jueves, 27 de octubre de 2016

AMORES DEL MISIONERO

Amores del misionero
La espiritualidad es para el misionero la brújula que da sentido a sus pasos. 


Por: Carmen Caso | Fuente: Catholic.net 



Qué sucede?
Hace un par de años, en un maratón a través de una parte del Sahara, vino una tormenta de arena. Un corredor italiano se perdió. Los grupos de auxilio salieron a buscarle, pero no hubo forma de encontrarle. Él sabía que se encontraba en una situación de vida o muerte, no tenía agua suficiente, no había sombras donde protegerse del ardiente sol y además no conocía las estrellas, ni se había preocupado con anterioridad de ver hacia qué punto cardinal estaba el poblado más cercano. Sólo sabía que debía caminar de noche. Sin instrumentos ni conocimientos vagó durante dos semanas sin rumbo por el desierto.

Milagrosamente encontró un oasis y una tribu de beduinos lo encontró junto al agua. Se salvó, pero las probabilidades iban en su contra, porque no tenía brújula ni sentido de orientación.

A veces parece nuestra vida igual de desorientada, porque no tenemos una brújula, una razón para hacer las cosas. La espiritualidad es para el misionero la brújula que da sentido a sus pasos.

Los misioneros ponen el fundamento de todo su empeño y trabajo apostólicos en cinco grandes amores: el amor a Jesucristo, el amor a María, el amor a la Iglesia, el amor al Papa y a los Pastores de la Iglesia, y el amor a las almas.

Estos grandes amores, vividos con autenticidad, constituyen las líneas fundamentales de la predicación y del apostolado que deben practicar todos los participantes en las actividades de la misión.

Amor a Cristo
Los misioneros contemplan en la persona de Jesucristo al Hijo de Dios, Dios y hombre verdadero. Hacen de Él el centro e ideal de su vida, el modelo en el que tienen que transformarse y la meta de su realización humana y cristiana.

Para los misioneros el amor a Cristo consiste fundamentalmente en la amistad con Él, el cumplimiento amoroso de sus mandatos y en la vivencia fiel del Evangelio sin glosa, muy especialmente en todo lo que hace referencia a la caridad fraterna y al mandato misionero: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio “ Mc. 16, 15.

El deseo de poseer un corazón apasionado y enamorado de Cristo lleva a los misioneros a buscar el conocimiento y la intimidad con Él, principalmente en la vida de oración y en la vivencia profunda de los sacramentos, medios privilegiados de gracia.

Este amor a Cristo lleva también a los misioneros a la identificación con el pensamiento, los sentimientos y la voluntad de Cristo, y a la actuación en la vida práctica de los ideales y consignas del Evangelio con espíritu de abnegación y de lucha. Han de ser conscientes de que la santidad y la transformación en Cristo son ideales que dan sentido y plenitud a toda una vida, y han de reconocer que son dones de Dios que se adquieren con la oración y con la perseverancia en el esfuerzo.

Como medios privilegiados para esta imitación de Jesucristo, los misioneros esfuércense especialmente por imitar a Cristo pobre, casto y obediente, en su propio estado y condición de vida y hagan que el sacrificio de su propia entrega se haga fecundo y redentor de almas en la vivencia dedicada de la caridad y en el servicio a las almas, especialmente de los más necesitados.

Los misioneros tengan presente que su misión es una vocación al apostolado que injerta su vida en el movimiento que de Dios va a Cristo y de Cristo a la humanidad. Por ello, el único camino de santidad es hacer de Cristo el centro, el criterio y el modelo de su vida. Y esto les deberá llevar a imitarlo en lo más característico de Él: el deseo de glorificar al Padre y el amor a las almas.

Crecer en el amor a Dios y a Jesucristo es el primero de los mandamientos y debe constituir la médula espinal de la vida de cada misionero como cristiano y como apóstol; amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas las fuerzas.

Amor a María
El amor a María, la Madre de Dios y la Reina de los apóstoles, es también una de las notas distintivas de todo verdadero apóstol misionero.

Los misioneros amen a la Santísima Virgen con un amor tierno y filial, imitándola en sus virtudes, especialmente la caridad, la humildad, la pureza y la obediencia, encomendándole el fervor y la perseverancia en su esfuerzo de santificación e invocando su ayuda como Madre.

Los misioneros viven este amor a María no como una manifestación de sentimentalismo sino como la imitación de las virtudes de Aquella que supo decir «sí» a la voluntad de Dios y supo mantener ese «sí» a lo largo de toda su vida.

Este amor a María debe llevar a todos los misioneros a saber aceptar, acoger, buscar la voluntad de Dios con alegría en la propia vida, y debe ser un estímulo que los lleve a dedicar sus fuerzas y talentos a hacer que todos los hombres encuentren también en el cumplimiento de la voluntad de Dios el camino de la propia realización humana y cristiana.

Los misioneros manifiesten su amor y devoción a María mediante la práctica de algunos actos de piedad mariana que les ayuden a irse conformando cada día más con las virtudes de la «llena de gracia» Lc 1, 28. Acudan siempre con confianza a la Madre de la Iglesia, encomendando a Ella todos los asuntos y necesidades, y muy especialmente la propagación del mensaje evangélico.

Busquen los misioneros fomentar el amor a la Santísima Virgen como uno de los medios privilegiados y más eficaces para acercar a las almas a Jesucristo y a la comunión plena con Él.

Amor al Papa y a los Pastores
Busquen todos los misioneros amar con devoción y con respeto filial al Papa, Vicario de Cristo, sucesor de Pedro y cabeza visible de la Iglesia.

