martes, 26 de julio de 2016

FALTAR A MISA UN DOMINGO ES PECADO MORTAL Y CASI NADIE LO RECUERDA

Faltar a Misa un domingo es pecado mortal (y casi nadie lo recuerda)
Es una terrible realidad que abarca a las conciencias de una arrolladora mayoría


Por: Padre Santiago Gonzalez | Fuente: adelantelafe.com / steresita.com 



La frase que intitula este artículo puede sonar a “sorpresa” para muchos bautizados ya que, en realidad, en muy pocos púlpitos y catequesis se recuerda. Pero es verdad que se comete un pecado mortal (no venial) si se falta a Misa un domingo o día de precepto siempre que no haya enfermedad, imposibilidad física real o cuidado de un enfermo, tal como enseña en catecismo en su punto 2181. Pero ha de recordarse también, en estos tiempos de confusión y relativismo, que este punto de nuestro catecismo está avalado en la ley de la Iglesia Católica cuyo mandato primero dice “Oír Misa entera todos los domingos y fiestas de guardar” que a su vez se avala por la misma ley Divina ya que el tercer madato de dicha ley es “Santificarás las fiestas”. Y, aún más, este precepto eclesial se justifica sobre todo en el primer mandamiento de la ley de Dios “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, ya que quien sea capaz de faltar a Misa por no restar un poco de tiempo a su ocio o, sencillamente, por no contrariar a otras personas, demuestra con creces que está a años luz de amar a Dios sobre todas las cosas.
Pero en este artículo yo deseo tocar una cuestión muy concreta: el masivo abandono de la Misa dominical se debe, sobre todo, a que desde un principio (catequesis de primera comunión), la inmensa mayoría de los niños/as NO saben que faltar a Misa en domingo es pecado mortal. De hecho la terrible realidad es más amplia: la mayoría de los niños no saben ni siquiera que es pecado. Luego cuando son adolescentes, y van a recibir la confirmación, la inmensa mayoría tras recibirla no vienen a Misa el domingo siguiente porque siguen sin saber que faltar a Misa es pecado mortal. Y hay efectos todavía peores: ya es muy extendida la costumbre sacrílega de faltar a Misa los domingos y luego, cuando hay ocasión extraordinaria de ir a Misa (en funeral, boda, primera comunión…) se asiste y se comulga sin haberse confesado, y sin propósito alguno de volver a la práctica dominical regular. Esto es así: un hecho indiscutible y a la vez tremendo.
Y la causa, vuelvo a repetirlo, es que no se predica de forma concreta este aspecto. Si: la doctrina está ahí, escrita, en el catecismo (punto 2181), pero, ¿de que sirve que la doctrina no se toque si casi nadie la conoce porque casi nadie en la Iglesia la predica o enseña?; y, lo que es aún peor: en realidad en muchas comunidades SI se predica sobre esto pero para decir lo contrario: que faltar a Misa en domingo NO es pecado mortal. Esta barbaridad se enseña en no pocos colegios “religiosos”, parroquias, facultades de teología y lugares similares de “formación”. Y, mientras tanto, generaciones y más generaciones de bautizados crecen en la ignorancia y la indiferencia. Si algún lector cree que exagero, ¿porqué no preguntan?…..si, pregunten a niños de su barrio, de su colegio,de su parroquia…..niños que ya han hecho la primera comunión y que, una vez celebrada la fiesta, sus padres ya no los traen más a Misa los domingos. Es una terrible realidad que abarca a las conciencias de una arrolladora mayoría.
Y, ante esto, los sacerdotes y catequistas que tocamos las conciencias de los fieles para recordarles que es pecado mortal faltar a Misa, ciertamente, nos sentimos muy poco apoyados por nuestros superiores. Pienso que ¡cuanto bien harían cartas pastorales CLARAS en este punto por parte de los Obispos, y hasta por parte del Papa!…….nos servirían para no parecer “guerreros del antifaz” que luchamos contra todos los elementos contrarios (tanto externos como internos de la Iglesia). Desde estas líneas, si algún Obispo me leyera, hago un ruego muy especial en esta dirección: una carta, sólo una carta firmada por un Prelado donde se recuerde a los fieles que es pecado mortal faltar a Misa un domingo o día de precepto. Dicho con claridad, concreción y sin ambigüedades. Todos estamos acostumbrados, si, a mensajes del tipo:
  • El domingo es el día del Señor
  • La familia unida en oración en domingos
  • La necesidad de orar en tiempo de descanso
  • El bien grande que recibimos al ir a Misa………..etc
Pues se hace URGENTE leer, firmado por un Obispo: “Faltar a Misa es Pecado Mortal”. Y punto.

