jueves, 17 de marzo de 2016

ES MI PADRE QUIEN ME GLORIFICA


Es mi Padre quien me glorifica
Cuaresma y Semana Santa


Juan 8, 51-59. Cuaresma. Buscar la paz y el arrepentimiento cerca de Cristo. 


Por: Estanislao García | Fuente: Catholic.net 



Del santo Evangelio según san Juan 8, 51-59
En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: Os aseguro que guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás. Le dijeron los judíos: «Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: "Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás." ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?» Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: "Él es nuestro Dios", y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra. Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi Día; lo vio y se alegró». Entonces los judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy». Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

Oración introductoria
Señor, quiero ser fiel a tu Palabra y tener un momento de intimidad contigo en la oración. Creo, espero y te amo. Dame tu luz para que sepa guardar el silencio necesario para escuchar lo que hoy me quieres decir.

Petición
Señor, ayúdame a incrementar mi vida de gracia y a vivir siempre de acuerdo a ella.

Meditación del Papa Francisco
La Trinidad, como mencionaba, es también el fin último hacia el cual está orientada nuestra peregrinación terrenal. El camino de la vida cristiana es, en efecto, un camino esencialmente 'trinitario': el Espíritu Santo nos guía al conocimiento pleno de las enseñanzas de Cristo. Y también nos recuerda lo que Jesús nos ha enseñado. Y Jesús, a su vez, ha venido al mundo para hacernos conocer al Padre, para guiarnos hacia Él, para reconciliarnos con Él. Todo, en la vida cristiana, gira alrededor del misterio trinitario y se cumple en orden a este misterio infinito. Intentemos, por tanto, mantener siempre elevado el 'tono' de nuestra vida, recordándonos para qué fin, para cuál gloria existimos, trabajamos, luchamos, sufrimos. Y a cuál inmenso premio estamos llamados.
Este misterio abraza toda nuestra vida y todo nuestro ser cristiano. Lo recordamos, por ejemplo, cada vez que hacemos la señal de la cruz: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y ahora los invito a hacer todos juntos, y en voz alta, esta señal de la cruz ¡todos juntos! "En nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo". (Homilía de S.S. Francisco, 31 de mayo de 2015, en Santa Marta).
Reflexión
Claro que nos escandalizamos de Jesús muchas veces, y es, sobre todo, porque él es más generoso que nosotros. Él está por delante de nosotros para enseñarnos el camino y a nosotros nos pasa algo muy curioso. Decimos que Jesús es Dios y que por eso no podemos hacer lo que Él hizo. Pero en el fondo es porque somos unos cobardes, que no nos atrevemos a dar el sentido que Cristo le dio a sus actos. Nosotros no podremos caminar sobre las aguas ni multiplicar panes. Pero lo que debemos aprender de Cristo no es tanto lo que hizo sino cómo lo hizo.

Y es que detrás de nuestra actitud de temor existen estos sofismas. "Todos los demás lo dicen, la televisión lo ha dicho, se lo he escuchado a mis amigos, así lo hace todo el mundo, si no lo hago así se ve raro".. Y mientras tanto, cojo una piedra del suelo y se la lanzo a Jesús, pues prefiero darle una pedrada a Jesús que quedar mal delante de los hombres.

Sin embargo, Jesús prefirió quedar mal delante de los demás por salvar la vida de una persona. Tomó el riesgo de ser apedreado por salvar a una pecadora. Aquí está la actitud que podemos aprender de Cristo. Exponer nuestra misma vida con tal de traer la paz a una persona, aunque creamos que es un pecador. Esto significa solapar los errores del otro, sino perdonarlo, a pesar de que muchos lo condenen, nosotros preferir, como Cristo, buscar su salvación. Buscar traerle la paz y el arrepentimiento por sus pecados para que en adelante no peque más.

Propósito
Revisar mis actividades para saber qué lugar ocupa Dios en mi vida.