Ejerciten la virtud de la fe, sabiendo y creyendo en la práctica, que el Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra, goza de la especial asistencia del Espíritu Santo. Por ello, presten total acatamiento y obediencia amorosa a todas sus disposiciones y mandatos, como venidos del mismo Jesucristo.

Manifiesten su amor a la persona del Romano Pontífice, estudiando y dando a conocer sus enseñanzas, difundiendo los documentos de la Santa Sede, y defendiendo noblemente su persona y su misión frente a aquellos que por ignorancia, o a sabiendas, desacrediten su persona o su obra.

Veneran con espíritu de fe a los Obispos que enseñan en comunión con el Romano Pontífice, como a Sucesores de los Apóstoles y testigos de la verdad Divina y Católica.

Amor a la Iglesia
Esfuércense por amar a la Iglesia con el mismo amor con que Cristo la ama y colaboren generosamente en su misión de extender el Reino de Cristo. Para ello, dediquen lo mejor de sí mismos y hagan rendir sus talentos con eficacia de modo que a través de sus apostolados Jesucristo sea conocido y amado por el mayor número posible de almas.

Amen apasionadamente a la Iglesia, continuadora de la misión de Cristo y principio de su Reino en la tierra. Esfuércense por ser miembros activos y operantes en su seno. Dense a ella con espíritu de servicio y vivan hondamente la conciencia de su misión dentro de Ella.

Amor a las almas
Si amamos a Dios, una consecuencia inevitable es que amemos lo que para Él es amable: cada hijo suyo. Jesús dio la vida por cada uno, Dios nos amó desde toda la eternidad, el Espíritu Santo busca un templo en cada hombre y yo, misionero, voy a amar por Dios, con Dios y en Dios a cada uno.

Es una responsabilidad y un privilegio insospechado, impensable el ser instrumento de Dios para que un alma encuentre el camino que la llevará a la salvación.

Ten siempre presentes a las almas que Dios te ha encomendado, reza por ellas, sacrifícate por ellas y sobre todo pide un amor enorme para amarlas hasta dar la vida por cada una de ellas.

Algo que no debes olvidar
Los cinco grandes amores del misionero son:
- amor a Jesucristo
- amor a María
- amor a la Iglesia
- amor al papa y a los pastores
- amor a las almas

CÓMO TRANSMITIR LA FE A MIS HIJOS TOMANDO EN CUENTA SU EDAD?


¿Cómo transmitir la fe a mis hijos tomando en cuenta su edad? 
Educacion moral y religiosa


Los padres de familia, antes que nadie, son los verdaderos protagonistas de la educación cristiana


Por: Pedro de la Herrán y Fernando Corominas | Fuente: LaFamilia.info 



Los padres de familia, antes que nadie, son los verdaderos protagonistas de la educación cristiana de sus hijos. Por lo tanto, es necesario que las primeras prácticas religiosas que se enseñan a los chicos reúnan dos condiciones: Que sean fruto de una piedad sincera por parte de los padres y que estén adecuadas a la capacidad y edad del niño.
Una de las primeras actitudes que hay que despertar en el niño es la confianza en Dios. Esto se logrará cuando los padres reflejan en los chicos su confianza en el Todo Poderoso ante los pequeños y grandes sucesos de la vida ordinaria.
Puede servir repetir verbalmente pequeñas oraciones como “Dios mío eres bueno. Tú nos amas. Tenemos confianza en Ti”; hacerlo no solo en momentos angustiosos, sino en la vida cotidiana del hogar. Ello ayudará a despertar lo que es el verdadero fundamento espiritual de la vida cristiana: el sabernos ante todo y sobre todo, hijos de Dios.
Para ayudar a los padres a educar en la fe, los autores Pedro de la Herrán y Fernando Corominas sugieren una serie de metas según la edad de los niños:
Pautas para educar la fe de los niños


Entre lo 0 y los 3 años
Desde que nace el niño, debe sentir a Dios en la vida de sus padres. Los autores citan a un niño de 2 años que al levantarse decía esta oración aprendida de su madre: “Buenos días Jesús, buenos días María, os doy el corazón y el alma mía” .
En esta etapa, la vivencia religiosa se debe transmitir dentro de la máxima claridad y con actos concretos en un clima de intensa afectividad. Conviene por lo tanto, que el niño vea desde su cuna o cama una imagen de Jesús y de la Virgen y que se le enseñe a besar alguna imagen o medalla con la misma naturalidad que besa a sus padres.
Es bueno aprovechar la Navidad y otras ocasiones cristianas durante el año para narrarle historias sencillas sobre la vida de Jesús y la Virgen.
Entre los 3 y los 6 años
Más importante que enseñar oraciones vocales, es desarrollar en los niños la capacidad de diálogo sencillo y espontáneo con su Padre Dios, con Jesús y con María. Es muy importante fomentar que recen cada día al levantarse y al acostarse. Sin embargo hay algunas oraciones que se pueden enseñar no de forma mecánica, como el “ángel de la guarda” o el “Jesús, José y María”.
Es también el momento de enseñar al niño a expresar esos sentimientos religiosos como arrodillarse para rezar ante una imagen, persignarse o besar un crucifijo.
Esta es la etapa en que el niño comienza a comprender el valor de la Santa Misa y por lo tanto es bueno llevarlo, cuando sea posible, a misas dominicales especiales para chicos. Esto les ayudará a tomar la Eucaristía no como un compromiso obligado, sino como un diálogo con Dios a través de esta ceremonia.
Entre los 6 y los 10 años
Esta es la edad en la que los padres deben convertirse en los primeros catequistas de sus hijos. Es llamada “Edad de Oro” y es el momento en el que los padres pueden ganar en buena parte la batalla de la adolescencia. Es también la edad del razonamiento y por lo tanto conviene tener en cuenta lo siguiente:
  • Elegir un buen colegio.
  • Continuar con el ejemplo.
  • Consolidar su formación religiosa.
  • Prepararlos para la primera Confesión (en sintonía con la parroquia o colegio)
  • Prepararlos para la Primera Comunión (idem)
  • Ayudarles a formar su conciencia.
  • Continuar con las virtudes humanas y sociales.
Entre los 10 y los 12 años
En esta etapa los consejos son una continuación de la etapa anterior, pero con una clara orientación a preparar para la edad de la crisis: la adolescencia. Por esto conviene cuidar, entre otras cosas, las siguientes:
  • Seguir orientando la vida de piedad.
  • Dar criterios claros y asegurarse que se han entendido bien.
  • Ayudarle a intensificar la vivencia de las virtudes, especialmente la caridad (virtud principal), la sinceridad, la laboriosidad y la reciedumbre.
  • Darle una información sexual adecuada a su edad y a las circunstancias del ambiente en que se mueve.
  • Ayudarle a usar su libertad responsablemente.
  • Resaltar la necesidad y el valor de ayudar a los demás.
  • Enseñarles a descubrir el valor de una buena amistad.
  • Mantener con los hijos un clima de amistad, confianza y alegría.

