayor que tu. Nada puedes hacer para cambiar el color del cielo, las formas de las nubes o la luz que llega a tu ventana. Y eso es solo lo que tus ojos alcanzan a ver, ¡cuánto más hay en la creación que no somos capaces de ver ni comprender!
3. Cuando te descubres contemplando tus manos
Perfectas pero imperfectas. Diseñadas tan hábilmente, de forma tan delicada pero a la vez tan firmes. Mirar como el camino y los quehaceres las han ido modificando, pero al mismo tiempo siguen siendo las mismas: esas que Dios pensó y diseño para mi
4. Al notar que has tenido una larga conversación contigo mismo
No somos pedazos de carne que forman parte de una maquinaria. Hay algo dentro nuestro que aspira a lo alto, que busca lo mejor, que aun si saberlo, anhela a Dios. Descubrirte conversar contigo mismo, planificando, confrontándote, resolviendo cosas importantes. No eres producto de una casualidad y el ser tan complejos y tan completos es voluntad y producto de la inmensa creatividad de Dios.
5. Ese día que inexplicablemente tu corazón está en paz
Hay razones externas, como la tranquilidad económica, la salud física, la estabilidad familiar entre muchas otras; pero cuando a pesar de que alguna de esas cosas no anda del todo bien, igualmente en tu corazón hay una paz que no podemos justificar desde los hechos, es como si Alguien la hubiera puesto ahí.
6. Cuando te sientes amado
No es solo una cosa de aceptación y autoestima, es más grande que eso, es que sentirse amado es sentirse digno, es comprender que hay valor en mi y aunque el amor humano es limitado y lleno de flaquezas, es una luz de cómo es el amor de Dios y nos da pistas sobre cómo es el sentirse amado por Él .
7. Cuando lo que le hombre ha construido te sorprende
Es como si aun quedaran algunos suspiros de ese aliento inicial que formó todo en la creación. Estamos tan acostumbrados a la inteligencia humana y que esta resuelva nuestros problemas cotidianos, que cuando damos dos pasos para atrás y dejamos de mirar para ponernos a contemplar y dejarnos asombrar por lo que el hombre ha construido, por como Dios nos ha regalado la inteligencia para poder colaborar con su perfección y hacer cosas tan increíbles como los rascacielos y tan sencillos como una cuchara.
8. Cuando quien menos lo esperas, tiene fe
Es común hacer algún tipo de juicio sin querer sobre la fe y la vida espiritual de las personas; incluso es común diagnosticar a algunos como “casos perdidos”, pues sabemos que en su escala de valores, la experiencia de fe no entra. Pero cuando vemos a alguno de esos “alejados” mostrar una pequeña luz de fe, nuestros corazones se inflaman y la esperanza vuelve a nacer. Cuando les vemos persignarse, hablar de Dios, compartir mensajes o frases relacionadas con Dios y lo espiritual, e incluso cuando te piden oraciones, nuestros corazones se llenan de Dios y comprendemos que Él está, incluso en aquellos que menos esperamos que esté.
9. Cuando luego de dar la pelea y rendirte, las cosas comienzan a funcionar
Pareciera que Dios está esperando a que lleguemos a nuestro límite y cuando ya no podemos hacer nada más nosotros, comienza a actuar Él. Es probable que te haya ocurrido que las puertas cerradas delante de ti, inexplicablemente comienzan a abrirse y esa situación que casi no tenia arreglo, de un momento a otro se restaura y comienza a funcionar.
10. Al acompañar a un ser querido en sus últimos momentos de vida
Es doloroso, pero desde la fe, es esperanzador y reconfortante acompañar a alguien a quien amas y que este se vaya al encuentro con Dios teniendo paz en su corazón. Quienes han acompañado a sus seres queridos en sus últimos momentos de vida sabrán reconocer lo fuerte de la experiencia, pero también sabrán reconocer la inmensa paz y consuelo que experimentan los corazones, al saber que el ser amado es recibido por el Creador de vuelta en casa.

¿QUIÉNES SON PADRES HEROICOS?

¿Quiénes son padres heroicos?
Un amor, en pocas palabras, heroico; semejante, en la medida humana, a ese amor infinito que tiene Dios por cada uno de sus hijos más necesitados


Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net 



Padres heroicos son aquellos que acogen con amor la llegada de un hijo enfermo.

Aquellos que, tras un accidente o un virus misterioso, acompañan y ayudan, un día sí y otro también, a ese hijo que prometía mucho y que ahora vive en cama o en silla de ruedas.

Aquellos que sufren y buscan soluciones cuando ven avanzar al hijo adolescente hacia el precipicio de la rebeldía, de los caprichos, de las malas compañías, de las experiencias pecaminosas, de la pereza en los estudios, de la pornografía, de la dependencia a juegos electrónicos o a drogas.