Diálogo con Cristo
Señor Jesús, qué fácilmente puedo negarte el lugar que te corresponde en mi vida. No quiero dejarme envolver por lo transitorio y fugaz para saber dedicar el mayor y el mejor tiempo de mi vida al servicio de los demás, por amor a Ti. Por eso te doy gracias por este momento de oración que me hace reconocer, agradecer y evaluar el uso que estoy dando a todos los talentos con los que has enriquecido mi vida, especialmente el uso de mi tiempo.

EL RELATIVISMO Y LA LIBERTAD

El relativismo y la libertad
El relativismo es una postura de la mente que aparece cuando alguien tiene pensamiento débil


Por: Ana Teresa López de Llergo | Fuente: Yo influyo 



El relativismo es una postura de la mente que aparece cuando alguien tiene pensamiento débil, admite cualquier postura con tal de evitar confrontaciones o acepta todo tipo de afirmaciones aunque se contradigan pues la persona carece de principios sólidos.

Y, por pensamiento débil entenderemos el de quien admite cualquier postura con tal de evitar confrontaciones o acepta todo tipo de afirmaciones aunque se contradigan pues la persona carece de principios sólidos, bien asimilados y tampoco confía en alguien a quien pueda reconocer como una legítima autoridad.

En este caso el problema es doble, por un lado aparece un afán desmedido de inclusión social, y por otro, una miseria intelectual que impide razonar con un mínimo de congruencia. El pensamiento es débil porque es incapaz de asumir y mucho menos de defender alguna postura.

El relativismo se ha convertido así en un problema central disfrazado de apertura a todo tipo de posturas, incluyente pues todas las afirmaciones se colocan en el mismo plano y sin cortapisas pues no existe el compromiso de defender ningún planteamiento. No se admite una verdad válida para todos sino múltiples verdades subjetivas donde las afirmaciones de unas y otras no tienen nada que ver entre sí y generalmente se contradicen. Pero como se evita la polémica, el relativismo se alaba como una postura positiva vinculada a conceptos muy bien vistos en la actualidad como son la tolerancia, la construcción del conocimiento en el intercambio de opiniones y la defensa de la libertad absoluta, sin ningún tipo de restricción.

Sin embargo, la pseudo fuerza de la tolerancia así como la de la construcción del conocimiento a partir de las opiniones, proviene de un auténtico desfase en la comprensión de la libertad. Este desajuste sucede cuando a la libertad se la separa de la responsabilidad y se la impregna de una racionalidad desvinculada de la capacidad de amar.

La libertad rectamente entendida consiste en la personal decisión de alcanzar el bien debido. Pero tal decisión para que sea correcta, ha de encontrarse regulada por la verdad. Esto circunscribe a la libertad dentro de un marco, sin embargo, este acotamiento de ningún modo es un perjuicio, sino al contrario, es la garantía de todo tipo de elección. Sin embargo, aunque el vínculo libertad verdad es indispensable, aún hay algo más, es imprescindible amar la decisión, amar la verdad y, sobre todo amar el bien por alcanzar. Sin el amor el recto ejercicio de la libertad acabaría siendo un acto fríamente racionalista y tarde o temprano, una actuación así podría llegar a romper a la persona.

Sólo en este contexto, la tolerancia puede asumirse sin conducir a equívocos pues, por encima de ella se toma en cuenta la verdad y el bien objetivos, y en estas condiciones, se impone el respeto a toda persona aunque se tengan claros los errores en los que se encuentre sumergida. También, en este contexto, se escuchan con comprensión los puntos de vista de los demás, sus opiniones y el modo de aplicarlas para la toma de decisiones. Pero, aunada a esta actitud, existe la capacidad de jerarquizar y de dar a los distintos enfoques un lugar más o menos cercano a la verdad y al bien. Por eso mismo, se evita la ambigüedad, no todo tiene la misma fuerza ni la misma bondad.

Cuando al relativismo se le da la categoría de fundamento aparecen las contradicciones aceptadas como sistema de progreso. Por ejemplo, con esta postura, la democracia negaría la posibilidad de alcanzar la verdad, y admitiría el hecho de que cualquier camino es igualmente válido, sólo se tomaría en cuenta la vibración y el esfuerzo, excluyendo los contenidos y su cercanía y aceptación de la realidad. Una sociedad liberal sería, pues, una sociedad relativista; sólo con esta condición podría permanecer libre y abierta al futuro.

