domingo, 11 de septiembre de 2016

HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA, COMO EN EL CIELO

Hágase Tu Voluntad en la tierra, como en el cielo
Dios y Personajes Biblia

¿Cuántas veces al día nos miramos a nosotros mismos desde los ojos de Dios?. 


Por: Oscar Schmidt | Fuente: www.reinadelcielo.org 



¿Cuántas veces hemos rezado “hágase Tu Voluntad, así en la tierra, como en el Cielo”?. ¿Y hemos realmente entendido el profundo sentido de esta oración hecha por Jesús, Dios hecho Hombre, a Su Padre?.

Quizás hemos escuchado alguna vez que el crecimiento espiritual verdadero pasa por borrar nuestro ego, llegar a la muerte de nuestro yo, vencer a nuestra propia voluntad, reemplazándola por nuestra total entrega a la Voluntad de Dios. Ser instrumentos de Dios en la tierra implica vencer a nuestro propio interés, haciendo que nuestros pensamientos y nuestras acciones estén totalmente inspiradas por la Voluntad Divina, por el deseo de obrar en beneficio del interés de Dios, ya no el nuestro. Sin dudas que esto implica dejar atrás todos los apegos que tenemos al mundo, ya que por allí pasa toda la manifestación de nuestro interés personal.

Cuando uno llega a entender que sólo Dios cuenta, entiende que ni siquiera los afectos más profundos por nuestros seres queridos, pueden ser interpuestos a la realización de la Voluntad de Dios. ¿Por qué?. Porque solo Dios Es, solo Dios cuenta. Todo lo demás debe ser puesto a Su entera disposición, a Su Voluntad, uniendo nuestro querer al querer de Dios, haciendo que nuestro interés personal sea reemplazado por el interés de Dios.

¿Cuántas veces al día nos miramos a nosotros mismos desde los ojos de Dios?. ¿Entendemos que somos hijos, de entera Realeza, del mismo Dios?. Si actuamos haciendo honor a nuestro origen Real, somos verdaderos instrumentos de nuestro Creador, somos una manifestación de Él en la tierra.

Por eso, cuando recemos “hágase Tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo”, entendamos que estamos invitando a nuestro propio interés a desvanecerse, para poder nadar a pleno en el Divino Querer del mismo Dios, para compartir con Él Su Realeza, para ser parte de Su Reino, al unirnos plenamente a Su Voluntad, así en la tierra como en el Cielo.

EL SÁBADO O EL DOMINGO? LA OBSERVANCIA DOMINICAL

¿El sábado o el domingo?
En la primitiva Iglesia se empezó a usar como día de culto el primer día de la semana (nuestro Domingo)


Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE | Fuente: TeologoResponde.org 



Algunas de las consultas al respecto:
El motivo de que le escriba es porque últimamente he estado leyendo la Biblia con una amiga y su familia, pero ellos pertenecen a la (religión) Adventista. Yo me he confundido, pues ellos dicen es la religión verdadera porque siguen los mandamientos de Dios, de los cuales mencionaré uno: Guardan sábados, pues en la misma Biblia dice que el sábado fue santificado y bendecido por Dios; y no sé por qué la católica guarda los domingos
Otro:
Agradeceré si me pueden responder ante una duda que no logro canalizar por los carriles adecuados: En el Éxodo 20,8-10 dice: “Acuérdate del día sábado para santificarlo. Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas; pero el séptimo día de descanso en honor del Señor, tu Dios, en él no harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo Pregunto: ¿por qué el catolicismo modificó este día (del sábado al domingo)? ¿En qué época fue? ¿Quién/quiénes lo llevaron a cabo? Agradeceré alguna explicación o algún texto específico sobre este tema.
Respuesta:


El tema de la observancia “dominical” (descanso del día domingo) entre los católicos (y muchos cristianos no católicos), ha sido objeto de críticas y ataques por parte de algunas sectas, en particular los Adventistas del Séptimo Día, quienes hacen fuerza en la observancia del descanso sabático.
Al respecto también he recibido otro tipo de consultas, de las que quiero destacar sólo una por el sofisma que encierra; en efecto, me escribía un lector:
“¿Puede usted decirme, sin usar patrística, dónde aparece en las Sagradas Escrituras la palabra ‘día de la Resurrección’ o (domingo)? Si usted lo hace, bíblicamente, vuelvo a la Iglesia de Roma”.
Esta persona jamás podrá volver a la Iglesia católica por esta vía; si opone la Tradición (patrística, en sus palabras, aunque no se reduce en realidad a los escritos de los Padres de la Iglesia) a la Sagrada Escritura, ni siquiera tiene sentido probar bíblicamente cualquier verdad cristiana, salvo por curiosidad histórica, puesto que del hecho de que algo esté contenido en la Biblia no se sigue que sea revelado por Dios; para probar esto hace falta el paso fundamental: probar que la Biblia es Palabra de Dios y para este paso ¡hace falta la garantía de la Iglesia con su tradición y magisterio! Y si la Tradición puede probar que la Biblia es Palabra de Dios, al mismo tiempo demuestra su autoridad para determinar la interpretación de determinadas afirmaciones bíblicas o usos bíblicos y sus cambios litúrgicos posteriores. Perdonen los lectores (si este escrito tiene alguno) la reiteración de estos conceptos, pero son claves para no dejarnos engañar.
Para responder a esta cuestión del descanso sabático hebreo y la posterior práctica cristiana del descanso dominical, quiero dejar sentado una verdad de constatación muy simple, pero que es dejada de lado por los acérrimos defensores del estricto descanso sabático (y por el mismo motivo de que esto es dejado de lado, siendo tan notorio, me animo a pensar con un poco de malicia, que la defensa del sábado no es sino una excusa para atacar a la Iglesia católica golpeando una de sus prácticas religiosas): se trata del hecho de que son muchos más que el sábado los mandatos de Dios del Antiguo Testamento que no practicaron los primeros cristianos y que fueron reemplazados por otros ritos. Por ejemplo, la circuncisión (del latín circumcido, “corto alrededor”; en hebreo müláh; es la ablación total o parcial del prepucio en los varones, y el corte del clítoris en las mujeres) prescrita por Dios a Abraham y a toda su descendencia masculina -entre los hebreos es desconocida la circuncisión femenina, practicada en cambio en otros pueblos- como puede leerse en Gn 17,10-14: Ésta es mi alianza que habéis de guardar entre yo y vosotros y también tu posteridad: Todos vuestros varones serán circuncidados. Os circuncidaréis la carne del prepucio, y eso será la señal de la alianza entre yo y vosotros. Este rito tuvo una importancia fundamental para el pueblo judío, al punto tal que “el sábado y la circuncisión fueron los dos principales distintivos del judaísmo durante la cautividad de Babilonia y la época helénico-romana, cuando la circuncisión se convirtió en argumento de escarnio por parte de los paganos”[1]. Si tomamos las palabras de Dios en este texto, el precepto no parecería destinado a prescribir y fue practicada en el mismo Juan Bautista y en Jesús (cf. Lc 1,58 ss; 2,21 ss), y sin embargo el Concilio de Jerusalén fue terminante en no obligar a los convertidos de la gentilidad (cf. Hch 15,1 y ss), y San Pablo en varias ocasiones demostró la inutilidad del rito después de la muerte redentora de Cristo (cf. Gal 5,2; 6,12; Col 2,11). A partir de entonces, se entiende la circuncisión verdadera como la circuncisión espiritual, la liberación del pecado y la sumisión a Dios (cf. Ro 2,28; Col 2,11). Hay que señalar que, a pesar de estos testimonios apostólicos, los judeocristianos siguieron practicándola y para no desairarlos los apóstoles en algunas ocasiones se conformaron con este uso (cf. Hch 16,3). Lo mismo se diga de las prácticas religiosas judías (fiestas religiosas como la Pascua Judía, los Tabernáculos, sacrificios de animales, oblaciones, etc.). Por tanto, el cambio del descanso sabático no es un hecho aislado o único en los cambios introducidos por los primeros cristianos.