SUS OJOS SE POSARON SOBRE UN CRISTO EN LA CRUZ, ALLÍ INICIÓ SU CAMINO A LA FE - TESTIMONIO

Sus ojos se posaron sobre un Cristo en la cruz, allí inició su camino a la fe
Educada sin fe, herida por el aborto, sufría sin paz... la terapia no bastaba, la salvó el perdón de Dios


Por: L’1visible | Fuente: Religion en Libertad // PortaLuz.org 



Marie, francesa, nació y creció en una familia laicista de París: hablar de religión en su hogar era “tabú e incluso ridículo”. Con una vida sexual promiscua, a los 20 años se practicó un aborto, sin sentir remordimiento alguno. Pero años después afloraría esta herida espiritual y sólo el encuentro con Cristo y la fe le daría sanación, perdón, paz y consuelo. Lo cuenta en la revista francesa L’1visible (junio 2016). 

Muy lejos de Dios y la fe
“Durante los primeros veinte años de mi vida, no me preguntaba sobre la existencia de Dios. Las iglesias me interesaban desde un punto de vista arquitectónico, nada más.Podría decirse que Dios era para mí casi una mala palabra en la boca”, cuenta Marie en su testimonio en primera persona.

En su casa no se hablaba de religión y ni ella ni su hermano fueron bautizados. 

A los 20 años llevaba una vida sexual intensa, sin compromisos. Y quedó embarazada.

No sintió angustia, dice, cuando decidió abortar a su bebé. “A los 20 años aborté, por comodidad, por los estudios, por la inmadurez de mi familia, por el deseo de ‘disfrutar’ mi juventud”.

Marie recuerda haberse convencido a sí misma que si era madre con 20 años, para sus padres habría sido como caer al suelo desde las nubes. Tampoco en la clínica los ‘profesionales’ le aconsejaron alguna otra alternativa que no fuera el aborto.

“Lo único que me dijeron fue: «Ya tendrás tiempo después para hacer uno de nuevo»”."Muy bien, muy bien, hagámoslo, fue mi respuesta", relata Marie. Así optó por el aborto que mató a su primer hijo.
 
Los cinco años siguientes Marie los vivió incluso con alegría, recuerda, sin sentir culpa ni dolor por su decisión. 


Buscando el hijo que no llega
A los 25 años se casó. Ella y su esposo intentaron entonces tener un hijo. Quedó embarazada, pero ella notaba que se sentía emocionalmente “incómoda”. Después, tras dos meses y medio de embarazo, padeció un aborto espontáneo.

"Mi cuerpo trataba de decirme algo, pero yo no era capaz de comprender. Unos meses después volví a quedarme embarazada, pero ocurrió lo mismo, un nuevo aborto involuntario”.

Marie comenzó a sufrir períodos de insomnio. Cuando podía conciliar el sueño tenía pesadillas con fuertes sensaciones de culpa y miedos inexplicables.

“Finalmente logré entender la fuente de mi malestar. No podía soportar el aborto que yo me hice. ¡Esta es una carga muy pesada de llevar para una mujer joven que quiere convertirse en una madre!”


Terapia: luto por los bebés perdidos
Comprendió que debía enfrentar lo que vivía y comenzó a participar del programa de acompañamiento para madres en luto de Agapa, una asociación que ofrece este servicio.

“Durante un año, necesité un hombro para ayudarme a curar esa herida. Al final del curso, fui mejorando. Pero me faltaba algo esencial que no lograba encontrar”.


El funeral y la cruz que acoge
El año 2012 fallecía el abuelo del esposo de Marie. Tuvieron que ir a la iglesia al funeral. En ese templo, en medio de esa celebración que en un comienzo creyó que sería sólo algo social, sus ojos se posaron sobre un Cristo en la cruz.

Aquel Cristo, aquella cruz, le llamaron de alguna manera misteriosa.

Me sentí atraída, sentí su cálida acogida. Yo me dije en ese instante: «Aquí, puede estar aquello que estaba buscando». Dos días después empecé mi catecumenado”.

Los dos años siguientes Marie comenzó a leer y estudiar regularmente la Sagrada Escritura, a disfrutar estando en misa, hablando con su catequista y otros catecúmenos de distintas edades -cuestión que le sorprendía-, que como ella habían pedido ser preparados para el bautismo.

Su esposo, que era católico, se mostraba feliz. Él había rezado por ella. 

Fui bautizada en la Pascua de 2014, a la edad de 28 años. ¡Por fin había encontrado lo que necesitaba para sanar mi aborto: el perdón de Dios!"

"Miré este perdón y lo recibí. Le presenté mi carga, me sentí liberada por primera vez en muchos años. Perdonarse a uno misma sigue siendo lo más difícil. Mientras tanto, mi marido comenzó un viaje hacia la Confirmación. Juntos nos confirmamos en Pentecostés que siguió a mi bautismo. A pesar de que mi fe no es como una línea recta, nunca podría volver atrás. ¡Es demasiado bueno saberse amada por toda la eternidad!”
(El testimonio en L’1visible ha sido traducido y adaptado al español en Portaluz )
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