En el campo de la política, no existe una única opinión correcta porque hay variados modos de resolver los problemas de la comunidad. Ningún planteamiento se debe adoptar como absoluto, pero, sí se ha de buscar lo más oportuno según las demandas. Precisamente como la meta es resolver problemas, el ciclo cambia y habrá que adoptar nuevos modos para eliminar las nuevas carencias que antes no habían aparecido. Cuando el terreno político se relativiza, lo importante se hace efímero, lo absoluto se desconoce, lo intrascendente se impone.

El entonces Cardenal Ratzinger, al tratar este tema decía: con el relativismo total, tampoco se puede conseguir todo en el terreno político, hay injusticias que nunca se convertirán en algo justo (como, por ejemplo, matar a un inocente, negar a un individuo o a un grupo el derecho a su dignidad o a la vida correspondiente a esa dignidad); y al contrario, hay cosas justas que nunca pueden ser injustas. Por eso, aunque no se ha de negar cierto derecho al relativismo en el campo socio-político, terreno en el que prevalece lo opinable, el problema se plantea a la hora de establecer sus límites.

Quien practica la libertad y defiende la de sus semejantes ya está tomando una postura definida muy contraria a la del escéptico a quien todo le da lo mismo. Por eso, prácticamente el relativismo es insostenible aunque teóricamente alguien lo defienda, de manera que, el relativismo tiene la contradicción en sus entrañas y tarde o temprano sus postuladores acaban en el vacío de la incongruencia.

Abandonar el relativismo lleva a redimirse de la superficialidad, del conformismo, de la confusión, de la pasividad y un largo etcétera. Pero, el ancla que asegura contra las dudas o los vaivenes de las novedades es, no lo olvidemos, la recta comprensión de la libertad y su recta aplicación para forjarse en el bien y diseñar unas relaciones humanas que afiancen el bien común y pongan límites al mal.

CUÁL ES TU VIÑA?

¿Cuál es tu Viña?
Trabajar como viñateros para Jesús es obrar para Su causa en forma permanente.


Por: Oscar Schmidt | Fuente: ReinaDelCielo.org 



El Señor nos hace referencia en las Escrituras a Su Viña. ¿Pero a que se refiere El con este mensaje, puesto en términos de nuestros tiempos?. La viña del Señor es Su obra, el lugar donde se trabaja para la misión de la Salvación. ¿Cuál es tu actitud de vida frente a la Viña de Cristo?.
Tenemos en el mundo tres clases de actitudes frente al llamado del Cielo:
  1. La de aquellos que se involucran en trabajar activamente, como obreros cotidianos, integrando el plantel de trabajadores de la obra de la Redención.
  2. La de aquellos que trabajan activamente también, pero en contra de la obra del Cielo. Y esto es muy peligroso, porque es un pecado contra el Espíritu Santo, el más grave que se puede cometer. Negar a Dios activamente, frenando Su obra, es la forma mas directa de condenarse.
  3. Aquellos tibios que, sabiendo de un modo u otro del llamado de Dios, no se comprometen. ¡Y ya sabemos que dijo Jesús respecto de los tibios!
  4. ¿En que categoría estás tú? ¿Lo tienes claro, te animas a responder?
Para aquellos que creen estar en la primer categoría, o al menos desean estar en ella: no nos equivoquemos. Nuestra vida no está dividida: no existe el trabajo, la familia y luego la Viña del Señor (como asistir a Misa el domingo, por ejemplo). Nuestra vida es una, integral e indivisible. La Viña debe ser nuestra vida, nuestra realidad cotidiana.
Trabajar como viñateros para Jesús es obrar para Su causa en forma permanente.
En términos prácticos, todos debemos tener una participación dentro de la inmensidad de Viñas que existen en el mundo, y debemos ser activos trabajadores en al menos una de ellas. La oración es una parte fundamental del trabajo del Viñatero, por eso los grupos de oración son tan importantes. También el dar testimonio, el difundir la necesidad de la conversión del alma, el volcar a las personas a la lectura diaria de las Escrituras. El ser evidencia viva de un cristiano comprometido con la obra de Dios es parte central de nuestro rol de obreros. El ayudar a los pobres y necesitados, haciéndolo en nombre de la caridad que Jesús nos enseñó.