Es muy importante señalar que los apóstoles, en la discusión sobre la circuncisión de los gentiles (cf. Hch 15,1 y ss), no hablan de una nueva revelación de Dios sino que deducen la no obligatoriedad de la intención profunda de Dios en la vocación de los gentiles; igualmente San Pablo en sus cartas, no aduce una nueva revelación de Dios sino que él ve cumplido en la Redención obrada por Cristo lo que aquél rito significaba, por eso lo ve transportado espiritualmente a otros símbolos, como el bautismo y la fe. Es cierto que de estos ejemplos que estoy dando, la misma Escritura da testimonio (es decir, de la caducidad de este rito concreto) y alguno podrá decir que esto sí está revelado por Dios en la Biblia. Pero en esto la Biblia no hace más que darnos el ejemplo de la actitud que tomaron los apóstoles para “entender” el designio divino. Y cuidado con extremar este argumento, pues deberían concluir que a sus conversos provenientes del judaísmo deberían circuncidarlos, pues la Biblia dice que Pablo hizo esto con Timoteo para evitar discusiones con los demás judíos (cf. Hch 16,3).
Históricamente hablando, los primeros cristianos siguieron en un principio observando el sábado y aprovechaban las reuniones sabáticas para anunciar el Evangelio en el ambiente judío (cf. Hch 13,14). Sin embargo, al poco tiempo, en la primitiva Iglesia se empezó a usar como día de culto el primer día de la semana (nuestro Domingo). Y tenemos testimonio de esto en los mismos escritos bíblicos (¡esto va para el que me pedía un testimonio bíblico!): El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para partir el pan… (Hch 20,7). Entre los primeros cristianos no era llamado “domingo” todavía. El “Partir el pan” del que habla aquí Lucas, designaba entre los primeros cristianos la celebración de la Eucaristía. Es, entonces, muy claro que los primeros cristianos tenían su reunión litúrgica -la Santa Misa- en el día Domingo, tal como se hace hoy. En 1Co 16,2 recomienda Pablo a los corintios que depositen “el día primero de la semana” su contribución a la colecta para Jerusalén; el pasaje parece atribuir a este día una importancia especial en la vida litúrgica de la ciudad. La primera vez que aparece la expresión “día del Señor” es por obra de Juan, en el libro Apocalipsis: Sucedió que, un día del Señor, quedé bajo el poder del Espíritu Santo (Ap 1,10). Recordemos que de esta expresión “día del Señor” (no necesariamente de este texto joánico) viene nuestro término “domingo”: día del Señor, dies-domini o dominica dies. El primero que usa el término “domingo” es Justino[2]; pero hay otros escritos antiquísimos que señalan la costumbre que se tomó en los primeros tiempos, aún en vida de los apóstoles. Así, por ejemplo, la Didajé o Doctrina de los Doce Apóstoles afirma: “Reunidos cada día del Señor, romped el pan y dad gracias, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro” (este escrito, descubierto íntegro en 1875 en Constantinopla, pues se conocían antes sólo citas fragmentarias en obras de otros autores como Clemente y Orígenes, Eusebio de Cesarea, etc., es el escrito cristiano más antiguo no canónico, es decir, el más antiguo de los libros que no son aceptados por la Iglesia como inspirados por Dios y por tanto pertenecientes al canon bíblico pero de indudable ortodoxia; es anterior al año 140, pues ya es citado en esta fecha por Hermas en su Pastor?[3]). Y más explícitamente, San Ignacio de Antioquia, en su carta a los Magnesios (anterior al 107, fecha de su martirio) escribía de los conversos al cristianismo, que vivían en “la novedad de la esperanza, no guardando ya el sábado, sino viviendo según el domingo, día en que también amaneció nuestra vida por gracia del Señor y mérito de su muerte”[4].