HALLOWEEN, EL PROBLEMA NO ESTÁ EN DISFRACES O DULCES SINO EN GLORIFICAR EL MAL



Halloween: El problema no está en disfraces o dulces sino en glorificar el mal



 (ACI).- El P. Vincent Lampert, exorcista y párroco en la Arquidiócesis de Indianápolis, afirmó en diálogo con ACI Prensa que los padres deben recordar los orígenes cristianos de Halloween y hacer una celebración consecuente en la Víspera de Todos los Santos “en vez de glorificar al mal”.

"En última instancia, no creo que haya nada malo con que los niños se pongan un traje, se vistan de vaquero o Cenicienta y pasen por el barrio pidiendo dulces. Es una diversión sana”, dijo el P. Lampert.

El sacerdote aseguró que el peligro radica en los trajes que glorifican el mal deliberadamente e infunden miedo, o cuando las personas pretenden “obtener poderes especiales” a través de la magia y brujería, inclusive por mero entretenimiento.

"En el libro de Deuteronomio, en el capítulo 18, se habla de no intentar consultar a los espíritus de los muertos, tampoco a los que practican magia, brujería o actividades afines. Aquello sería una violación de un mandamiento de la Iglesia, al colocar otras cosas por delante de la relación con Dios".

"Y ese sería el peligro de Halloween. Que de alguna manera Dios se pierde en todo esto, que la connotación religiosa se pierda y finalmente la gente glorifique el mal", añadió.


También dijo que es importante recordar que el diablo y los espíritus malignos no tienen ninguna autoridad adicional en Halloween, aunque lo parezca.

"El diablo actúa por lo que la gente hace, no porque este haga algo por sí mismo. Tal vez por la forma en que se celebra ese día, en realidad se invita a que el mal entre a nuestras vidas", dijo.

Finalmente el P. Lampert aseguró que una de las mejores cosas que los padres pueden hacer es utilizar Halloween como un momento de aprendizaje y explicar a los niños “por qué ciertas prácticas no conducen a nuestra fe e identidad católica”.

Por otro lado, Anne Auger, una madre católica de tres niños proveniente del estado de Winsconsin en Estados Unidos, dijo a ACI Prensa, que si bien deja que sus niños se disfracen y pidan dulces, siempre verifica las casas por donde pasarán y así evitar aquella que están decoradas “con cosas temibles”.

"El año pasado una persona llegó a la puerta vestido como un lobo demoníaco. A veces las personas se visten como brujas y puedo entender eso, pero esto fue un nivel completamente nuevo, tan diferente a cuando éramos pequeños".

También aseguró que los padres deben enseñar a sus hijos el significado de Halloween, siempre en relación al día de Todos los Santos.

"Les decimos que estamos teniendo una fiesta porque celebraremos a los santos en el cielo, y es por ello salimos a pedir dulces”, añadió.

Kate Lesnefsky, otra madre católica, con niños entre las edades de 3 y 16 años, también les permite que elijan sus trajes para pedir dulces, siempre y cuando no infundan miedo o tengan aspecto demoníaco.

Al día siguiente lleva a sus hijos a la Misa por Todos los Santos, y la familia lo usa como una oportunidad para hablar sobre lo que significa la muerte y la santidad.

"Tengo una hermana que murió cuando tenía 19 años. Entonces hablamos de diferentes personas que sabemos que están en el cielo, de mis abuelos o de los diferentes santos" dijo Lesnefsky.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en CNA.

HALLOWEEN , UNA FIESTA PAGANA?



Halloween - ¿Una fiesta pagana?
¿Cómo se inició realmente la celebración de Halloween?


Por: P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap | Fuente: ApostolesDeLaPalabra.org 




No basta señalar que hay oscuridad; se necesita encender una vela, encender una luz que pueda iluminarnos en medio de la incertidumbre. Es lo que pretendemos con este sencillo trabajo sobre los orígenes históricos de Halloween.

La divulgación de la celebración de Halloween en los países de América Latina, suscita cada año largas controversias, aún entre agentes de pastoral. Algunos piensan que se trata de algo satánico y otros lo consideran inocuo.

