sábado, 24 de septiembre de 2016

NECESITAMOS LA TEOLOGÍA POLÍTICA

Necesitamos la teología política
Dentro de las hegemónicas pretensiones de la tradición liberal figura la de negar que deba existir la teología política


Por: Josep Miró i Ardèvol | Fuente: ForumLibertas 



Dentro de las hegemónicas pretensiones de la tradición liberal figura la de negar que deba existir la teología política, es decir, que de la relación con Dios pueda derivarse alguna implicación para el orden colectivo, para la consecución del bien común. Es una posición insostenible desde el cristianismo, que llama también en el servicio al Señor a liberar al hombre de las estructuras de pecado. Naturalmente la cuestión fundamental es la evangelización, pero esta no funciona en un marco abstracto sino en unas condiciones concretas que son políticas; por ejemplo, la libertad religiosa, el derecho de los padres a la educación de los hijos y un larguísimo etcétera.
Pero a pesar de su error, la tesis ha hecho camino de manera que la “teología política” es un sospechoso habitual en nombre de la laicidad de la sociedad (otro error o falsedad, según se mire, porque la sociedad en su naturaleza es plural; no laica), y la separación de la Iglesia y el estado, que en lugar de ser percibida en lo que significa, su neutralidad religiosa -que no cultural-, es interpretada como la exclusión necesaria de toda idea de Dios en el espacio público. Muchos cristianos, la propia Iglesia en parte, han comprado esta idea, que ha tenido como consecuencia la depauperación del juicio cristiano sobre la vida pública.
De esta manera la teología política ha quedado como un reducto del integrismo o del tradicionalismo, por una parte, o como una interpretación viciada por su imposible incardinación con el marxismo, en algunas de las corrientes de la Teología de la Liberación, que no en todas.
Esta ausencia explica la incapacidad de entender al Islam en su generalidad, no solo a los “malos”, porque en esta concepción la vida religiosa es inextricable de la pública. De ahí que el mayor conflicto en Europa se dé en países como Francia, donde impera el laicismo como política sistemática de estado. Intentan solventar su fracaso con más laicismo y menos libertades. El primer ministro Valls encarna perfectamente esta dualidad que sólo conduce a la creación de fosos entre comunidades. Precisamente lo que pretende el Estado Islámico.
En las actuales crisis europeas, porque son múltiples y la del islamismo es una más, el cristianismo sería un factor positivo de primer orden, si retomara su papel de siempre, de ofrecer sus propuestas para la vida en común y la capacidad para servirlas, en lugar de vivir encerrado dentro de sus parroquias, y confiando todo a la solidaridad, es decir, a sacar parte del agua que entra en el bote sin ocuparse de los agujeros.
Pero para ello es necesario desplegar la teología política, en el sentido que la describe Cavanaugh: “El análisis y la crítica de las disposiciones políticas partiendo de las diferentes interpretaciones de las relaciones de Dios con el mundo”, del cristianismo en nuestro caso, lo cual exige la aceptación de la idea de Dios en el espacio público. Es peligrosamente irracional que se acepten y prosperen planteamientos surgidos de creencias confusas y negadas por la evidencia de la realidad como las que postula la ideología de género y, al mismo tiempo, se excluya las procedentes de la reflexión racional sobre Dios. Esto es en términos literales la negación de la libertad. Mantenernos en ese absurdo, es hacernos cómplices, de él y propiciar unas condiciones, que transforman la evangelización en un discurso sin sentido para los receptores.

LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO Y SU ENSEÑANZA EN LOS COLEGIOS CATÓLICOS

La ideología de género y su enseñanza en los colegios católicos
Si alguien enseña a favor de tal ideología, simplemente enseña contra la Doctrina Católica.


Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE. | Fuente: TeologoResponde.org 



Consulta:

Hola Padre, mi nombre es A.B. Soy de Buenos Aires. Le cuento que empecé a hacer una suplencia en un colegio regenteado por religiosos (no menciono por prudencia la Congregación). Allí una profesora le está enseñando a los alumnos la ideología de género y ha llevado, para eso, miembros de la LGTT (lesbianas, gays, travestis y transexuales), enseñando a sus alumnos que lo sexual es cuestión de construcción y elección. Al hablar con las autoridades, planteándoles la incompatibilidad de estas doctrinas con la confesión católica del Colegio, me respondieron que dentro de la Iglesia hay otras posturas y no solo la que yo planteo, y que en la misma Iglesia conviven y compatibilizan esta postura de la de identidad como construcción con otras más tradicionales. Por esto, me gustaría que me dijera si esto es así, lo cual creo que no, pero también me gustaría tener fuentes como para demostrarlo en la misma Institución. Muchas gracias.

Respuesta:

Estimada A. B.:
De ninguna manera hay en la Iglesia diversas posturas sobre este tema. Lo que puede ser es que haya personas, incluso pastores, que sostengan errores. Esto es inevitable, y es lo que explica todas las herejías que ha habido a lo largo de la historia de la Iglesia.
El Papa Francisco se ha referido a este tema en la Exhortación “Amoris laetitia” n. 56, donde puedes leer lo siguiente:
“Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamadagender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo» [Relación final del Sinodo 2015, 8]. Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños. No hay que ignorar que «el sexo biológico (sex) y el papel sociocultural del sexo (gender), se pueden distinguir pero no separar» [ibid, 58]. Por otra parte, «la revolución biotecnológica en el campo de la procreación humana ha introducido la posibilidad de manipular el acto generativo, convirtiéndolo en independiente de la relación sexual entre hombre y mujer. De este modo, la vida humana, así como la paternidad y la maternidad, se han convertido en realidades componibles y descomponibles, sujetas principalmente a los deseos de los individuos o de las parejas» [ibid. 33]. Una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada”.