Existen muchísimas formas de crear una Viña, de hacerla crecer, de mover al mundo en la dirección de los Corazones de Jesús y María. Nada te limita, nada te frena.www.reinadelcielo.org , por ejemplo, es la Viña en que participamos quienes escribimos esta meditación.
¿Tienes una Viña en la que trabajas para la obra de Dios? ¿Crece tu Viña, aumenta el producido en ella, se incrementa tu gozo al ver los resultados concretos?
Comprométete en la obra del Cielo, enlístate en la gran Viña del Señor, súbete a la Obra de la Salvación, con tus errores y defectos.
¡No existe gozo mas inmenso que el de sentirse un obrero en esta empresa, con el mismo Jesús como Patrón!

ES PECADO HACERSE TATUAJES?

¿Es pecado hacerse tatuajes?
Habrá que tener en cuenta qué imágenes son las que se tatúan, con qué intención, qué implicaciones tiene para la salud, etc. 


Por: P. Miguel Ángel Fuentes, V.E. | Fuente: El Teólogo Responde 



El tatuaje es una marca o un dibujo permanente en el cuerpo que se realiza introduciendo pigmento en las roturas de la piel. Ha sido practicado en muchas partes del mundo, aunque es raro entre poblaciones de piel oscura y ha estado ausente en muchas partes de China (al menos en los últimos siglos).

En ocasiones se los realiza para tener protección mágica contra la enfermedad o la desgracia; también se usan para identificar el rango de su dueño, se estado o pertenencia a un determinado grupo.

El ´Diccionario de los Símbolos´ de Chevalier-Cheerbrant (Herder, Barcelona 1991, p. 980) dice: ´el tatuaje pertenece en suma a los símbolos de identificación y está impregnado de todo su potencial mágico y místico. La identificación tiene siempre un doble sentido: tiende a atribuir a un sujeto las virtudes y las fuerzas del ser-objeto al cual se asimila; pero tiende también a inmunizar al primero contra las posibilidades maléficas del segundo. También se verán tatuajes de animales peligrosos, como el escorpión y la serpiente, o de animales símbolos de fecundidad, como el toro, de potencia, como el león, etc. La identificación implica también un sentido de don, e incluso de consagración al ser simbólicamente representado por el tatuaje; es entonces un signo de alianza´.

Se han encontrado tatuajes en momias egipcias datadas en el 2.000 a.C. Su uso es mencionado por autores clásicos en relación con los Tracios, Griegos, Galos, antiguos Germanos y Bretones; los Romanos tatuaban a los criminales y a los esclavos. Con la llegada del Cristianismo, el tatuaje fue prohibido en Europa, pero persistió en Medio Oriente y en otras partes del mundo.

En América, muchas tribus indias acostumbraban tatuarse el cuerpo y/o la cara. La técnica más usual consistía en los simples pinchazos, pero algunas tribus de California introducían color dentro de los rasguños, y algunas tribus del Artico y Subártico, muchos esquimales, y otros pueblos de Siberia Oriental hacían punturas con agujas a través de las cuales pasaban por debajo de la piel un hilo cubierto con pigmento (usualmente hollín). En la Polinesia, Micronesia y partes de Malasia, el pigmento era introducido en la piel arañándola con una especie de un pequeño rastrillo.

Con pequeñas variantes encontramos cosas semejantes den Nueva Zelanda, Japón, Túnez, Borneo, los Ibos de Nigeria, los indios Chontal de México, etc.

