martes, 2 de febrero de 2016

¿PECADOS PASADOS DE MODA?

¿Pecados pasados de moda?
No se engañen, el pecado puede o no estar a la moda, pero si lo cometes, serás condenado.


Por: ChurchPOP Editor | Fuente: Churchpop.com // ACIprensa 



El mundo actual con su ritmo vertiginoso de vida, con un mayor acceso a la información y con las nuevas tendencias, parece haber dejado de lado la contrición y considera que el pecado y el infierno están “pasados de moda”. Pero así no es.
El pecado es algo serio, el infierno existe y es el destino de los pecadores. San Pablo dijo: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? Que no te engañen…"(1 Corintios 6,9).
Sin embargo, ¡hay esperanza!, pues por la gracia de Dios podemos apartarnos de nuestros pecados y encontrar la salvación en Jesucristo.
Pero primero necesitamos reconocer nuestros pecados y que necesitamos ser salvados. Una vez que tengamos una vida nueva en Cristo, la vida cristiana comienza y estamos llamados a cooperar con la gracia de Dios para crecer en santidad.
Por ello, te presentamos una lista de los pecados que el mundo actual considera “normales”, pero a los que se debes tomar en serio:


1) La mentira

“¿Qué pasaría si la persona nunca lo descubre? ¿Qué tal si es sólo por conveniencia? ¿O qué tal si sirve para lograr un bien mayor?”
No. Mentir es mentir y está mal.
Mentir es decir una falsedad con la intención de engañar y siempre está mal porque es una ofensa contra la verdad, que es Cristo (Juan 14,6).
Recuerda, la mentira es la lengua nativa del demonio, a quien Jesús llama “el padre de la mentira” (Juan 8,44). El libro de la Sabiduría advierte: “la mentira destruye tu alma” (Sabiduría 1,11).

2)  Inmoralidad sexual

“¡Huye de la inmoralidad sexual!” (Corintios 6,18).
¿Pero por qué no podemos hacer lo que queramos con nuestros cuerpos? Mientras una persona está de acuerdo, todo vale, ¿no?
No. San Pablo dice: “Eviten la fornicación. Cualquier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su cuerpo, pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿O no saben que sus cuerpos son templo del espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios? Por lo tanto, ustedes no se pertenecen, sino que han sido comprados, ¡y a qué precio! Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos”. (1 Corintios 6,18-20)
Nosotros podemos pecar contra nuestros propios cuerpos. Dios nos ha hecho a nosotros y a nuestra sexualidad con dignidad, valor y orden, que debe ser respetado y querido.
Recuerden que Cristo predicó sobre la lujuria en el corazón: “No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer con lujuria ya ha cometido adulterio con ella en corazón”.

3) Robo

“No robarás”. (Éxodo 20,15)
Robar es tomar algo que no te pertenece. Eso incluye a todo el material que tenga copyright. Robar no se vuelve aceptable sólo porque estás en Internet. Todo el mundo lo sabe, pero igual lo hacemos. Aun así es un pecado grave.

4)  Alcoholismo

El alcohol es un maravilloso don de Dios. Jesús convirtió el agua en vino y los monjes cristianos solían hacer la mejor cerveza del mundo.
Pero beber demasiado hasta el punto de emborracharse y perder el control es un pecado: “No se engañen…los bebedores…no entrarán en el Reino de Dios”. (1 Corintios 6,9-10) “No se emborrachen con vino, porque eso es libertinaje”. Ante esto, San Pablo nos ofrece una alternativa: “Llénense del Espíritu”. (Efesios 5,8).

5) Gula

Algunos se han referido a la gula como el vicio olvidado.
Obviamente necesitamos comer, hay un tiempo para festejar y la comida puede disfrutarse maravillosamente. Pero, al igual que el alcohol, todo debe disfrutarse con moderación. La gula es un amor inmoderado a la comida y no sólo puede traer serias consecuencias a tu salud, sino también para tu alma.
“Porque ya les advertí frecuentemente y ahora les repito llorando: hay muchos que se portan como enemigos de la cruz de Cristo. Su fin es la predicción, su dios es el vientre, su gloria está en aquello que los cubre de vergüenza, y no aprecian sino las cosas de la tierra”. (Filipenses 3,18-19).