También te transcribo un párrafo de la conferencia del año 2009 del Cardenal Ennio Antonelli, presidente (en ese momento) del Consejo Pontificio para la Familia, dada a los nuevos obispos (los nombrados por el Papa, el año anterior a esta conferencia) sobre “El obispo y la pastoral familiar”. Dice así en el párrafo dedicado al tema de “La teoría de género”:
«El desafío más peligroso viene de la ideología de género, nacida en los ambientes feministas y homosexuales anglosajones y ya difusa ampliamente en el mundo. Según dicha teoría, el sexo biológico no tiene ninguna importancia; no tiene mayor significado que el color de cabello. Lo que cuenta es el género, o sea la orientación sexual que cada uno elige libremente y construye según los propios impulsos, tendencias, deseos y preferencias. Se ha hecho célebre la frase de Simone de Beauvoir: “On ne naît pas femme; on le devient” (No se nace mujer se hace). Frase acuñada sobre el vestigio de una afirmación de Erasmo di Rotterdam a propósito de la educación de los niños “Homines non nascuntur, sed effinguntur”. El ser humano es, pues, no una realidad natural, sino cultural (constructivismo).
El valor supremo a tutelar es la libertad de elección. Cada uno debe tener la posibilidad de construir la orientación sexual propia y eventualmente cambiarla durante su vida. Mientras los sexos biológicos son dos solamente, las categorías de comportamiento sexual son numerosas: heterosexual masculina, heterosexual femenina, homosexual, lésbico, bisexual, transexual, travesti, voyeurismo, otras formas indiferenciadas y flexibles. Todas las prácticas son respetables y de legitimidad social. En el pasado la diferencia natural de los dos sexos servía para afirmar y mantener la supremacía y el dominio masculino en muchos ambientes: economía, instrucción, arte, filosofía, religión, política, convivencia civil. Según la concepción naturalista (véase por ejemplo Aristóteles) el hombre nace para ser activo en la producción, para trabajar fuera de casa, para operar en la sociedad, para dirigir; en cambio la mujer nace para ser pasiva en la producción, acoger la vida y cuidarla, educar a los hijos, trabajar en casa, obedecer. El naturalismo debe ser sustituido por el constructivismo, el valor falso del sexo por el valor del gender. Se necesita renovar la mentalidad y el modo de vivir, cambiando las normas sociales que rigen la sexualidad.
En nombre de la libertad de elección, de la igualdad y de la lucha contra la discriminación vienen reivindicados los llamados “nuevos derechos humanos” y en particular los “derechos sexuales y reproductivos”. Vuelven en esta categoría: la legitimación jurídica de las varias formas de convivencia, la familia en todas sus formas, el derecho al ejercicio estéril de la sexualidad (solución a la explosión demográfica), el matrimonio gay, la anticoncepción, la libertad de abortar, la libertad para todos de adoptar niños, la libertad de procrear artificialmente, la represión de la homofobia, la promoción de la libertad sexual de los adolescentes aún en contra de la voluntad de sus padres.
A las instancias políticas de los varios niveles se les pide de gobernar según la perspectiva de género. Desgraciadamente estas peticiones encuentran una escucha creciente: ONG, Agencias de la ONU para la población, salud y educación, conferencias del Cairo (1994) y de Pekín (1995), Parlamento Europeo de Estrasburgo. Hasta ONG de inspiración cristiana y asociaciones caritativas católicas se dejan tentar de palabras sacrosantas como dignidad, misericordia, respeto a la libertad, lucha contra la discriminación y la marginación».
El texto completo lo puedes encontrar en la página del Vaticano.
La doctrina católica sobre cada una de estas problemáticas (homosexualidad, lesbianismo, transexualidad….) es la que encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica (cf. nn. 2357-2359) y en los demás documentos magisteriales. Si alguien enseña lo contrario, simplemente enseña contra la Doctrina Católica, aunque se proclame católico, lo cual pasa a ser pura palabrería, sin ningún valor efectivo, porque lo que hace que alguien sea católico es que comparta la fe de la Iglesia, además de estar válidamente bautizado en ella; no el mero autoproclamarse.
En Cristo y María.
Con mi bendición.
P. Miguel A. Fuentes, IVE.

20 EMOCIONES TÓXICAS Y 20 VITAMINAS PARA EL MATRIMONIO

20 emociones tóxicas y 20 vitaminas para el matrimonio



Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net 



Como muy bien nos explica Javier Escrivá e Ivars:-
El amor es como una planta: necesita agua (afecto, consideración, respeto, confianza, etc.), necesita abono(detalles, intimidad, ilusión, alegría, etc.), y necesita poda(rectificación de defectos, erradicación de los malos hábitos, etc.); de lo contrario, se seca.

En otras palabras, una relación conyugal madura no será posible si no la cuidamos en el día a día, si no la nutrimos con vitaminas (emociones positivas), y si no la defendemos de todo aquello que pueda envenenarla o contaminarla (emociones tóxicas).

20 Tóxicos a evitar:

-1. No decirle nunca al otro que se le quiere: se da por hecho que ya lo sabe.

-2. Guardar rencor hacia los errores del otro y no querer perdonarle.

-3. Fijarse sólo en los defectos del otro, y no en sus virtudes.

-4. Acostumbrarse a la compañía del otro: que parezca algo normal, algo que merecemos.

-5. Jugar con su amor, considerando que hay cosas más importantes: salidas frecuentes a solas, intimar con otras personas.

-6. Mecanizar la relación de amor, no poner esmero en los detalles.

-7. No reírse nunca en casa, reservando la alegría para fuera de ella.

-8. No decirle nunca al otro lo bien que hace algo, no se lo vaya a creer.

-9. Ignorar al otro.

-10. Rechazar tener hijos porque sólo dan problemas.

-11. Juzgar las intenciones del otro. Interpretar sus gestos y sus palabras: “Ya sé por qué dices esto o aquello… En el fondo, tú siempre…”.