El argumento fundamental que determinó la consagración del “primer día de la semana” como “día del Señor” (domingo), fue la resurrección de Cristo. Los cuatro evangelistas concuerdan en que la resurrección de Cristo tuvo lugar en “el primer día de la semana”, que corresponde al día que ahora llamamos Domingo. (Mt 28,1; Mc 16,2; Lc 24,1; Jn 20,1 y 19). El hecho de la resurrección de Cristo en el día Domingo,para los discípulos era altamente significativo y será desde entonces el centro de la fe cristiana. El domingo, los católicos nos reunimos para celebrar el memorial de la muerte y resurrección del Señor.
Los Adventistas del Séptimo Día y otras sectas que defienden la celebración del sábado en lugar del domingo, interpretan la Biblia no en forma literal (no hay que concederles esta expresión como muchas veces quieren, pues no son verdaderamente literales sino cuando les conviene) sino parcial, y olvidan que Jesús completó y perfeccionó el Antiguo Testamento e instituyó una Nueva Alianza. No se puede estudiar la Biblia en base a textos aislados, ya que en algunos temas, la Revelación Divina sigue en la Sagrada Escritura una evolución progresiva; y, sin seguir esa evolución en los diversos libros inspirados, es prácticamente imposible comprender el verdadero sentido de una enseñanza bíblica. Tampoco se puede entender la Escritura (¡ya lo hemos dicho tantas veces que pedimos disculpas!) sin la tradición que nace de los apóstoles[5].
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Bibliografía:
Budde, The Sabbath and the Week, “The Journal of Theological Studies” 30 (1928), pp. 1-15;
North. The Derivation of Sabbath, “Bíblica” 36 (1955), pp. 182-201;
Celada, Dos importantes investigaciones acerca de la semana y el sábado, “Sefarad” 12 (1952), PP- 31-58.
Pueden verse también los artículos “Sábado” en los distintos Diccionarios de la Biblia.
[1] Se puede ver al respecto la voz Circuncisión en el Diccionario de Spadafora, ya citado (pp. 113-115).
[2] Justino, Apología, I, 67.
[3] Se puede ver un buen estudio sobre la Didajé en: Daniel Ruíz Bueno, Padres Apostólicos, BAC, Madrid 1965, pp. 3-75.
[4] El texto está en Carta a los Magnesios, IX, 1; Se puede leer esta carta en: Padres Apostólicos, op. cit., pp. 460-467.
[5] Para quien interese, transcribo las palabras con las que Juan Pablo II explica el sentido teológico profundo de este cambio del sábado al domingo (cf. Carta Apostólica “Dies Domini”, n. 18): “Dado que el tercer mandamiento depende esencialmente del recuerdo de las obras salvíficas de Dios, los cristianos, percibiendo la originalidad del tiempo nuevo y definitivo inaugurado por Cristo, han asumido como festivo el primer día después del sábado, porque en él tuvo lugar la resurrección del Señor. En efecto, el misterio pascual de Cristo es la revelación plena del misterio de los orígenes, el vértice de la historia de la salvación y la anticipación del fin escatológico del mundo. Lo que Dios obró en la creación y lo que hizo por su pueblo en el Éxodo encontró en la muerte y resurrección de Cristo su cumplimiento, aunque la realización definitiva se descubrirá sólo en la parusía con su venida gloriosa. En él se realiza plenamente el sentido “espiritual” del sábado, como subraya san Gregorio Magno: “Nosotros consideramos como verdadero sábado la persona de nuestro Redentor, Nuestro Señor Jesucristo”. Por esto, el gozo con el que Dios contempla la creación, hecha de la nada en el primer sábado de la humanidad, está ya expresado por el gozo con el que Cristo, el domingo de Pascua, se apareció a los suyos llevándoles el don de la paz y del Espíritu (cf. Jn 20,19-23). En efecto, en el misterio pascual la condición humana y con ella toda la creación, “que gime y sufre hasta hoy los dolores de parto” (Rm 8,22), ha conocido su nuevo “éxodo” hacia la libertad de los hijos de Dios que pueden exclamar, con Cristo, “¡Ábbá, Padre!” (Rm 8,15; Ga 4,6). A la luz de este misterio, el sentido del precepto veterotestamentario sobre el día del Señor es recuperado, integrado y revelado plenamente en la gloria que brilla en el rostro de Cristo resucitado (cf. 2C0 4,6). Del “sábado” se pasa al “primer día después del sábado”; del séptimo día al primer día: el dies Domini se convierte en el dies Christi!”