Por eso es importante conocer el desarrollo histórico de Halloween, eliminando los mitos que circulan en nuestros días y que no nos ayudan a afrontarlo adecuadamente desde la pastoral evangelizadora de la Iglesia. Como católicos, debemos optar por la verdad histórica, sin caer en la tentación de reforzar los mitos, por más difusión que tengan en las redes sociales y en la súper carretera de la información.

Al mismo tiempo, es importante aprovechar estas circunstancias para proponer la fe, en primer lugar a los católicos comprometidos.

En realidad, los días cercanos a Halloween son importantísimos por la esperanza que siembran en el corazón del católico, animándole a buscar la santidad y a solicitar la intercesión de los santos, al mismo tiempo que se practica la solidaridad cristiana, orando por los fieles difuntos.


Se trata de aspectos que se están oscureciendo en la espiritualidad cristiana. En efecto, por lo general, la escatología está ausente en la catequesis y en la predicación homilética. Por eso hay mucho desconcierto en torno a las realidades últimas, especialmente las así llamadas postrimerías: la muerte, el juicio, el infierno y la gloria.

Si nosotros dejamos de hablar de la inmortalidad del alma y la vida eterna, no hay que sorprendernos de que la cultura posmoderna nos hable de inmortalidad mediante la piedra filosofal, el vampirismo y las prácticas ocultistas.

Ojalá que seamos más sensibles a estos temas, para que no perdamos a las nuevas generaciones, que tanto necesitan del Evangelio.


¿Cómo se inició realmente la celebración de Halloween?
Para purificar esta celebración es importante corregir numerosos mitos en torno a sus orígenes, que no corresponden a la verdad histórica. Sólo así podemos recuperar su sentido más auténtico y aprovecharla como un momento muy especial para la evangelización y la catequesis, contribuyendo también a la purificación de la religiosidad popular.


Si a la Evangelización, no al proselitismo
La verdad los hará libres. Anunciar el Evangelio implica anunciar la Verdad que nos salva (Lumen gentium, 17); es decir, anunciar a nuestro Señor Jesucristo, el Amén (Ap 3, 14), el Verdadero (1Jn 5,20).

Por eso, en el anuncio del Evangelio, un discípulo de Cristo no puede recurrir nunca a la mentira, ni siquiera a las medias verdades.

Es importante recordar, a este respecto, las palabras de Nuestro Señor:

"Conocerán la verdad y la verdad los hará libres". (Jn 8,32)


El fin nunca justifica los medios

He aquí un criterio de discernimiento que debemos tener siempre presente: el fin nunca justifica los medios. Cuando hacemos esto en el campo del anuncio del Evangelio, salimos del ámbito de la evangelización y entramos en el más burdo proselitismo.

Pues bien, en mentiras y medias verdades se incurre frecuentemente al hablar de la fiesta de Halloween, atribuyéndole un origen celta y, por lo tanto, pagano, o, incluso, hablando de un posible origen satánico. Además, se afirma que al participar en diversas formas de celebración de Halloween, especialmente disfrazándose para pedir dulces o dinero, ya se está participando en rituales satánicos, que llevarán a quien participe a iniciarse en el mundo del satanismo, abriendo espacios a Satanás y sus secuaces, y fortaleciéndolos en su lucha contra Dios y la humanidad.

Una cosa es cierta: que haya podido originarse entre los celtas no lo hace necesariamente satánico.

Por otra parte, cuando se habla de Halloween también aparecen prejuicios e, incluso, expresiones de xenofobia, particularmente cuando se ataca la celebración de Halloween porque, supuestamente, proviene de los Estados Unidos de América. Se llega así a una descalificación de la sociedad norteamericana, rechazando a priori su cultura, sin matices y sin el debido discernimiento.


Recorrido histórico - del rechazo a Halloween
El rechazo a la celebración de Halloween ha pasado por diversas etapas. He aquí un breve recorrido histórico.

Origen anglosajón

Hace algunas décadas, cuando se empezó a difundir con más fuerza la celebración de Halloween en los países de América Latina se señalaba que era una fiesta de origen anglosajón, una fiesta eminentemente norteamericana. Se le rechazaba siempre por motivos culturales.

En México se empezó a reivindicar, en contraposición a Halloween, la celebración mexicana del Día de Muertos, por su origen prehispánico.

El dilema era "¿Halloween o Día de Muertos?". Nunca se mencionaba un origen satánico de Halloween sino que se rechazaba Halloween por proceder de los Estados Unidos de América, teniendo como base el nacionalismo mexicano, que promueve la exaltación de lo prehispánico y el rechazo de lo extranjero, empezando por lo español y lo norteamericano.

Desde entonces se empezaron a multiplicar los altares de muertos en casas, escuelas, colegios y plazas adyacentes a los palacios de gobierno, y se empezó a darle mayor difusión a lugares como San Andrés Mixquic y Janitzio. Era, y sigue siendo, una forma de resistencia cultural frente al imperialismo norteamericano.


Origen celta
Sin embargo, desde hace algunos años se dice que el origen de Halloween está en la cultura celta, lo que evidentemente es un anacronismo, pues el nombre mismo de Halloween es cristiano, católico, como se verá a continuación, pues significa Vísperas de Todos Santos.

Halloween, o Hallowe-en, significa Víspera de Todos los Santos. El 1 de noviembre, Día de Todos los Santos se llamaba All Hallows Day. Hallow en inglés antiguo viene a ser como "que es venerado o santificado" (en la actualidad se le llama All Saints Day). La partícula Eve es una abreviatura de evening -víspera-, así que la Víspera de Todos los Santos es All Hallows’ Eve, que en inglés antiguo se contrae en Hallowe-en.

