jueves, 21 de julio de 2016

DEBEMOS ANIMARNOS A SER LÍDERES

Debemos animarnos a ser líderes
El bien que podemos hacer cuando superamos la timidez, la apatía y la indecisión, y nos esforzamos por enseñar a las gentes a pensar de modo preciso y vivir de forma creativa es impresionante.


Por: D. Alfonso López Quintás | Fuente: Universidad Complutense 





El bien que podemos hacer cuando superamos la timidez, la apatía y la indecisión, y nos esforzamos por enseñar a las gentes a pensar de modo preciso y vivir de forma creativa es impresionante. ¿"Qué puedo hacer yo, pobre de mí -piensan no pocos educadores-, ante la avalancha de una forma de manipulación sistemática y poderosa?" 

Puedes hacer -le contestaría de buen grado- una labor decisiva: ofrecer, aquí o allí, claves de interpretación de la vida. No todos pueden promulgar leyes, hablar por radio o televisión, dar clases, conferencias y cursos, pero a nadie le está vedado en su vida cotidiana encender pequeñas luces que marquen el camino a seguir.

Si se hace con cierta preparación y de forma decidida, se realiza una labor de liderazgo sumamente valiosa. Los que somos, por ejemplo, profesores y vemos que exalumnos nuestros están ya trasmitiendo a sus discípulos las claves de orientación que hemos alumbrado en sus mentes sabemos que estamos ante un tipo de fuego que consume la ignorancia, supera los prejuicios, ilumina las mentes y las abre a horizontes de madurez humana y plenitud.

Esta labor promocionante de vida humana auténtica está al alcance de todos, en una medida u otra. Llevarla a cabo es sumamente fecundo para los demás y para nosotros mismos. Constituye una fuente de satisfacción que puede liberarnos de temibles frustraciones y otorgarnos una valiosa autoestima.

Es importante que nos convenzamos de que podemos ser líderes y de que nuestro liderazgo será sin duda decisivo para muchas personas e incluso para la sociedad entera.

Tal convicción nos dará energía para prepararnos cada vez más. No hay que inhibirse por temor a no disponer de suficiente preparación. Es posible que, al principio, no dispongamos todavía de los recursos necesarios para iniciar una actividad en gran escala y orientar a jóvenes, padres y educadores. Pero podemos comenzar con un grupo de amigos o colegas a trabajar diversos materiales.

Este esfuerzo en común perfeccionará nuestro conocimiento de los contenidos, afinará nuestra sensibilidad para las cuestiones decisivas, incrementará nuestra facilidad de expresión.

A poco que perseveremos en esa tarea, nos encontraremos pronto dotados de una capacidad que antes no sospechábamos.
Hay padres y profesores que desean realizar una labor educativa con niños y jóvenes, y lamentan no tener una mayor formación.

Tal lamentación es justa, pero se transforma en nefasta si bloquea la decisión de consagrar algún tiempo a prepararse.

ANTONIO CARRERA, EX TESTIGO DE JEHOVÁ, DENUNCIA MENTIRAS DE LA SECTA

Antonio Carrera, ex Testigo de Jehová, denuncia mentiras de la secta
Fue testigo de Jehová durante 13 años, ahora su única misión es denunciar las mentiras de la secta.


Por: . | Fuente: Religion en Libertad 



Antonio Carrera es un ex testigo de Jehová de origen vasco que permaneció en esta secta durante 13 años. Autor de numerosos escritos en los que explica cuál fue su experiencia y cuáles son las grandes mentiras de esta secta, Carrera siempre pide "a Dios que nunca tengan que sufrir el desengaño que yo experimenté al descubrir la falsedad de los testigos de Jehová. Le doy gracias a Dios por su bondad y misericordia, ya que me salvó de hundirme en el ateísmo, como les suele suceder a casi todos los que abandonan la secta de La Atalaya".

Hasta los 28 años vivió como católico, pero a esa edad, movido por la curiosidad, se entregó a los Testigos de Jehová. Desde hace ya unos años, Antonio explica que de nuevo "soy católico, y deseo reparar de alguna manera el daño que hice, escribiendo para alejar a las ovejas del redil de Cristo, contra los falsos profetas llamados testigos de Jehová".