-12. Hacer de padre o de madre para el otro. Practicar las técnicas parentales con el cónyuge: “haz esto, no hagas aquello, saluda, sonríe, come bien,…”.

-13. Utilizar la ironía, el sarcasmo, el grito, la ridiculización, la descalificación o el desdén al dirigirse al otro.

-14. Dudar, desconfiar, pensar siempre mal, adelantarse a los acontecimientos en negativo, etc.

-15. No querer al otro como es, sino como nos gustaría que fuese.

-16. Ser pasivo, esperar a que el otro tome siempre la iniciativa.

-17. Ser conformista (inmovilista). Creer que "si estamos bien", mejor no hacer cambios que "compliquen la vida".

-18. Instrumentalizar al otro.

-19. Poner barreras al diálogo: cerrar habitual y prolongadamente la comunicación.

-20. Ser infiel al proyecto en común, pero no entendido exclusivamente como las relaciones sentimentales y/o sexuales con otra persona, sino en su totalidad.

20 Vitaminas

- 1.Decirle todos los días que se le quiere: le gusta escucharlo, aunque ya lo sepa.

- 2.Aprender a perdonar y a olvidar los errores.

- 3.Fijarse en sus virtudes. Pensar que uno mismo también tiene defectos.

- 4.Agradecer cada día la posibilidad de tenerlo cerca: no darlo por hecho.

- 5.Proteger lo más importante que uno tiene: el amor del otro. No arriesgarlo y cuidarlo con todas las fuerzas.

- 6.Disfrutar mutuamente con cada detalle, y esforzarse por tener nuevos detalles de amor cada día.

- 7.Contagiar alegría. Prescindir de lo negativo y buscar lo positivo que las personas y las cosas encierran, ser optimistas, tener buen humor y saber reír.

- 8.Admirar y respetar al otro. Cuando uno ama a otro, es importante decirle lo que nos gusta y valoramos de él, siempre desde una posición de sinceridad y honestidad, y nunca para manipularlo o conseguir algo que deseamos.

- 9.Escucharlo. ¡Sentirse escuchado es muy gratificante!

- 10.Ser leal y permanecer fiel al compromiso adquirido, trabajar día a día para reavivar ese proyecto común, intentar que esa ilusión inicial, ese amor, crezca; o, al menos, se mantenga, y la vida resulte gratificante para ambos.

- 11.Permanecer abierto a la vida, cuidar de los hijos: el trabajo y la diversión no son lo primero.

- 12.No juzgar. No hay nada más temerario que hacer juicios temerarios.

- 13.Respetar al otro: es una persona adulta y responsable. No necesita que nadie le diga qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo.

- 14.Quererlo tal como es.

- 15.Respetar las formas: éstas cuentan, y mucho. La familiaridad no debe convertirse en ordinariez, insensibilidad, falta de respeto o grosería.

- 16.Confiar es básico. La relación conyugal debe estar siempre presidida por una confianza básica, es decir: tener la seguridad de poder confiar en el cónyuge, y de que siempre lo encontraremos a nuestro lado.

- 17.Tomar la iniciativa, ser creativos. Cada cónyuge ha de asumir la plena responsabilidad de mejorar la relación. El matrimonio no es cosa de uno, es cosa de dos.

- 18.Aceptar los cambios, comprender que la relación es dinámica, que tanto uno como otro cónyuge cambian con el tiempo, y que los dos se tienen que ajustar a esos cambios.

- 19.Apoyarlo, respetar su libertad y procurar su pleno desarrollo personal.

- 20.Dialogar. El silencio y la incomunicación son los mayores enemigos.

LA VENERACIÓN DE IMÁGENES EN LA IGLESIA CATÓLICA ES UNA IDOLATRÍA?