El tatuaje fue redescubierto por los europeos cuando entraron en contacto con los indios americanos y polinesios en la época de las grandes exploraciones. La misma palabra tatuaje (tattoo) fue introducida en la lengua inglesa y en otras europeas provenientes de Tahiti, donde fue recogido por la expedición de James Cook en 1769. Indios y polinesios tatuados, y más tarde europeos tatuados en el extranjero, atrajeron mucho interés en exhibiciones, ferias y circos de Europa y Estados Unidos, durante los siglos XVIII y XIX.

Estimulados por ejemplos polinesios y japoneses, ´parlatorios´ de tatuajes, donde profesores especializados tatuaban a marineros europeos y americanos, pulularon por todas las ciudades del mundo. El primer implemento eléctrico para tatuar fue patentado en los Estados Unidos en 1891. Los Estados Unidos se convirtió en un centro de influencia en tatuajes, especialmente con la expansión de los tatuajes con motivos americanos. Los motivos nauticos, militares, patrioticos, románticos y religiosos son ahora similares en estilo y temas a través del mundo; los motivos característicos nacionales de comienzos del siglo XX han desaparecido.

Desde el siglo XX, miembros de grupos callejeros y de motociclistas frecuentemente se identifican a sí mismos por determinados tatuajes. Durante la última parte del siglo XIX, el tatuaje estuvo en boga entre hombres y mujeres en las clases altas de Inglaterra. Excepto para tipos euroamericanos y japoneses y especiales aplicaciones médicas, el tatuaje está moribundo o extinguido en muchas partes del mundo.

A veces se ponen objeciones religiosas a la práctica del tatuaje (Lev 19,28: ´No haréis incisiones en vuestra carne por los muertos; ni os haréis tatuaje. Yo, Yahveh´). El tatuaje ha estado implicado en algunos desordenes como el cáncer de piel, y en 1961 la práctica fue severamente restringida por el gobierno de la ciudad de Nueva York a causa del rol que jugó el material de tatuaje contaminado en la expansión de la hepatitis.

Desde el punto de vista moral habrá que tener en cuenta qué imágenes son las que se tatúan, con qué intención, qué implicaciones tiene para la salud, etc.

POR QUÉ DIOS PERMITE EL MAL?


¿Por qué Dios permite el mal?
El bien y el mal. Teología


La realidad del mal y del sufrimiento presentes bajo tantas formas en la vida humana, constituye para muchos la dificultad principal para aceptar la verdad de la Providencia Divina.


Por: S.S. Juan Pablo II | Fuente: Catholic.net 



Dificultades para aceptar la providencia
1. La realidad del mal y del sufrimiento presentes bajo tantas formas en la vida humana, constituye para muchos la dificultad principal para aceptar la verdad de la Providencia Divina. En algunos casos, esta dificultad asume una forma radical, cuando incluso se acusa a Dios del mal y del sufrimiento presentes en el mundo llegando hasta rechazar la verdad misma de Dios y de su existencia (esto es, hasta el ateísmo). De un modo menos radical y sin embargo inquietante, esta dificultad se expresa en tantos interrogantes críticos que el hombre plantea a Dios. La duda, la pregunta e incluso la protesta nacen de la dificultad de conciliar entre sí la verdad de la Providencia Divina, de la paterna solicitud de Dios hacia el mundo creado, y la realidad del mal y del sufrimiento experimentado en formas diversas por los hombres.

Pues bien, el sufrimiento entra de lleno en el ámbito de las cosas que Dios quiere decir a la humanidad. Ha habldo de ello «muchas veces... por ministerio de los profetas... últimamente... nos habló por su Hijo» (Heb, 1, 1). Podemos decir que la visión de la realidad del mal y del sufrimiento está presente con toda su plenitud en las páginas de la Sagrada Escritura. Podemos afirmar que la Biblia es, ante todo, un gran libro sobre el sufrimiento, que lo presenta en el contexto de la autorrevelación de Dios y en el contexto del Evangelio; o sea, de la Buena Nueva de la salvación. Por eso el único método adecuado para encontrar una respuesta al interrogante sobre el mal y el sufrimiento en el mundo es buscar en el contexto de la revelación que nos ofrece la Palabra de Dios.