Conviene decir que la religión de los antiguos celtas, particularmente la de los galos antes de la conquista romana, no es bien conocida, y los datos de que se disponen para reconstruirla son escasos y no muy precisos. Hoy en día, cierta retórica que apela a lo céltico se utiliza con fines políticos, para reforzar las identidades nacionales en algunas regiones de Europa.

Según algunos investigadores, lo celta es, en gran parte, lo que ha sido inventado a partir de la información arqueológica y los datos de fuentes clásicas y medievales, sumando representaciones imaginarias.

Entre las mentiras o medias verdades sobre Halloween podemos decir lo siguiente: se habla frecuentemente de la fiesta de Halloween como una fiesta en honor de una divinidad denominada Samhain, relacionada con la muerte. Pues bien, no existía en la mitología celta una divinidad con este nombre. La etimología de esta palabra es gaélica y significa “fin del verano”.

Samhain era una festividad que se celebraba buscando la luna llena que sigue al día que media entre el equinoccio de otoño (entre 22 y el 23 de septiembre de cada año) y el solsticio de invierno (entre el 21 y el 22 de diciembre de cada año), por lo que no se celebraba necesariamente en una fecha fija, el 31 de octubre, sino que la celebración podía realizarse en ese arco de tiempo descrito anteriormente.

Como ejemplo podemos mencionar que en 2012 la fiesta de Samhain debió celebrarse el 28 de noviembre, en 2013 debió celebrarse el 17 de noviembre y en 2014 debe celebrarse el 6 de noviembre.

Con relación a los druidas, de acuerdo con el historiador Ronald Hutton, “podemos saber virtualmente nada con certeza acerca de los antiguos druidas, así que -aunque sin duda existieron - fungen más o menos como figuras legendarias” (Ronald Hutton, The Druids: A History, Continuum International Publishing Group, Limited, 2007, p. xi).

Así que es difícil describir a los druidas, con fundamento histórico, yendo por los pueblos y por el campo en la víspera del 31 de octubre recogiendo ofrendas para Satanás, llevando disfraces y máscaras puestas, además de faroles, bolsas para la ofrenda y bastones de punta afilada, como afirman algunos en su agresiva propaganda anti-Halloween.


La conexión satánica
Más recientemente se alude a Halloween como una festividad satánica y llega a hablarse de numerosos sacrificios humanos, especialmente de bebés y niños, y se insiste en que se multiplica en esa fecha la celebración de misas negras.

La referencia a Halloween como una fiesta eminentemente satánica se encuentra en “La biblia satánica”, escrita por Anton LaVey, quien inició la Iglesia de Satanás el 30 de abril de 1966, ideando múltiples ritos oscuros y escogiendo la fecha de sus principales fiestas satánicas: la fecha del propio cumpleaños de cada satanista, la noche de los Walpurgis (entre el 30 de abril y el primero de mayo de cada año) y el Halloween (entre el 31 de octubre y el primero de noviembre de cada año) [cfr. Anton Szandor LaVey, La biblia satánica, Ediciones Roca, México, DF, 1975, 109-111].

Evidentemente, LaVey incurre en su libro en los mismos errores de los que atribuyen a Halloween un origen celta y druida, aunque llega a señalar los motivos por los cuales los satanistas celebran estas fiestas. En el caso de celebrar como principal fiesta satánica el propio cumpleaños el motivo es el siguiente: “Cada hombre es un dios si opta por reconocerse a sí mismo como un dios. Por lo tanto, el satanista celebra su propio cumpleaños como la fiesta más importante del año” (p. 109).

Con relación a las dos otras fiestas, LaVey las seleccionó porque, según opinión corriente, son fechas de festivales paganos con motivos agrícolas, lo que no implica que sean de origen satánico. Las otras fiestas giran en torno a los solsticios y equinoccios, que marcan el primer día de las estaciones.

Según los datos recabados, considero que hay que distinguir entre la fiesta de Halloween, que tiene orígenes folclóricos muy interesantes, como se verá a continuación, y los rituales satánicos que celebran las sectas satánicas en ésta y en otras fechas. No están necesariamente interrelacionados.

La mercantilización  y el influjo del cine de Hollywood

Sin duda, lo que más ha contribuido a la difusión de Halloween es el enfoque comercial que se le ha dado a esta celebración. En efecto, aunque inició con muchas de las características que conocemos, en la segunda mitad del siglo XIX, la fiesta de Halloween comenzó a celebrarse masivamente en los Estados Unidos hasta 1921. Ese año se celebró el primer desfile de Halloween en Minnesota y luego le siguieron otros estados. La fiesta adquirió una progresiva popularidad en las siguientes décadas.

La proyección internacional de Halloween se produjo a finales de los años 70 y principios de los 80 gracias al cine y a las series de televisión. En 1978 se estrenó en Estados Unidos y en el mundo entero la película "Halloween", dirigida por John Carpenter y protagonizada por Jamie Lee Curtis y Donald Pleasence. El guión del film fue escrito por John Carpenter y Debra Hill.

El film narra la historia de Michael Myers, un enfermo psiquiátrico -encerrado por haber asesinado a su hermana mayor- quien, tras 15 años internado en una clínica mental, se fuga y busca repetir su crimen con su hermana menor. Esta cinta dio inicio al subgénero de Cine de terror llamado "slasher", en el que la trama gira alrededor de sanguinarios asesinatos cometidos por algún villano enmascarado, generalmente teniendo como víctimas a adolescentes. En realidad esta película es muy poco gráfica en la violencia que presenta, sobre todo comparada con los posteriores exponentes del género.