¿La veneración de imágenes en la Iglesia Católica es una idolatría?
La idolatría no es igual a la veneración imágenes, es mucho más que eso. Los cristianos católicos no adoramos imágenes


Por: Fray Nelson Medina | Fuente: PildorasDeFe.net 



Los católicos no adoramos imágenes, creemos en la Veneración de imágenes que es algo completamente distinta. El capítulo 20 del libro del Éxodo nos muestra la proclamación del Decálogo, la Alianza entre Dios y su pueblo. En ella encontramos un mandamiento al cual le dan mucha importancia nuestros hermanos no católicos (los que solemos llamar protestantes o hermanos separados). Ellos, al hacer la enumeración de los mandamientos, distribuyen el texto de modo distinto a nosotros, para ellos hay un mandamiento específico que es el que empieza con estas palabras:
“…No te fabricarás ídolos, ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o en el agua, y debajo de la tierra”,
Normalmente, en discusión sobre este tema, nos califican a los católicos de ser idólatras, tomando como base que allí dice que no nos hagamos imágenes para el culto y que cuando nosotros hacemos imágenes somos desobedientes a Dios y, por tanto, no somos el pueblo escogido por Él.
Quisiera que ellos tuvieran razón, quisiera que el problema de la idolatría fuera tan simple como evitar el yeso, el plástico, la madera o el mármol. Si el problema de las imágenes fuese una cosa tan sencilla ¡qué fácil sería la religión! Pero el tema es mucho más complejo y lo es en dos sentidos:

1.- El mismo Dios que dijo esto, luego mandó que se hicieran unas cuantas imágenes.

Al mismo Moisés le dijo en el libro de los Números que hiciera una serpiente de bronce. También le da instrucciones precisas para construir imágenes de querubines (seres celestiales) para colocarlos en el arca de la alianza. Quien ordenó esto fue el mismo Dios que inicialmente había dicho: “No te fabriques ídolos ni imagen alguna”, entonces ¿qué hacemos con esa aparente contradicción?


2.- El verdadero problema de las imágenes no es el yeso, ni la madera, ni el mármol, ni la piedra.

El problema real es que nosotros nos quedemos sólo en la imagen, lo cual no se resuelve suprimiendo los objetos, esto no suprime el problema que tiene el corazón humano de quedarse con ídolos.
Este tema es de la idolatría es mucho más amplio, más profundo, más complejo, porque vivimos teniendo ídolos. De modo que un no católico que tal vez reniega de todo tipo de imágenes, no por eso queda libre de todo tipo de ídolos. La idolatría no es equivalente a construir imágenes.

¿Cómo debemos entender este texto?

Debemos entenderlo como una primera elaboración pedagógica que quiere conducir al pueblo a la conciencia de que Dios siempre es más. A través de la legislación, Dios quiere conducir de la mano al pueblo para que aprenda lo que significa vivir en la verdad y en alianza con Dios.

¿Cómo tenemos que cumplir el mandamiento de las imágenes?

Teniendo conciencia plena de que Dios es más que todo aquello que ahora podemos contemplar, poseer, conocer y dominar. Dios es más que todo esto. Al contemplar nuestras instituciones, construcciones académicas, preferencias litúrgicas, estilos de evangelización, títulos adquiridos, seguridades temporales, personajes admirados... es decir, ante cualquier realidad creada, debemos repetirnos una y otra vez: ¡Dios es más! ¡Dios es el totalmente otro! ¡Dios es el que está siempre más allá! ¡Dios es el completamente trascendente!
Ese es el sentido profundo de este mandamiento, comprender y enraizarnos en esa absoluta trascendencia de Dios por sobre todo lo que hoy vemos y conocemos, es la manera de preservar nuestra fe en que ¡sólo Dios es Dios! Ese es el verdadero sentido de esta formulación, y ahí nos damos cuenta que eso es más intenso y más complejo que solo evitar yesos, maderas o plásticos.
Es más intenso porque es un ejercicio continuo donde tengo que preguntarme una y otra vez si la idea que tengo de Jesús es el verdadero Jesús, o una imagen falsa que me estoy haciendo a mi medida para satisfacer y justificar mi forma de vivir.
Es por ello que tengo que volver continuamente a la Palabra para que cuestione, agriete, derribe la imagen que tengo y me enseñe al verdadero Cristo, que es siempre más. Porque Jesús, “Dios con nosotros”, supera todo lo que pueda pensar:
  • Si quiero quedarme con un Jesús filósofo o pensador, voy a los Evangelios y encuentro una serie de textos y digo, no, me quedé corto, Cristo es más.
  • Tengo la idea que Cristo es un revolucionario social, si lo es en un sentido, pero voy a la Biblia, a los Evangelios y digo, no, Jesús es más que eso.
  • Miro a Jesús, aquel que tiene poder para curar las enfermedades, veo en El al gran taumaturgo, el gran obrador de milagros, pero voy ahí y digo: no, espérate, es que en la Pasión no hizo ningún milagro. Jesús es, también, más que eso.
Este mandamiento nos pone en un itinerario sin fin, nos pone en una purificación continua, porque lo que entiendo de servir a Cristo, y de quién es Cristo, y cómo quiere Dios que viva, continuamente lo tengo que estar revisando y permitir que Dios derribe mis esquemas, tengo que redescubrir a Jesucristo.

