jueves, 1 de septiembre de 2016

LA VIDA SIEMPRE ES UN BIEN

La vida siempre es un bien
La diferencia entre salud y vida se torna elocuente cuando la referimos al calificativo moral por excelencia: el “bien” 


Por: Juan José Pérez-Soba Diez del Corral | Fuente: bioeticaweb 



La diferencia entre salud y vida se torna elocuente cuando la referimos al calificativo moral por excelencia: el “bien”. En este marco la valoración moral de la vida que procede de la tradición cristiana comienza con una afirmación fuerte que podría parecer excesiva: “la vida siempre es un bien” (12) ; pero que se corresponde inseparablemente con el juicio moral consecuente: cualquier atentado contra la misma es siempre un mal. Lo que se expresa por medio de un imperativo absoluto: “¡No matarás!” (13) Para poder comprender en todo su alcance la afirmación del bien de la vida, hay que ir más allá de cualquier contenido inmediato de la experiencia. Experimentamos de qué forma el mal afecta nuestra vida débil y tantas veces en una condición miserable. Calificamos muchas circunstancias de “mala vida” o de “vivir mal”. No es sencillo conjugar estos hechos tan evidentes con la tajante afirmación anterior.

Por eso, comprender el valor moral de la vida humana exige una perspectiva que toma la “vida” no como el modo de “sentir que vivimos” que puede estar envuelta en males de todo tipo, y llega a considerar la muerte una liberación (14) ; es necesario llegar a considerar la “vida” como un todo, esto es, con un significado moral (15) , que es el propio de cualquier acto humano en cuanto hace mejor al agente. No se trata por consiguiente de una abstracción, más bien es el sentido más genuino de “vida humana”, que difiere desde luego del mero hecho de vivir, de la vida física.

Es la distinción básica a la que hace referencia el conocido aforismo de Juvenal: “Summum crede nefas animam praeferre pudori et propter vitam vivendi perdere causas”(16) . Para un hombre, vivir consiste en encontrar el sentido de su existencia. La “causa para vivir” de la que nos habla el filósofo estoico, no puede ser nunca una cuestión de hecho, un simple “bienestar”, y remite así a una trascendencia que vincula al hombre a una realidad por la cual vivir.

El hombre no puede sino experimentar su vida como llena de un sentido moral que le es propio. Es así como se puede valorar siempre como un bien, no por su valor biológico, ni por el sentimiento subjetivo, sino por la existencia siempre de un sentido para vivir que no puede ser arbitrario ni débil. El hecho que se pueda decir que esta valoración es incondicional, que vale siempre, es porque se aprecia que este sentido no es electivo. Si dependiera de la opción humana es evidente que en muchos casos el hombre, por las razones más variadas, podría elegir que su vida no tendría sentido, cayendo así en un grave error moral.

En la tradición cristiana se defiende esta prioridad del sentido dentro de una lógica propia que parece en todo punto unida a la realidad de vivir, pero que, por la amplitud de sus implicaciones, en la actualidad se ve tantas veces oscurecida. Se trata de considerar la vida como un don (17) . Es aquí donde el sentido de vivir se descubre no en una hipótesis en la que “arriesgar la vida”, sino en un origen que es la promesa de un destino. Es descubrir un orden que nos precede y del cual nuestra vida forma parte. El sentido de vivir requiere una respuesta por parte del hombre, pero no se identifica con ella.

Aun en la máxima debilidad el don inicial permanece y el sentido no ha desaparecido, sino que sigue exigiendo un reconocimiento. Por la misma estructura básica del don, no se puede considerar de ningún modo la vida como dominada por un destino impersonal, o determinada por el desarrollo de una naturaleza en evolución, sino como la manifestación real de la voluntad amorosa de un donante originario (18) .

Desde esta perspectiva, se comprende en todo caso que cualquier sentido de vivir está íntimamente vinculado a la relación de amor con otra persona. Vivir resulta al fin y al cabo en un “vivir para” que impide un encerramiento en un simple hecho biológico. Cualquier consideración del carácter existencial de la vida humana requiere siempre la implicación de la libertad personal, el consentimiento a una llamada que pasa a constituir la intencionalidad fundamental de una vida. De esta forma, podemos reformular la afirmación de un inicio “la vida siempre es un bien”, con otra que expresa de modo más completo la dinámica que la sostiene: “se puede comprender y llevar a cabo el sentido más verdadero y profundo de la vida: ser un don que se realiza al darse.” (19)

La vida es “siempre un bien” en la medida en que nace de un don y tiende a un don de sí. Contiene por tanto una intención personal que precede a la persona humana y la abre a la necesidad de un sentido por el que entregar la vida. Por tal razón, se puede calificar la vida humana como sagrada 20 y en consecuencia inviolable: no por ella misma, como el hecho físico de ser un individuo concreto de la naturaleza humana, sino por su origen –un acto de amor de Dios- y su destino envuelto en un misterio de unión con Dios que se nos revela en definitiva como una llamada a la eternidad (21) .