Hoy en día hay fiestas de Halloween en discotecas, bares, casas particulares, empresas y escuelas, promociones en centro comerciales, decoraciones en casas, locales comerciales, supermercados, aparadores y demás ramos de la actividad comercial. Hoy las tarjetas de crédito suman compras de disfraces terroríficos, calabazas para decoración, muñecos y demás productos Halloween. También numerosos niños se disfrazan para pedir dulces y dinero en las calles y de casa en casa.


El origen histórico de Halloween
Ha llegado el momento de explorar los orígenes históricos de Halloween.

Nos basaremos en un artículo muy interesante, titulado “Truth about Halloween. Halloween: The Real Story!” y escrito por el padre Augustine Thompson, OP, en la revista Catholic Digest, publicada en octubre de 1961.

Según el padre Thompson, los orígenes del Halloween son cristianos, con una visión muy norteamericana.

Es cierto, señala el padre Thompson, que los celtas de Irlanda y Bretaña celebraban un festival a finales de octubre y principios de noviembre, al igual que los hacían casi todos los últimos días de otros meses, teniendo presentes las fases de la luna, pero la celebración de Halloween que conocemos se fue modelando paulatinamente en Estados Unidos a partir de la inmigración irlandesa hacia Estados Unidos en el siglo XVIII y, particularmente, a partir de 1845, periodo que se conoce como la Gran hambruna irlandesa (1845-1849).


Solemnidad de Todos los Santos
La fiesta de Halloween cae en el último día de octubre porque es la víspera de la festividad católica de Todos Santos.

Esta fiesta en honor de todos los santos se solía celebrar el 13 de mayo ya desde el siglo IV, pero el papa Gregorio III en el año 741, la cambió al primero de noviembre, día en que se dedicó la Capilla de todos los santos en San Pedro en Roma. El siguiente siglo, el papa Gregorio IV mandó que la Fiesta de todos los santos se celebrara en todo el mundo cristiano, llegando así a Irlanda.

La noche anterior a la fiesta de todos los santos se celebraba una vigilia llamada en inglés All Hallows Eve o Halloween. En esos días, Halloween no tenía un significado especial ni para los cristianos ni mucho menos para los desaparecidos paganos celtas. Recordemos que algunas festividades litúrgicas son precedidas por vigilias, entre las que destacan la vigilia de Navidad (Nochebuena), la de Año Nuevo, la Vigilia Pascual y la Vigilia de Pentecostés.

Día de los Fieles Difuntos
En el año 998, San Odilón, abad del poderoso monasterio de Cluny en el sur de Francia, agregó una celebración el día 2 de noviembre. Era un día de oración para las almas de los fieles difuntos. Esta festividad llamada día los fieles difuntos, se esparció de Francia al resto de Europa.

Así pues, la Iglesia tenía festividades para aquellos que están en el Cielo y aquellos que se purifican en el Purgatorio. ¿Qué hay de aquellos que se encuentran en otro lugar, es decir, en el Infierno? Al parecer los aldeanos católicos irlandeses se preocuparon por las desafortunadas almas en el infierno. Después de todo, si hacemos a un lado las almas del infierno cuando celebramos a aquellas del Cielo y del Purgatorio, tal vez aquellas sean tan infelices que nos puedan causar problemas. Así se volvió costumbre golpear cazos y sartenes la víspera de Todos los santos para que los condenados supieran que no habían sido olvidados. Así, por lo menos en Irlanda, todos los muertos fueron recordados aunque a los obispos y presbíteros no les simpatizaba mucho el Halloween y nunca instituyeron en el calendario eclesiástico un Día de todos los condenados.


El inicio de la costumbre de disfrazarse
Pero esa no es aún la celebración de Halloween que conocemos. Las tradiciones para esta festividad se centran en vestirse con disfraces rebuscados, lo cual no es de origen irlandés. La costumbre de disfrazarse más bien nació en Francia durante los siglos XIV y XV. El Medioevo tardío sufrió ataques repetidos de la peste bubónica o peste negra, llamada la muerte negra y con ella perdió la mitad de su población. No es de sorprender que los católicos de este periodo tuvieran más interés en la otra vida.

Se decían más misas en el Día de Todos Santos y de los Fieles Difuntos, y se diseñaron representaciones artísticas para recordar a todos de su mortalidad. A estas representaciones las conocemos como la Danza de la muerte o Danza macabra, la cual era comúnmente pintada en las paredes de los cementerios y mostraban a la muerte conduciendo una cadena de gentes: papas, reyes, damas caballeros, monjes, campesinos, leprosos, etc., a su tumba. A veces esta danza se presentaba el propio Día de los Fieles Difuntos, como un retablo viviente con personas vestidas con las ropas de los diferentes estados de la vida.

Pero los franceses se disfrazaban el Día de los Fieles Difuntos, no en Halloween; y los irlandeses que tenían Halloween, no se disfrazaban. El cómo es que ambas celebraciones se mezclaron, probablemente ocurrió en las colonias británicas de Norteamérica durante el siglo XVIII, cuando los irlandeses y los franceses se comenzaron a casar entre sí, y se popularizó más a partir de 1845, cuando inició la inmigración más amplia de irlandeses a los Estados Unidos. El enfoque irlandés en el infierno le dio a las mascaradas francesas un giro más macabro.