¿Quién es Cristo?

Tal vez tú creas que no tienes falsas imágenes de Cristo, también los discípulos creían que ya lo conocían, pero ante cada experiencia tenían que volver a replantearse lo que hasta ahora pensaban tener claro: creen que ya lo conocen, pero de repente este hombre se levanta todavía adormilado en medio de la tormenta y le manda al viento y al mar embravecido que se aquieten, así mueve las bases de los discípulos y de nuevo ellos se preguntan: “¿y este quién es?” Luego llega la transfiguración y de nuevo la cuestión: “¿y este quién es?” Para que posteriormente, en el momento doloroso de la cruz se resquebrajen todas las seguridades y vuelva a surgir: “¿y este quién es?”
Jesús es el que siempre está por descubrir, por conocer, y lo más hermoso de nuestra vida cristiana y especialmente de nuestra vida religiosa es eso, Jesús ¿Quién es Jesús?, es el que está siempre por conocer.
San Ignacio de Antioquia, obispo y mártir del circo Romano en el año 107, cuando iba camino al martirio decía: “ahora empiezo a ser hombre, empiezo a ser discípulo”, en ese momento antes de entregar su vida por Cristo, aún sentía que estaba empezando.
Dichoso el sacerdote, el religioso, la religiosa, dichoso todo cristiano que después de 20, 30 o 50 años, un día se queda mirando con admiración, con cierta perplejidad el Evangelio y dice: “estoy empezando a conocer a mi Señor, estoy empezando a conocer a mi Maestro”.
Dichoso aquel que no se hace imágenes de Cristo creyendo que ya lo conoce a perfección, sino que entiende que Cristo es más, que es aquel de quien siempre se puede aprender, al cual nunca poseo totalmente, aquel que siempre es nuevo, siempre es actual, siempre resplandece.
Ese es el sentido místico profundo y bello de eso que parece tan elemental, “no te harás imágenes, no te postres delante de ídolos”. Cristo siempre es más y tengo que conocerlo una y otra vez. Cada cosa de mi vida me lleva a descubrirlo de otro modo, como cada cosa de mi vida me lleva a conocerme un poco más.
A veces en nuestra vida suceden pecados escandalosos y vergonzosos que hacen que uno diga ¿cómo fui capaz de hacer eso?. Ya aprendiste otra cosa de ti, aprendiste que era posible que pasara, pero al mismo tiempo mi pecado sirve de ocasión para que redescubra el perdón y el poder transformante de Dios, percibiendo de un modo nuevo quién es Dios.
Cada pecado perdonado, cada alabanza bien hecha, cada acción de gracias de corazón, me lleva a descubrir quién es Dios. Ser creyente es estar descubriendo una y otra vez quién es Aquel que ha transformado mi vida.
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