IDOLATRÍA CONTEMPORÁNEA

Idolatría Contemporánea
La idolatría se manifiesta en diferentes formas, pero todo sigue siendo la manifestación de un amor desmedido hacia algo que ocupa un lugar más importante que Dios en nuestra vida


Por: Maleni Grider | Fuente: ACC – Agencia de Contenido Católico 



No tendrás otros dioses fuera de mí. No te harás estatua ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, abajo, en la tierra, y en las aguas debajo de la tierra. No te postres ante esos dioses, ni les sirvas, porque yo, Yavé, tu Dios, soy un Dios celoso.
Éxodo 20:3-5
Desde el inicio de su comunicación con el hombre, Dios manifestó su totalidad, así como el deseo de ser el único digno de adoración por parte de sus criaturas, especialmente de su pueblo –es decir, del pueblo qué Él eligió de entre las naciones–, así como de sus descendientes, o de los coherederos de la gracia a través de Jesucristo.
Diferentes del pueblo judío, las otras naciones en la antigüedad adoraban diversos dioses, estatuas hechas por ellos mismos, e ignoraban la existencia de Yavé. El mismo pueblo judío se apartaba constantemente de su Dios para ir en pos de otras prácticas, o de otros dioses, lo cual provocaba la ira del Dios de los ejércitos.
La idolatría es una tendencia humana. Desde siempre, el ser humano se ha hecho dioses falsos para adorarlos y postrarse ante ellos, sin darse a la tarea de conocer al único y verdadero Dios, creador de todo lo que existe. Todos sabemos que, por ejemplo, en la antigüedad, los romanos tenían cientos de dioses, así como los griegos y muchas otras razas o pueblos.


En la actualidad, la idolatría se manifiesta en diferentes formas, pero todo sigue siendo la manifestación de un amor desmedido hacia algo que ocupa un lugar más importante que Dios en nuestra vida. Por ejemplo: el dinero, la tecnología, las drogas (tanto las prohibidas como las socialmente aceptadas), la comida, la profesión, el trabajo, la pareja, el conocimiento, etcétera.
Los avances en el desarrollo de la ciencia y la vida humana en general han hecho que el intelectualismo se haya ido exacerbando, hasta el límite de no reconocer la existencia de un Creador. El individualismo, el humanismo (donde todo se centra en el hombre), y el intelectualismo son en la época contemporánea poderosos ídolos a los que, en muchas ocasiones aun sin tener conciencia, miles de personas rinden su vida, su devoción y sus esfuerzos.
En general, muchas personas creen profundamente que la inteligencia humana es el máximo poder sobre la tierra, y que no existe un poder superior. Los científicos, médicos, literatos, músicos, profesores, y todas aquellas personas que estudian mucho y obtienen posgrados, gozan de gran reputación en la sociedad. Se les considera individuos admirables, y se les reconoce incluso sin tomar en cuenta su calidad moral, su vida personal o su comportamiento social.
La adoración hacia las ideas, la creatividad, la genialidad, el conocimiento, la inteligencia es una realidad de la vida contemporánea. No muchas culturas adoran hoy piedras o estatuas, pero en forma masiva, en grandes ciudades, la idolatría es hacia la tecnología, el intelectualismo y la ciencia.
En todo caso, la misma idolatría es una postura alejada de la voluntad de Dios, quien espera de nosotros una verdadera adoración: “Escucha, Israel: Yavé, nuestro Dios, es Yavé-único. Y tú amarás a Yavé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”. (Deuteronomio 6:4-5) No hay en la tierra nada que pueda sustituir la llenura del amor de Dios. “En el corazón de todo hombre existe un vacío que tiene la forma de Dios. Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada. Éste puede ser llenado únicamente por Dios, hecho conocido mediante Cristo Jesús”, según Blaise Pascal.
La idolatría es el intento inútil por llenar ese vacío. Es también la tendencia a satisfacer nuestros propios deseos, olvidando a Dios. Sólo el amor de Jesús en nuestro corazón, y el otorgarle el trono de nuestra vida como Señor y Salvador, nos dará la plenitud y la paz que buscamos. Es en su presencia donde encontramos la razón verdadera para nuestra adoración.