Origen del “trick or treat”

Pero como todo niño y joven sabe, disfrazarse no es el punto, el punto es obtener el botín más grande posible. Entonces, ¿de donde viene la frase trick or treat? (dulce o broma).

Trick or treat es tal vez, la adición más peculiar y americana al Halloween, y es una contribución inadvertida de los católicos ingleses y aun del protestantismo británico.

Durante el periodo penal de 1500 a 1700 en Inglaterra, los católicos no tenían derechos legales. No podían tener puestos públicos, y eran sujetos de multas, cárcel y pesados impuestos. Decir misa era una ofensa capital y cientos de sacerdotes fueron martirizados.

Ocasionalmente, los católicos ingleses resistieron, a veces de formas insensatas. Uno de los actos más insensatos de resistencia fue el complot para hacer volar, usando pólvora, al rey protestante James I y a su parlamento. Se suponía que esto dispararía una insurgencia católica en contra de los opresores. El mal concebido complot de la pólvora fue sofocado el 5 de noviembre de 1605, cuando el hombre que cuidaba el polvorín, un descuidado converso llamado Guy Fawkes, fue capturado y arrestado. Fue colgado, y el complot se disolvió.

El 5 de noviembre, Día de Guy Fawkes, se convirtió en una gran celebración en Inglaterra, y así lo sigue siendo. Durante los periodos penales, bandas de celebrantes se ponían máscaras y visitaban católicos locales a la mitad de la noche, demandando cerveza y pasteles para su celebración: ¡trick or treat!

El día de Guy Fawkes llegó a las colonias americanas con los primeros colonizadores ingleses. Pero para cuando llegó la Revolución norteamericana, el viejo rey James y Guy Fawkes habían sido olvidados. Sin embargo el trick or treat era demasiada diversión como para olvidarlo, así es que eventualmente se cambió al 31 de octubre, el día de la mascarada franco irlandesa. Y en América trick or treat no se limitaba a los católicos.

La mezcla de varias tradiciones inmigrantes que conocemos como Halloween se había convertido en una tradición en los Estados Unidos para principios del siglo XIX. Hasta los años 80 del siglo XX permanecía desconocida en Europa, aún en los países en los que se originaron algunas de sus costumbres.

Por otra parte, hay otras fuentes de la práctica de pedir de casa en casa. En efecto, esta tradición se remonta al siglo IX, en el que los cristianos iban de pueblo en pueblo a mendigar “pasteles de difuntos” (soul cakes), que eran trozos de pan con pasas. Mientras más grande fuera la cantidad de pasteles recibidos, mayor era el número de oraciones que rezarían por los fieles difuntos del benefactor.

Esta costumbre estaba extendida en otros países con características propias. En la tradición portuguesa a partir del siglo XV ha existido la costumbre de pedir el “pão-por-Deus” (pan en nombre de Dios). La petición la hacen los niños el 1 de noviembre y el 2 de noviembre el pan recolectado se distribuía, al finalizar la misa para pedir por los fieles difuntos, entre los pobres de la comunidad. A veces se ponía el pan convenientemente cubierto frente a la puerta de la propia casa para que pudieran tomarlo las personas que lo necesitaran para sí o para entregarlo a algún necesitado.

En México está la costumbre de pedir de casa en casa y en las calles, utilizando esta frase: “¿Me da mi calaverita?”, “¿Me da para mi calaverita?” y “¿No me da pa mi calaverita?”.

Y, ¿qué hay de las brujas?

Pues, son una de las últimas adiciones a la fiesta de Halloween. La industria de las tarjetas de felicitación las agregó a finales del siglo XIX. Halloween ya tenía ánimas, así que, ¿por que no darle un lugar a las brujas en las tarjetas de felicitación? Las tarjetas de felicitación de Halloween no tuvieron éxito, (aunque ha habido un resurgimiento reciente de popularidad), pero las brujas se quedaron como parte de la decoración y los disfraces.

Jack-o-lantern

Igualmente en el siglo XIX, folkloristas mal informados agregaron el Jack-o-lantern (la linterna hecha con una calabaza ahuecada y tallada). Pensaban que el Halloween era de origen pagano y druida. Las lámparas hechas con nabos (no calabazas) habían sido parte de los antiguos festivales celtas de las cosechas, así que fueron trasladados a la celebración americana del Halloween. Conviene recordar que el origen de la calabaza es América y fue introducida a Europa vía España hasta el siglo XVI, por lo que difícilmente pudieron utilizarla los celtas en la edad del hierro. Más tarde se sustituyeron los nabos por las calabazas por la practicidad de vaciarlas de su contenido y de hacerles los cortes necesarios para dejar pasar la luz de las velas que se colocan en su interior. Como puede notarse, no hay ningún origen satánico en este adorno clásico de Halloween.

Vampiros, hombres lobo y otros monstruos

Estos disfraces se han añadido en el siglo XX por obra y gracia del cine de Hollywood, que ha convertido la fiesta de Halloween en una noche de terror, aprovechando obras literarias como Drácula, de Abraham “Bram” Stoker (1847-1912), Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley (1797-1851), entre otros clásicos del género, y las leyendas de Europa central sobre vampiros y hombres lobos. También ha influido el énfasis en la mercantilización de la celebración de Halloween, que lleva a adornar los espacios con toda clase de motivos tenebrosos y a disfrazarse de manera tétrica.