6) Venganza

La justicia es importante y cualquier justicia que no ha sido dada por el gobierno será rectificada por Dios al final. Pero a nosotros ahora, Dios nos llama a un plano superior:
“No devuelvan a nadie mal por mal. Procuren hacer el bien delante de todos los hombres. (…) Queridos míos, no hagan justicia por sus propias manos, antes bien, den lugar a la ira de Dios. Porque está escrito: Yo castigaré. Yo daré la retribución, dice el Señor. Y en otra parte está escrito: Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Haciendo esto, amontonarás carbones encendidos sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien”. (Romanos 12. 17, 19-21)
También mantén en mente las enseñanzas de Jesús respecto al perdón: “Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes”. (Mateo 6,14-15)

7) Asesinato

“¡Por favor, actualmente nadie comete asesinatos!”. ¿Estás seguro?
El asesinato es la muerte voluntaria y directa de una vida humana inocente. Incluso si la persona es pequeña y está en desarrollo en el vientre de su madre. Incluso si la persona está en desventaja. Incluso si la persona está enferma y es difícil de cuidar. Incluso si la persona es vieja y puede morir pronto de todos modos.  El aborto y, cada vez más, la eutanasia es ampliamente aceptada y practicada en toda nuestra sociedad.
El asesinato es una ofensa contra Dios porque los seres humanos fuimos hechos a Su imagen y semejanza. (Génesis 1,27)
Si has cometido alguno de estos pecados arrepiéntete y acógete a la misericordia de Dios.

¿CÓMO PUEDO PARTICIPAR MEJOR EN LA EUCARISTÍA?



¿Cómo puedo participar mejor en la Eucaristía?
Participación en la santa Misa


Quizás nos ocurre con frecuencia que el ir a Misa el Domingo se convierte en una actividad más. Acudimos a la iglesia sin pensar mucho, distraídos por la jornada de descanso, o más o menos preocupados por otros motivos. La Eucaristía se inicia y concluye casi sin darnos cuenta.


Por: www.caminohaciadios.com | Fuente: www.caminohaciadios.com 



«La Iglesia vive de la Eucaristía»[1]. Con estas palabras el Santo Juan Pablo II iniciaba en el año 2003 una hermosaencíclica sobre la Eucaristía en su relación con la Iglesia. En ella, la última encíclica que escribió, nos recordaba que el sacrificio eucarístico es «fuente y cima de toda la vida cristiana» y «contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo»[2]. Algunos recordarán que el mismo Pontífice convocó la celebración de un Año de la Eucaristía, que concluyó en octubre de 2005. Dos años después su sucesor, el Papa Benedicto XVI, nos ofrecía otro iluminador documento, la Sacramentum caritatis, sobre la Eucaristía, fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia. Como nos recuerdan ambos Pontífices, para los católicos la Eucaristía tiene un lugar central en nuestra vida cristiana. Vale la pena, pues, poner todo esfuerzo para participar mejor de este sacramento que la Iglesia recibió de Cristo «no sólo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación»[3].

Prepararnos con tiempo

Es importante, entonces, que nos preguntemos cómo podemos participar mejor de la Eucaristía. En primer lugar necesitamos una adecuada preparación. Como en muchos otros aspectos de la vida cristiana, la rutina es un enemigo al cual siempre hay que combatir. Quizás nos ocurre con frecuencia que el ir a Misa el Domingo se convierte en una actividad más. Acudimos a la iglesia sin pensar mucho, distraídos por la jornada de descanso, o más o menos preocupados por otros motivos. La Eucaristía se inicia y concluye casi sin darnos cuenta. Una primera manera de contrarrestar esta situación es profundizar en nuestra comprensión sobre la Eucaristía. No es una condición esencial estudiar para una mejor participación, pero quizás hemos experimentado que comprender un poco mejor algunas realidades ayuda muchísimo a que participemos mejor, y a la vez, una mejor participación nos ayuda a una mayor comprensión. Entonces, ¿por dónde podemos empezar? Remitámonos en primer lugar al Catecismo de la Iglesia Católica. En la segunda parte del Catecismo se trata sobre la celebración del misterio cristiano, y podemos hallar ahí, en los números 1322 a 1419, una explicación esencial de este sacramento. Ahí mismo podemos encontrar algo que nos será de gran ayuda: las partes de la Misa. Conocer la estructura de la celebración nos resultará muy valioso para seguir la Misa y participar mejor de ella.