CADENAS DE ORACIÓN O CADENAS DE SUPERSTICIÓN?

¿Cadenas de oración o cadenas de superstición?
Las oraciones utilizadas en mensajes en cadena, pueden convertirse en ocasión de pecado si se agregan ciertos elementos "mágicos".


Por: Qriswell J. Quero | Fuente: PildorasDeFe.net // Catholic Say 



Mientras estaba preparándome para la confesión, se me ocurrió leer un folleto para el examen de conciencia. Una de las preguntas, en el marco del primer mandamiento, era si uno había tenido algo que ver con las prácticas supersticiosas como oraciones en cadena, la adivinación, la ouija, etc. Recibo algunos correos electrónicos con hermosas oraciones que piden al destinatario que los hagan un reenvío del mismo.¿Estaría atentando contra el primer mandamiento?
Respuesta:
No hay nada malo en recibir de e-mails, textos e imágenes con hermosas oraciones, ni mucho menos retransmitir oraciones o reflexiones que nos hayan parecido muy buenas o con alto contenido de crecimiento espiritual. Solo hay que estar muy alertas en estos casos y saber discernir, porque muchas oraciones que recibimos, tanto por correo electrónico así como por las redes sociales, no son tan inofensivas como parecen.
Algunas oraciones en cadena pueden contener cierto lenguaje supersticioso, y esto podemos apreciarlo cuando notamos que estas sugieren al destinatario que la supuesta "bendición prometida" sólo la podrás recibir si se transmite el mensaje o se hacen cientos de copias, por ejemplo:
  • "...debes enviarla a 50 personas para que se te haga realidad tu deseo",
  • "...debes imprimir 1.000 copias y entregarlas en la misa para que..." 
  • "...sino reenvías este mensaje en los siguientes 5 minutos, algo malo puede pasar..."
  • "...publica esta imagen y recibirás un milagro...", etc...
Las personas con una conciencia débil o que no posean una fe muy sólida, podrían caer en este tipo de superstición, por eso es importante estar alertas con este tipo de cadenas.
El Catecismo de la Iglesia Católica nos advierte lo siguiente:


"Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición (cf Mt 23, 16-22)." (CIC 2111)
Por lo tanto, las oraciones utilizadas en mensajes en cadenas, si pueden llegar convertirse en una ocasión de pecado si se agregan ciertos elementos "mágicos".
No solo comete la falta aquel que cree en ellas, también lo hace el que la envia si este tiene el conocimiento de que está mal. Al colocar a las otras personas en ocasión de pecado, estarías tu mismo cometiendo una grave falta a la caridad hacia el prójimo, pues, en vez de buscar su salvación estarías propiciando una posible falta en la otra persona. (cfr 1 Corintios 8,12-13)
El Catecismo de la Iglesia Católica dice sobre el primer mandamiento:
"La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias "(CIC 2111)
Por lo tanto, tengamos cuidado de no propiciar situaciones supersticiosas y hagamos caer a nuestros hermanos en cosas no agradable a Dios. Recordemos que una cadena de oración bien hecha es una manera de compartir pedidos y compromisos de oración con otras personas y es un acto de caridad hacia el prójimo si se hace con recta intención, no la utilices con otros fines ni le agregues elementos "mágicos" que nada tiene que ver con nuestra Fe.
Dios les bendiga.
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