Mal físico y mal moral
2. El mal es en sí mismo multiforme. Generalmente se distinguen el mal en sentido físico del mal en sentido moral. El mal moral se distingue del físico sobre todo por comportar culpabilidad, por depender de la libre voluntad del hombre y es siempre un mal de naturaleza espiritual. Se distingue del mal físico, porque este último no incluye necesariamente y de modo directo la voluntad del hombre, aunque esto no significa que no pueda estar causado también por el hombre y ser efecto de su culpa. El mal físico causado por el hombre, a veces sólo por ignorancia o falta de cautela, a veces por descuido de las precauciones oportunas o incluso por acciones inoportunas y dañosas, presenta muchas formas. Pero existen en el mundo muchos casos de mal físico que suceden independientemente del hombre. Baste recordar, por ejemplo, los desastres o calamidades naturales, al igual que todas las formas de disminución física o de enfermedades somáticas o psíquicas, de las que el hombre no es culpable.

3. El sufrimiento nace en el hombre de la experiencia de estas múltiples formas del mal. En cierto modo, el sufrimiento puede darse también en los animales, en cuanto que son seres dotados de sentidos y de relativa sensibilidad, pero en el hombre el sufrimiento alcanza la dimensión propia de las facultades espirituales que posee. Puede decirse que en el hombre se interioriza el sufrimiento, se hace consciente y se experimenta en toda la dimensión de su ser y de sus capacidades de acción y reacción, de receptividad y rechazo; es una experiencia terrible, ante la cual, especialmente cuando es sin culpa, el hombre plantea aquellos difíciles, atormentados y dramáticos interrogantes, que constituyen a veces una denuncia, otras un desafío, o un grito de rechazo de Dios y de su Providencia. Son preguntas y problemas que se pueden resumir así: ¿cómo conciliar el mal y el sufrimiento con la solicitud paterna, llena de amor, que Jesucristo atribuye a Dios en el Evangelio? ¿Cómo conciliarlo con la trascendente sabiduría del Creador? Y de una manera aún más dialéctica: ¿podemos de cara a toda la experiencia del mal que hay en el mundo, especialmente de cara al sufrimiento de los inocentes, decir que Dios no quiere el mal? Y si lo quiere, ¿cómo podemos creer que «Dios es amor», siendo así, además, que este amor no puede no ser omnipotente?

Certeza de que Dios es bueno
4. Ante estas preguntas, nosotros también como Job, sentimos qué difícil es dar una respuesta. La buscamos no en nosotros, sino, con humildad y confianza, en la Palabra de Dios. En el Antiguo Testamento encontramos ya la afirmación vibrante y significativa: «... pero la maldad no triunfa de la sabiduría. Se extiende poderosa del uno al otro extremo y lo gobierna todo con suavidad» (Sab 7, 30-8, l). Frente a las multiformes experiencias del mal y del sufrimiento en el mundo, ya el Antiguo Testamento testimoniaba el primado de la Sabiduría y de la bondad de Dios, de su Providencia Divina. Esta actitud se perfila y desarrolla en el Libro de Job, que se dedica enteramente al tema del mal y del dolor vistos como una prueba a veces tremenda para el gusto, pero superada con la certeza, laboriosamente alcanzada, de que Dios es bueno.

En este texto captamos la conciencia del límite y de la caducidad de las cosas creadas, por la cual algunas formas de «mal» físico (debidas a falta o limitación del bien) pertenecen a la propia estructura de los seres creados, que, por su misma naturaleza, son contingentes y pasajeros, y por tanto corruptibles. Sabemos además que los seres materiales están en estrecha relación de interdependencia, según lo expresa el antiguo axioma: «La muerte de uno es la vida del otro» («corruptio unius est generatio alterius»). Así pues, en cierta medida, también la muerte sirve a la vida. Esta ley concierne también al hombre como ser animal al mismo tiempo que espiritual, mortal e inmortal. A este propósito, las palabras de San Pablo descubren, sin embargo, horizontes muy amplios: «... mientras nuestro hombre exterior se corrompe, nuestro hombre interior se renueva de día en día» (2 Cor 4, 16). Y también: «Pues por la momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de gloria incalculable» (2 Cor 4, 17).