Junto con el Catecismo es conveniente también leer algunos otros textos que sean de particular ayuda para que profundicemos en este misterio. Sin ir muy lejos, las enseñanzas de los últimos Pontífices nos ofrecen un abundante material de lectura, estudio y reflexión. Recordemos, por ejemplo, las ya mencionadas Sacramentum Caritatis (Sacramento de la Caridad) y la Ecclesia de Eucharistia (La Iglesia vive de la Eucaristía) a las cuales podemos añadir la carta apostólicaDies Domini (El día del Señor), del Beato Papa Juan Pablo II. Meditar estos textos tendrá muchísimos frutos en nuestro modo de participar en la Eucaristía y los tenemos a la mano en internet y en las librerías católicas.

Hay finalmente un medio más que nos puede resultar de gran valor. Como sabemos en la Misa siempre se leen pasajes de la Escritura como parte de la Liturgia de la Palabra. Meditar y reflexionar sobre estos pasajes ayuda a que participemos mejor. En internet hay abundantes sitios que señalan las lecturas de la Misa, y también podemos suscribirnos a reflexiones sobre el Evangelio dominical. Meditar en las lecturas bíblicas, rezarlas, nos predispone para una mejor y más concentrada participación. Ello nos ayudará también a que durante la Misa estemos más atentos a las lecturas, y así estar mejor dispuestos para el encuentro con la Palabra de Dios.



Una buena disposición

Es igualmente importante que en los momentos inmediatamente previos a la Misa preparemos adecuadamente nuestro corazón. Se trata de disponernos con reverencia, haciendo silencio en nuestro interior. Hablando sobre la Misa decía el Papa Benedicto XVI que «favorece dicha disposición interior, por ejemplo, el recogimiento y el silencio, al menos unos instantes antes de comenzar la liturgia, el ayuno y, cuando sea necesario, la confesión sacramental. Un corazón reconciliado con Dios permite la verdadera participación»[4].

Quizás haya algunos hábitos que con el tiempo hemos adquirido y que es bueno revisarlos. Para empezar, no es lo mejor llegar apurados a la celebración, distraídos y con muchas cosas en la cabeza. Procurar llegar a tiempo, tener un ánimo sosegado y tranquilo, apagar el teléfono celular, nos predispone para una actitud de escucha y acogida del misterio del cual vamos a participar. Desde otra perspectiva, es también importante la atención al modo como nos vestimos. No se trata de buscar aparentar, pero sí recordar la solemnidad del momento y que nuestro exterior acompañe a nuestro interior.

Es importante resaltar algo ya mencionado aunque muchas veces olvidado: la confesión sacramental. A este sacramento podemos recurrir frecuentemente para hallarnos siempre en gracia y con un corazón dispuesto y reconciliado. «La Eucaristía y la Penitencia —explicaba el Papa Juan Pablo II— son dos sacramentos estrechamente vinculados entre sí. La Eucaristía, al hacer presente el Sacrificio redentor de la Cruz, perpetuándolo sacramentalmente, significa que de ella se deriva una exigencia continua de conversión»[5].