Mi desengaño como testigo de Jehová

Dentro de la organización ocupó altos cargos como dirigente: miembro del Comité de la Congregación, superintendente del campo, siervo de la escuela, organizador de asambleas y conferenciante por toda la zona norte de España: Bilbao, Durango, Munguía, Guernica, Barcelona, Éibar, San Sebastián, Irún, Pamplona, Burgos, Santander...

El mismo Carrera explica que debido a su carácter entusiasta y celo propagandístico a favor de los testigos, "visité miles de hogares predicando las falsas enseñanzas de la secta y haciendo proselitismo. Prácticamente he dedicado toda mi vida, durante los 13 años con ellos, pues solamente en concepto de predicar, empleé 3,542 horas, les vendí 570 libros, 580 folletos y 3,700 revistas. Y ¿cuántas personas he captado para la secta?" No se sabe exactamente.

¿Pero cómo llegué hasta aquí?

Para Antonio hay tres tipos de personas que ingresan en los Testigos: los que tienen muy poca formación cultural y la manipulan, los que entran buscando algún tipo de beneficio y los que, como él, entran por curiosidad. Cuando él llegó, los testigos de Jehová eran algo novedoso en España: "El primer contacto suele ser deslumbrador. Te ofrecen ingresar en un grupo en el cual -explica- todas las personas son excelentes, bondadosas y amorosas en grado máximo. Las primeras visitas a sus reuniones te aturden con tanto saludo y amabilidades; pero esto dura poco tiempo: después nadie se preocupa de uno, excepto para vigilarlo si falla a las reuniones, o si no sale con frecuencia a visitar los hogares para venderles su literatura".

El mensaje que te ofrecen es el de "la salvación por Dios y vivir eternamente en esta tierra, hecha un paraíso después del fin del mundo, que será de un día para otro, aunque lleven 100 años anunciándolo. Entonces -le describieron a Antonio-, la tierra disfrutará de paz, sin enfermedad ni cementerios, pues nadie morirá. Pero, claro, nadie podrá salvarse... a excepción de los que se hagan testigos de Jehová".

Parte de su negocio es llenar la casa de los candidatos de libros, folletos y revistas que venden con las ideas de la secta: "El lavado de cerebro que te hacen -señala este testigo de primera línea- hará que aceptes lo más disparatado, como dejar morir a un familiar antes que ponerle una transfusión de sangre. Te inculcan odio contra toda religión y gobierno. También -concluye Carrera- rompen con amistades y familiares, y esto hace que se adhieran más al grupo y se fanaticen".

Una fanatización que según explica el extestigo se imparte por medio de una reunión semanal de cinco horas, más lo que tienes que estudiar en casa, el predicar y vender sus libros... Y todo ello motivado porque el fin del mundo está cerca y sólo se salvarán los que hagan mucho trabajo a favor del grupo, tal y como señala la Biblia que ellos usan, la cual está previamente falsificada y mal interpretada.

Falsos profetas

Por todo ello, Carrera recuerda las palabras de Jesús: "Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con piel de oveja, pero por dentro son lobos voraces. Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos" (Mt 7, 15 y 24).

Ellos alardean de ser eso, de ser profetas, pero parece ser que sus profecías nunca acaban cumpliéndose, a pesar de "asegurar que ellos, los dirigentes de la secta, son iluminados por Dios, y ven la verdad con exacta armonía, que Dios les permite entender la verdad y que las páginas de su revista La Atalaya están revelada por Dios", explica el ex testigo.

La segunda venida de Cristo

Un ejemplo clásico es el de las segunda venida de Cristo. Primero creyeron que Cristo había vuelto en 1874, pero de forma invisible. Después anunciaron que para 1914 vendría en persona, corporalmente. El anuncio venía en letras mayúsculas. Textualmente: "El Segundo Advenimiento PERSONAL y Premilenario de Nuestro Señor". La palabra PERSONAL en el original aparece con mayúsculas. "Como sabemos -explica Antonio Carrera- Cristo no llegó en 1914. Pero hoy, en su literatura, enseñan que sí volvió, pero espiritualmente, de forma invisible. ¿Qué les parece? -se pregunta el extestigo. Ustedes están en el aeropuerto esperando un familiar y, tras comprobar que no llegó, alguien pretende hacerles creer que sí, que ha llegado, pero espiritualmente, y que ya no lo pueden ver. La mentira siempre se pretende tapar con otra mentira".