Notas

12. JUAN PABLO II, C.Enc. Evangelium vitae, n. 31.
13. Ex 20,13; Dt 5,17. JUAN PABLO II, C.Enc. Evangelium vitae, nn. 53-55.
14. Cfr. Ap 9,6: “Los hombres buscarán en aquellos días la muerte, y no la hallarán, y desearán morir, y la muerte huirá de ellos.”
15. Cfr. MELINA L., Vita, en TANZELLA-NITTI G. STRUMIA A. (eds.), Dizionario interdisciplinare di Scienza e Fede, Roma: Urbaniana University Press-Città Nuova, 2002: 1519-1529.
16. JUVENAL D.G., Satirarum libri, VIII, 83 s. Está citada en: KANT I., Kritik der praktische Vernunft, KGS, V, A 283.
17. Para profundizar en la lógica que lo sostiene, me permito remitirme a: PÉREZ-SOBA DIEZ DEL CORRAL J.J., La vita personale: fra il dono e la donazione, en MELINA L., SGRECCIA E., KAMPOWSKI S. (a cura di), Lo splendore della vita: Vangelo scienza ed etica. Prospettive della bioetica a dieci anni da Evangelium vitae, Città del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 2006: 127-141.
18. Reflexiona sobre ello: STYCZEŃ T., Vivere significa ringraziare. Gratias ago, ergo sum. La cultura della vita come cultura del ringraziamento, en: ID., Comprendere l’uomo, Roma: Lateran University Press, 2005: 273-298.
19. JUAN PABLO II, C.Enc. Evangelium vitae, n. 49. Sobre el sentido sobrenatural de ese don unido a una intelección profunda de la creación y la naturaleza: cfr. DE LUBAC H., Petite catéchèse sur nature et grâce, Paris: Communio-Fayard, 1980: 18-25.
20. Ibid., n. 53.
21. Se trata del concepto de “vida eterna” como iluminación del sentido de la vida: cfr. BENEDICTO XVI, C.Enc. Spe salvi, nn. 10-12. También: MELINA L., Corso di Bioetica. Il Vangelo della vita, Milano: Piemme, 1996: 90: “La finalità propria della redenzione è la «vita eterna» (zwh,), che però santifica e rende inviolabile anche la dimensione biologica (bi,oj), senza che ne derivi una identificazione («senza confusione e senza separazione»).”

SE ANULA EL MATRIMONIO HOMOSEXUAL

Se anula el matrimonio Homosexual.
El dictamen fue fundado en un sinfín de considerandos filosóficos y antropológicos basado en el orden natural, el sentido común, informes científicos y por supuesto, en el derecho positivo. 






Se anula el matrimonio Homosexual.
Por unanimidad, el tribunal de Derechos Humanos más importante del mundo estableció textualmente que “no existe el derecho al matrimonio homosexual”.
Estrasburgo, Francia. 15 de julio de 2016.- Los 47 jueces, de los 47 países del Consejo de Europa, que integran el pleno del Tribunal de Estrasburgo (el tribunal de Derechos Humanos más importante del mundo), han dictado una sentencia de enorme relevancia, la cual fue y es sorprendentemente silenciada por el progresismo informativo y su zona de influencia.
En efecto, por unanimidad, todos los 47 jueces, han aprobado la sentencia que establece textualmente que “no existe el derecho al matrimonio homosexual”.
El dictamen fue fundado en un sinfín de considerandos filosóficos y antropológicos basado en el orden natural, el sentido común, informes científicos y por supuesto, en el derecho positivo. 
Dentro de esto último fundamentalmente la sentencia se basó en el Artículo No. 12 del Convenio Europeo de   Humanos. Dicho Artículo equivale a los Artículos de los tratados sobre derechos humanos, tal el caso del 17 del Pacto de San José y al No. 23 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
En la histórica y nada difundida resolución, también ha dicho el Tribunal que la noción de familia no sólo contempla “el concepto tradicional del matrimonio, a saber, la unión de un hombre y de una mujer” sino que no se debe imponer a los gobiernos la “obligación de abrir el matrimonio a las personas del mismo sexo”.
En cuanto al principio de no discriminación, el Tribunal también añadió que no hay tal discriminación dado que “los Estados son libres de reservar el matrimonio únicamente a parejas heterosexuales”.
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