Si mi preparación ha sido buena podré participar con una mejor disposición de la Eucaristía y estaré más en sintonía con el Misterio que se celebra. La idea es que mi cuerpo, mi mente y mi espíritu, es decir, todo mi ser, esté en la “frecuencia” correcta para lograr esa sintonía. Todo mi ser acompaña y vive la celebración eucarística: mis gestos, mis palabras, la entonación de mi voz, mi postura corporal, mis sentimientos, mis pensamientos, en fin, todo yo debo estar dispuesto para el encuentro con el Señor Jesús que está vivo en la Eucaristía, hablándonos y haciéndose realmente presente como ofrenda al Padre en el altar para nuestra salvación y nuestra reconciliación.
Además de todo lo dicho no debemos pasar por alto que la Eucaristía es acción de gracias a Dios. La palabra Eucaristía significa precisamente eso: Acción de gracias. No olvidemos, por tanto, darle gracias al Padre por tantos dones: por darnos a su propio Hijo, por darnos al Espíritu Santo, por dejarnos a María como Madre y modelo de vida cristiana, por la Iglesia, por nuestra familia, nuestros amigos, por los dones personales que hemos recibido, en fin, por tantas cosas buenas. Como nos recuerda el apóstol Santiago: Todo bien y todo don perfecto viene de arriba, del Padre del Cielo[6].

Adorando al Santísimo

Sabemos que la Misa no es la única manera de participar del inmenso don que es la Eucaristía. La Iglesia le ha dado, a lo largo de su existencia, un lugar muy importante al culto a Cristo Sacramentado. La Adoración eucarística y las visitas al Santísimo son también ocasión privilegiada de encuentro con el Señor realmente presente. Si está dentro de nuestras posibilidades podemos visitar con frecuencia el Santísimo Sacramento en una iglesia o capilla cercana. Quizás al iniciar el día, o de regreso del trabajo, o en algún momento de la jornada que nos acomode, podemos rezar unos momentos ante el Santísimo. En nuestras visitas al Santísimo podemos asimismo recurrir a una práctica muy difundida y recomendada en la Iglesia: la comunión espiritual. Por otro lado, si bien podemos rezar con las palabras que surjan en nuestro corazón de modo espontáneo, quizás nos sea beneficioso rezar con libros o devocionarios eucarísticos que nos ayuden a expresar lo que a veces para nosotros es difícil. Dentro de ellos, la Iglesia siempre ha visto en los Salmos una escuela de oración muy recomendada.

El intenso deseo que hay en nuestro corazón de encontrarnos con Dios nos debe llevar a tener una vida de fe intensa, nutrida por quien es el único alimento de vida eterna[7]. El Señor Jesús, que nos espera siempre con amor y dulzura, arde en deseos de que nos encontremos con Él, particularmente en este sacramento. No debemos escatimar esfuerzo alguno para mejorar nuestra participación de la Eucaristía, que a la vez nos debe llevar a vivir, según nuestras capacidades y posibilidades, el misterio que celebramos. Como decía el Papa Benedicto XVI, «todo lo que hay de auténticamente humano —pensamientos y afectos, palabras y obras— encuentra en el sacramento de la Eucaristía la forma adecuada para ser vivido en plenitud»[8].

CITAS PARA MEDITAR

Guía para la Oración
    •    Tener un corazón preparado: Lev 7,20; Sal 51,19; Mt 5,23-24; 1Cor 11,27.
    •    El Señor Jesús instituyó la Eucaristía para quedarse por siempre con nosotros: Mt 26,26-29; 28,20; Mc 14,22-25; Lc 22,14-20
    •    Jesús es el Pan de Vida: Jn 6,34.
    •    Alimento para la Vida Eterna: Jn 6,54.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
    1.    ¿Qué lugar tiene la Eucaristía en mi vida cristiana?
    2.    ¿Tengo usualmente una disposición adecuada para participar de la Eucaristía?
    3.    ¿Visito el Santísimo con frecuencia?
    4.    ¿Qué puedo hacer para participar mejor de este sacramento?

MARÍA PRESENTA A JESÚS EN EL TEMPLO


María presenta a Jesús en el Templo

Lucas 2, 22-40. Fiesta de la Presentación del Señor. Este día nos recuerda lo importante que es presentarnos, ofrecernos a Dios. 


Por: Arturo López | Fuente: Catholic.net 



Del Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: «Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz,como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvaciónque preparaste delante de todos los pueblos:luz para iluminar a las naciones paganasy gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él. 