Otras falsas profecías

El fin del mundo también es otro tema recurrente, lo han profetizado al menos para las siguientes fechas: 1799, 1874, 1914, 1915, 1918, 1925, 1975… e, igualmente, para antes del cambio de milenio. En 1914 tenía que haber desaparecido el papado: "En 1889 profetizaron: la extinción total de esta jerarquía falsa -el Papado- próxima a la terminación del Día de la Ira... que terminará... con el año 1914. Como vemos, el Papado sigue en pie, y los profetas de La Atalaya han fallado".

Desde 1879 hasta 1912 enseñaron como verdad de Dios que los judíos sí regresarían a Palestina, y que esto sería una más de las pruebas del fin del mundo: "Desde 1932, y usando siempre a Dios como el revelador de estas "verdades" o "profecías", enseñan que no, que los judíos no serían nación en Palestina". Sin comentarios.

Ante la duda, excomunión

"La Divina Providencia tiene caminos -concluye Antonio Carrera- que los humanos no podemos conocer. Y siempre daré gracias a Dios por haber descubierto el engaño y haberme liberado de tal atadura". Su descubrimiento le provocó un inmenso vacío y estar cuatro meses enfermo. Afortunadamente con él, salieron su esposa e hijos, así como su hermano Abel, con su familia, y otros.

Todo sucedió a través de una charla amistosa con un testigo que llevaba ya muchos años en el grupo: "Me dijo que si yo pudiera leer libros antiguos de la Organización, que ya no editan, podría comprobar una multitud de cambios y errores en sus enseñanzas, las cuales, según ellos, están inspiradas por Dios". Esto le llevó a entrar en un proceso de grandes dudas, las cuales se confirmaron cuando "por casualidad cayeron en mis manos" algunos libros que databan 1918.

Cuando quiso comunicar su descubrimiento, lógicamente, no le dejaron hablar. Lo siguiente fue expulsarle y prohibir a todos los miembros hablarle, con la amenaza de ser ellos también expulsados. De hecho varios ya han sido excomulgados.

En estos momentos, Antonio Carrera concluye: "Soy católico y doy gracias a Dios por conocer y vivir en la verdad".

EL PURGATORIO ES UN INVENTO CATÓLICO?

¿El Purgatorio es un invento católico?
Hay que decir que la realidad del purgatorio se encuentra claramente expresada en la Escritura


Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE. | Fuente: TeologoResponde.org 



    Preguntas:   

He recibido repetidas críticas sobre la doctrina católica del Purgatorio como doctrina anti-bíblica.
Algunos ejemplos:
La doctrina falsa sobre un supuesto “purgatorio”, es anti-Escritural. En Hebreos 1,3 leemos “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”. Nuestros pecados ya fueron purgados; también Hebreos 9,27 dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”. En cuanto a 2Mac 12,46, quisiera recordarle que durante el período inter-testamentario entre Malaquías y Mateo aproximadamente 400 años, no hubo profeta de Dios, ni tampoco hubo profecía, Dios se mantuvo callado, así que esos libros no son en ninguna manera inspirados por Dios, al principio la Iglesia católica romana los rechazó, pero no fue sino hasta Trento donde pasaron a formar parte del canon, para sustentar esa falsa doctrina de orar por los muertos.
Quisiera decirle que he tenido dudas acerca del purgatorio. Tal vez usted me pueda informar en qué parte de la Biblia se habla del purgatorio. Tengo una amiga cristiana que dice que en ninguna parte de la Biblia se habla del purgatorio, ¿es verdad? ¿son sólo inventos?
Mi pregunta es la siguiente: muchos cultos evangélicos, cuestionan el purgatorio, porque según ellos solamente hay blanco o negro, no gris, blanco o negro, ¿cómo uno como católico puede sustentar que existe el purgatorio y no es una imaginación de católicos?