Aquellos que reciben con sobresalto la llamada de la policía que avisa del arresto de ese hijo, y que no dejan de amarlo, de apoyarlo, sin condescender con sus malas acciones pero sin abandonarlo a su situación de encarcelado.

Aquellos que lloran porque el hijo o la hija, después de un matrimonio que parecía tan hermoso, ha abandonado a su familia para buscarse aventuras de infidelidad, hasta dejar en soledad al cónyuge o en la tristeza más profunda a los hijos que ya no cuentan con uno de sus padres en casa.

El mundo está lleno de padres heroicos. Porque un padre y una madre lo son siempre, sin fechas de caducidad. Porque el hijo más necesitado, por su fragilidad física, por sus debilidades psicológicas, o por sus maldades éticas, necesita quizá más que otros la certeza de que hay dos columnas que desean apoyarle, sostenerle, rescatarle, darle lo más grande que puede imaginarse: un amor completo, servicial, sin límites.

Un amor, en pocas palabras, heroico; semejante, en la medida humana, a ese amor infinito que tiene Dios por cada uno de sus hijos más necesitados.

PREDICACIÓN Y CURACIÓN DE ENFERMOS


Predicación y curación de enfermos
Milagros



Marcos 3, 7-12. Tiempo Ordinario. ¡Jesús salva! Estas sanaciones, estas palabras que llegan al corazón son el signo y el inicio de una salvación. 


Por: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net 



Del Evangelio según san Marcos 3, 7-12
Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

Oración introductoria
Señor Jesús, yo también te estoy buscando, quiero tener un momento de intimidad en la oración. Quiero dejarme conquistar por tu amor, dame la luz para saber reconocer lo que me puede apartar de que tu gracia.

Petición
Para ser digno de tu amor, ven Espíritu Santo y haz tu morada en mí.

Meditación del Papa Francisco
La multitud que acude a Jesús desde cualquier región. Encuentra en el Señor una esperanza, porque su forma de actuar, de enseñar, toca su corazón, llega al corazón, porque tiene la fuerza de la Palabra de Dios.
El pueblo siente esto y ve que en Jesús se cumplen las promesas, que en Jesús hay una esperanza. El pueblo estaba un poco aburrido de la forma de enseñar la fe, de los doctores de la ley de aquella época, que cargaban sobre la espalda muchos mandamientos, muchos preceptos, pero no llegaban al corazón de la gente. Pero, cuando ven a Jesús y escuchan a Jesús, las propuestas de Jesús, las bienaventuranzas… pues escuchan dentro algo que se mueve, es el Espíritu Santo que despierta eso, y van a encontrar a Jesús.
La multitud seguía a Jesús para ser sanada, es decir, buscando el propio bien. Por eso nunca podemos seguir a Dios con pureza de intención desde el inicio, siempre un poco para nosotros, un poco para Dios... Y el camino es purificar esta intención.
¡Jesús salva! Estas sanaciones, estas palabras que llegan al corazón son el signo y el inicio de una salvación. El recorrido de la salvación de muchos que comienzan a ir a escuchar a Jesús o a pedir una sanación y después vuelven a Él y sienten la salvación. ¿Pero lo más importante de Jesús es que sane? No, no es lo más importante. ¿Qué nos enseña? No es lo más importante. ¡Que salva! Él es el Salvador y nosotros somos salvados por Él. Y esto es más importante. Y ésta es la fuerza de nuestra fe. (Papa Francisco homilia Santa Martha)

Reflexión
Tanta era la atracción de Cristo en vida que en la playa no había lugar para él. Sube a una barca para poder enseñarles a todos las cosas del Reino.

Cristo desea subir a una barca. Allí hay muchísimas, pero Él sólo subirá a una. Es la primera vez que Cristo hace una cosa semejante. Él quiere hablarle a la gente, pero se encuentra impedido por el poco espacio. Él te pide permiso para subir a la barca de tu vida y desde allí llamar a todos a la felicidad.

Él puede cambiar tu vida, como lo hizo con sus apóstoles. Eran rudos pescadores, y terminaron dando su vida por la extensión del Reino. Ahora te toca a ti. Dios te quiere subir a su barca para cambiar tu vida y la de los hombres que escuchen su voz a través del medio que eres tú. No te preocupes si no te sientes apto para ser instrumento de Dios, Él hará todo si tú le das tu sí. Y ya verás cómo serás feliz haciendo felices a los demás.

Propósito
Visitar, lo más pronto posible, a un amigo o familiar enfermo, buscando acercarle a Cristo.

Diálogo con Cristo
Cristo, Tú ha sido, eres y serás siempre la respuesta definitiva a los más profundos anhelos y aspiraciones de felicidad, porque sólo Tú tienes palabras de vida eterna, sólo Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida. Si realmente te conociera mi vida sería diferente, para bien. Por eso te pido hoy, Jesús, que no salga de esta oración sin ser profundamente tocado por Ti, porque sólo si te llevo dentro, podré arrastrar a otros hacia Ti.
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