Oración introductoria
Prepara, Señor, mi corazón para que con una disposición de apertura y docilidad te deje entrar hasta lo más íntimo de mi alma pues sé con certeza que quien se pone en tus manos está en camino de la verdadera felicidad.

Petición
Que me acepte, Señor, como soy para que, reconociendo tu mano en mi creación, pueda prepararme con entusiasmo cuando me presente ante ti al final de la batalla.

Meditación del Papa Francisco
El Evangelio viene a nuestro encuentro con una imagen muy bonita, conmovedora y alentadora. Es la imagen de Simeón y de Ana, de quienes nos habla el Evangelio de la infancia de Jesús, de san Lucas. Eran realmente ancianos, el “viejo” Simeón y la “profetisa” Ana que tenía 84 años. No escondía la edad esta mujer. El Evangelio dice que esperaban la venida de Dios cada día, con gran fidelidad, desde hacía muchos años. Querían verlo precisamente ese día, recoger los signos, intuir el inicio. Quizá estaban también un poco resignados, ya, a morir antes: esa larga espera continuaba sin embargo ocupando su vida, no tenían compromisos más importantes que este. Esperar al Señor y rezar. Y así, cuando María y José llegaron al templo para cumplir la disposición de la Ley, Simeón y Ana se movieron impulsados, animados por el Espíritu Santo. El peso de la edad y de la espera desapareció en un momento. Reconocieron al Niño, y descubrieron una nueva fuerza, para una nueva tarea: dar gracias y dar testimonio por este Signo de Dios. Simeón improvisó un bellísimo himno de júbilo. Ha sido un poeta en ese momento. Y Ana se convierte en la primera predicadora de Jesús: “hablaba del niño a quienes esperaban la redención de Jerusalén”. (Audiencia de S.S. Francisco, 11 de marzo de 2015).
Reflexión
La presentación de Jesucristo toca el timbre de nuestra conciencia al recordarnos lo importante que es presentarnos, ofrecernos a Dios. Este presentarse adquiere diversos matices: primero, la donación que hacemos de nosotros mismos a Dios al escucharle, al dejar que cada día vaya plasmando su obra en nuestra vida. Cada alma en particular fue creada con un fin, con una misión concreta dentro del plan providente de Dios, y Dios quiere hablar y manifestarse en el mundo, pero necesita voluntarios. Significa además la entrega que hacemos a todos los que vamos encontrando en nuestro camino. ¡Cuánto puede ayudar una sonrisa! Basta un gesto, una actitud. Por último, dicha presentación asegura, firma un pacto, cuyo cumplimiento tendrá lugar en el momento de nuestro abrazo definitivo con Dios, cuando cansados de nuestro peregrinar por esta tierra, le podamos decir a Dios: ¡Valió la pena apostar por ti!

No son las grandes predicaciones, no son las grandes obras de apostolado ni los proyectos de gran envergadura los que suscitan la verdadera admiración de los hombres. El asombro viene cuando detrás de todo aquello está un hombre que vive de Dios, un hombre que aprendió a presentarse a Dios y a los demás. María Santísima es experta en llevar nuestras obras a buen puerto. Basta una decisión libre y un entusiasmo por lo que tenemos que hacer.

Propósito
En cinco minutos que saque de oración, pediré por aquellas personas que he conocido.

Diálogo con Cristo
Qué paz me da, Señor el ejemplo de tu Madre al ofrecerte a Dios, como el acto de cualquier mamá que ofrece a Dios el fruto de su amor a Dios en cada alumbramiento. Que el día cuando me presente a ti, pueda a mi vez presentarte otras muchas almas, ganadas para ti con horas de oración y sacrificio. Hazme comprender que cada acto de donación es una invitación a los hombres a creer en ti.


"El amor no puede permanecer en sí mismo. No tiene sentido. El amor tiene que ponerse en acción. Esa actividad nos llevará al servicio"(Madre Teresa de Calcuta)


Preguntas o comentarios al autor    Arturo López
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