   Respuesta:   

Como puede verse en la primera objeción (no es una consulta), la persona que me envía la carta reconoce la importancia del texto del segundo libro de los Macabeos, por lo cual niega su canonicidad (o sea, su inspiración); sobre ese punto concreto reenvío al artículo sobre el canon bíblico.
NOTA DE CATHOLIC.NET: La Iglesia Católica nunca rechazó los libros deuterocanónicos, la primera traducción de San Jerónimo incluyó tan sólo los libros del Antiguo Testamento escritos en hebreo, luego incluyó los libros escritos en griego y esa Biblia con 73 libros es la Vulgata. El Concilio de Hipo, en el año 393 A.D. y los dos Concilios de Cartago, en el año 397 y 419 A.D.,  confirmaron para la Iglesia el canon Alejandrino (con 46 libros para el Antiguo Testamento)

Como algunos hermanos separados niegan la existencia del purgatorio porque entienden mal lo que la Iglesia enseña sobre el mismo, ante todo, digamos que los católicos llamamos “Purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es completamente distinta del castigo de los condenados”[1]. La existencia del mismo ha sido negada o pervertida por muchos herejes, como Basílides (s. II), Erio (s. IV), los flagelantes, albigenses, cátaros y valdenses (durante los siglos XII y XIII), los primeros protestantes (s. XVI); y hoy en día sigue siendo objeto de contestación, no sólo entre los no católicos, sino entre algunos católicos, llevados, probablemente por una falsa idea del mismo [2]. Esto no deja de tener su importancia, porque si la doctrina fue negada desde los primeros siglos, también hay que destacar que fue enseñada desde los primeros siglos.
Para los católicos, es de fe definida su existencia. Hay numerosos documentos, pero sobre todo son fundamentales las afirmaciones de los Concilios de Florencia [3] y de Trento. Este último dice en su Decreto sobre el Purgatorio (año 1563): “Habiendo la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, según la doctrina de la sagrada Escritura y de la antigua tradición de los Padres, enseñado en los sagrados concilios, y últimamente en este general de Trento, que hay Purgatorio; y que las almas detenidas en él reciben alivio con los sufragios de los fieles, y en especial con el aceptable sacrificio de la misa; manda el santo Concilio a los Obispos que cuiden con suma diligencia que la sana doctrina del Purgatorio, recibida de los santos Padres y sagrados concilios, se enseñe y predique en todas partes, y se crea y conserve por los fieles cristianos” [4].
Pero el hecho de que sea definida por el magisterio, no significa que no tenga base bíblica. Hay que decir que la realidad del purgatorio se encuentra claramente expresada en la Escritura, aunque falte la expresión purgatorio, que se adoptó con el tiempo.
Así, por ejemplo, en el Antiguo Testamento, tenemos el lugar tradicional del segundo libro de los Macabeos: cuando Judas Macabeo advierte que sus soldados caídos en combate tenían entre sus ropas algunos objetos idolátricos saqueados en el pillaje de Jamnia, envía a Jerusalén una importante suma de dinero destinada a ofrecer sacrificios por los muertos; y explica el libro: Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado (2 Mac 12,46). Tan claro es este texto que Lutero, dándose cuenta que con él se venía abajo su enseñanza de que la Biblia no habla del purgatorio, negó el carácter canónico de este libro.
En el Nuevo Testamento hay alusiones de diverso valor probativo. Las más interesantes son:
  • Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro (Mt 12,32). Esta expresión ni en el otro, deja claramente entender que hay otra clase de pecados que se perdonan, al menos, en la otra vida. Esto no puede entenderse, evidentemente, ni del cielo ni del infierno; por tanto, se postula un lugar distinto, donde este perdón pueda tener efecto. Negar esto es hacer inútiles las palabras de Cristo, como dice San Agustín: “no podría decirse con entera verdad que algunos pecados no se perdonan ni en este mundo ni en el futuro, si no hubiera otros que pudieran perdonarse, ya que no en éste, por lo menos en el otro”[5].
  • Nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el juego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el juego. Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del juego (1Co 3,10-15). Éste es lugar clásico del Nuevo Testamento que han invocado los Santos Padres y muchos teólogos para afirmar la existencia del purgatorio. Habla aquí San Pablo, de los predicadores de la iglesia de Corinto; unos prudentes que edifican a los fieles sobre el fundamento que es Cristo; otros, cuyas doctrinas no se fundamentan en Cristo. De éstos dice San Pablo que su obra perecerá, pero ellos salvarán la vida pasando, primero, por el fuego. Explica Bover: “bajo estas imágenes habla San Pablo de castigos escatológicos y temporales sufridos por faltas no graves… No serán castigos de esta vida terrena, sino castigos impuestos por Dios en el día del Señor, previo al juicio divino, que dará a cada uno según sus obras. De estas afirmaciones de San Pablo se desprende una conclusión: …después de esta vida terrena, se dan castigos temporales impuestos por faltas no graves. Los castigos escatológicos de que habla el Apóstol no son, ciertamente, el purgatorio; pero de lo que él afirma, ¿no podemos nosotros colegir lógicamente la existencia del purgatorio?”. Y luego de seguir analizando el texto, concluye el insigne exegeta: “De las afirmaciones de San Pablo, se deduce lógicamente la existencia del purgatorio”[6].
De aquí que la tradición cristiana haya sido siempre unánime al respecto, y así, por ejemplo, decía San Gregorio Magno: “Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12,31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro”[7]. San Cesáreo de Arlés escribió: “Si no damos gracias a Dios en la tribulación ni procuramos redimir los pecados con buenas obras, seremos retenidos en aquel fuego purificador, hasta que todos los pecados leves, a modo de madera, heno, paja, queden consumidos”[8]. Se podrían citar muchos otros testimonios.
La tradición también se hace testigo de esta verdad, con la piadosa práctica de ofrecer sufragios por los difuntos (evidentemente con la esperanza de que estas oraciones y sacrificios los ayuden). Como enseña el Catecismo: “Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos… Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos”[9].
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Bibliografía:
Scott Hahn (ex pastor calvinista y gran conferencista católico en la actualidad):Purgatory: Holy Fire, en: “Answering Common Objections”, CD 2, editado por St. Joseph Communications, # 5214-CD;
O’Brien, The Scriptural Proof of the Existence of Purgatory from 2 Mach, “Rev. Scienc. ecclés.”, 2 (1949), pp. 80-108.
F. de Fuenterrabía, El Purgatorio en la literatura judía precristiana, “Rev. Estudios Franciscanos” 57 (1956), pp. 5-40.
J. Le Goff, El nacimiento del Purgatorio, Taurus, Madrid 1985.
A. Piolanti, De novissimis, Roma 1950 (con abundante bibliografía en pp. 60 y ss.).
Michel, Purgatoire, “Dictionnaire de Théologie Catholique”.
Bernard, Purgatoire, en: “Dictionnaire de Apologetique”.
A. Piolanti, La Comunione dei Santi e la Vita eterna, Florencia 1957.
[1] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1031.
[2] Sobre la existencia y naturaleza del Purgatorio me he ocupado en mi libro El teólogo responde, Volumen 1, Ediciones del Verbo Encarnado, San Rafael 2001, pp. 191-201.
[3] Cf. DS, 1304.
[4] Cf. DS, 1820; cf. 1850.
[5] San Agustín, De civitate Dei, 1. 21, c. 24, n. 2.
[6]    Bover, Teología de San Pablo, B.A.C., Madrid 1952, pp. 895-896.
[7] San Gregorio Magno, Dialogi 4,29; citado en el Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1031.
[8] San Cesáreo de Arlés, Serm. 104,2; ML 39,1946.
[9] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1032. Y cita el Catecismo las palabras de San Juan Crisóstomo: “Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre, ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos” (San Juan Crisóstomo, Homiliae inprimam ad Corinthios, 41, 5; PG 61, 361C). También exige la existencia de un lugar ultraterreno de purificación la misma razón humana iluminada por la fe; pero como en esta consulta solamente se negaba el fundamento bíblico del purgatorio, me limito a citar el siguiente argumento de Tomás de Aquino al escribir: “De los argumentos que hemos expuesto más arriba puede deducirse fácilmente la existencia del purgatorio. Porque, si es verdad que la contrición borra los pecados, no quita del todo el reato de pena que por ellos se debe; ni tampoco se perdonan siempre los pecados veniales aunque desaparezcan los mortales. Ahora bien, la justicia de Dios exige que una pena proporcionada restablezca el orden perturbado por el pecado. Por tanto, hay que concluir que todo aquel que muera contrito y absuelto de sus pecados, pero sin haber satisfecho plenamente por ellos a la divina justicia, debe ser castigado en la otra vida. Negar el purgatorio es, pues, blasfemar contra la justicia divina. Es, pues, un error, y un error contra la fe. Por eso San Gregorio Niseno afirma: ‘Nosotros lo afirmamos y creemos como verdad dogmática’” (Tomás de Aquino, Suma TeológicaSupplementum, Appendix, Quaestio de Purgatorio, a. 1.)
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