Descubrir el verdadero significado

La próxima vez que alguien clame que Halloween es un truco cruel para atraer a los niños, adolescentes y jóvenes a la adoración satánica, sugiero que les cuente el verdadero origen del All Hallow Eve y les invite a descubrir su verdadero significado cristiano, junto con las dos fiestas católicas mayores y más importantes que le siguen: la solemnidad de Todos Santos (1 de noviembre) y la fiesta litúrgica de los Fieles Difuntos (2 de noviembre).

Como hemos visto hasta ahora, los orígenes del Halloween no son satánicos, ni incluyen de suyo rituales satánicos. La costumbre de disfrazarse no implica participar en rituales satánicos, como se dice a menudo. Pedir dulces y dinero no es una costumbre satánica ni es una forma de participar en rituales satánicos, como se repite con insistencia digna de mejor causa.

¿Es lícito a un católico participar en la Fiesta de Halloween?
Es una pregunta ineludible. ¿Qué decir al respecto? Depende de las circunstancias. Los niños, adolescentes y jóvenes pueden participar en las fiestas que se organizan en los colegios, si se hacen con el debido orden, en un clima de sano esparcimiento y una convivencia adecuada.

En otros ámbitos, especialmente en los festejos que hacen los adolescentes, jóvenes y adultos, hay que tener en cuenta las recomendaciones de san Pablo, particularmente las siguientes:

Reconozcan el momento en que viven, que ya es hora de despertar del sueño: ahora la salvación está más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día se acerca: abandonemos las acciones tenebrosas y vistámonos con la armadura de la luz. Actuemos con decencia, como de día: basta de banquetes y borracheras, basta de lujuria y libertinaje, no más envidias y peleas. Revístanse del Señor Jesucristo y no se dejen conducir por los deseos del instinto. (Rom 13, 11-14)

Las acciones que proceden de los bajos instintos son manifiestas: fornicación, indecencia, libertinaje, idolatría, superstición, enemistades, peleas, envidia, cólera, ambición, discordia, sectarismos, celos, borracheras, comilonas y cosas semejantes. Les prevengo, como ya los previne, que quienes hacen esas cosas no heredarán el reino de Dios. (Gal 5, 19-21)

Esto no sólo debe tenerse presente en Halloween, sino también en la forma en que se realizan las Posadas, la manera en que se celebra Navidad, Año Nuevo, la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, el Día del Amor y la Amistad, incluyendo las fiestas patronales y las fiestas familiares con motivo de bautismos, matrimonios, cumpleaños, etc., que nunca deben ser un pretexto para los más variados excesos en la bebida, la comida y el ejercicio desenfrenado de la sexualidad.

¿Entonces puede un católico participar en la celebración de Halloween? Este tema es muy controvertido por los mitos tan difundidos sobre Halloween y su supuesta conexión con el satanismo y su aparente origen en la cultura celta, una cultura pagana de la edad de hierro. Hay cristianos que celebran Halloween disfrazándose para pasar un rato de sano esparcimiento con la familia y los amigos, mientras salen a pedir dulces e, incluso, dinero.

Otros cristianos están plenamente convencidos de que Halloween es una fiesta satánica, establecida desde hace tres mil años para adorar y entrar en contacto con espíritus malignos.

Como hemos visto, hay mucha información distorsionada sobre Halloween que influye en numerosos cristianos. De ahí la importancia de difundir información veraz y oportuna que permita tener criterios de discernimiento seguros para tomar las decisiones más adecuadas. Ese es precisamente el objetivo de este folleto.

He aquí un modesto intento por presentar algunos criterios.

Como telón de fondo debemos tener esta convicción: Halloween no es una fiesta de origen pagano ni tiene necesariamente en sus orígenes una conexión con el satanismo. Es una festividad de orígenes cristianos que debemos recuperar, dándole su sentido auténtico.

Disfrazarse no implica participar en rituales satánicos.

Hay que evitar el consumismo inmoderado, sin dejarse arrastrar por los vaivenes de la moda.

Hay que tener cuidado con el gusto por lo tenebroso, por lo tétrico, como son los disfraces de vampiros, brujas, demonios, hombres-lobo…

Se puede motivar el uso de disfraces que no sean tétricos. Se está difundiendo en el mundo secular la costumbre de disfrazarse con trajes de princesa, payasos, vaqueros, superhéroes, etc. Y en el mundo cristiano está cada vez más extendida la práctica de vestirse de ángeles, personajes bíblicos y santos.

Hay que recordar que uno de los eventos que los niños más esperan cada otoño es el Halloween. Como hemos visto, se trata de una celebración que, aunque no inició en nuestro entorno cultural, muchos mexicanos la han adoptado sólo como una noche divertida por la facilidad con que se consiguen todo tipo de dulces y golosinas y porque es posible utilizar disfraces.


Recomendaciones prácticas
Si sales con tus hijos a pedir golosinas, asegúrate de que vayan en grupos y acompañados por adultos responsables.

Es oportuno llevar una linterna y ponerle cinta reflejante a los tenis, a la espalda del disfraz y a la bolsita en donde recibirán los dulces. Así resultará más fácil identificarlos entre la multitud.

Hay que caminar solamente sobre las aceras o banquetas.

Decirle a los niños lo importante que es no correr para no perderlos de vista.

Usar máscaras y disfraces que no arrastren ni bloqueen la visión.

No tocar en casas muy oscuras. Más bien, hay que elegir las casas que están decoradas, pues quiere decir que ellos están preparados para la llegada de los niños.

No entrar a las casas.

Determinar un número específico de cuadras por caminar.

Una vez en casa, los padres deberán examinar los dulces para desechar los que no se vean seguros y racionar el número de golosinas que los pequeños se comerán por día.
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