5. La afirmación de la Sagrada Escritura: «la maldad no triunfa de la Sabiduría» (Sab 7, 30) refuerza nuestra convicción de que, en el plano providencial del Creador respecto al mundo, el mal en definitiva está subordinado al bien. Además, en el contexto de la verdad integral sobre la Providencia Divina, nos ayuda a comprender mejor las dos afirmaciones: «Dios no quiere el mal como tal» y «Dios permite el mal». A propósito de la primera es oportuno recordar las palabras del Libro de la Sabiduría: «... Dios no hizo la muerte ni se goza en la pérdida de los vivientes. Pues El creó todas las cosas para la existencia» (Sab 1, 13-14). En cuanto a la permisión del mal en el orden físico, por ejemplo, de cara al hecho de que los seres materiales (entre ellos también el cuerpo humano) sean corruptibles y sufran la muerte, es necesario decir que ello pertenece a la estructura misma de estas criaturas. Por otra parte, sería difícilmente pensable, en el estado actual del mundo material, el ilimitado subsistir de todo ser corporal individual. Podemos, pues, comprender que, si «Dios no ha creado la muerte», según afirma el Libro de la Sabiduría, sin embargo la permite con miras al bien global del cosmos material.

El gran valor de la libertad
7. Pero si se trata del mal moral, esto es, del pecado y de la culpa en sus diversas formas y consecuencias, incluso en el orden físico, este mal decidida y absolutamente Dios no lo quiere. El mal moral es radicalmente contrario a la voluntad de Dios. Si este mal está presente en la historia del hombre y del mundo, y a veces de forma totalmente opresiva, si en cierto sentido tiene su propia historia, esto sólo está permitido por la Divina Providencia, porque Dios quiere que en el mundo creado haya libertad. La existencia de la libertad creada (y por consiguiente del hombre, e incluso la existencia de los espíritus puros como los ángeles, de los que hablaremos en otra ocasión) es indispensable para aquella plenitud de la creación, que responde al plan eterno de Dios (como hemos dicho ya en una de las anteriores catequesis).

La Providencia es una presencia eterna en la historia del hombre: de cada uno y de las comunidades. La historia de las naciones y de todo el género humano se desarrolla bajo el «ojo» de Dios y bajo su omnipotente acción. Si todo lo creado es «custodiado» y gobernado por la Providencia, la autoridad de Dios, llena de paternal solicitud, comporta, en relación a los seres racionales y libres, el pleno respeto a la libertad, que es expresión en el mundo creado de la imagen y semejanza con el mismo Ser divino, con la misma Libertad divina.

El respeto de la libertad creada es tan esencial que Dios permite en su Providencia incluso el pecado del hombre (y del ángel). La criatura racional, excelsa entre todas, pero siempre limitada e imperfecta, puede hacer mal uso de la libertad, la puede emplear contra Dios, su Creador. Es un tema que turba la mente humana, sobre el cual el libro del Sirácida reflexionó ya con palabras muy profundas» (Audiencia general, 21-V-1986, 7 y 8)].

Hacia la luz definitiva
A causa de aquella plenitud del bien que Dios quiere realizar en la creación, la existencia de los seres libres es para él un valor más importante y fundamental que el hecho de que aquellos seres abusen de la propia libertad contra el Creador y que, por eso, la libertad pueda llevar al mal moral. Indudablemente es grande la luz que recibimos de la razón y de la revelación en relación con el misterio de la Divina Providencia que, aun no queriendo el mal, lo tolera en vista de un bien mayor. La luz definitiva, sin embargo, sólo nos puede venir de la cruz victoriosa de Cristo. A ella dedicaremos nuestra atención en la siguiente catequesis.

Audiencia general (4-VI-1986)
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