domingo, 27 de noviembre de 2016

TIEMPO DE ADVIENTO - ORACIÓN


Tiempo de Adviento



Tiempo de Adviento,
Tiempo de espera.
Dios que se acerca,
Dios que ya llega.
Esperanza del pueblo,
la vida nueva.
El Reino nace,
don y tarea. 
Te cantamos Padre bueno
a la esperanza.
Con María, ayúdanos Señor,
a vivir generosos en la entrega,
a ofrecer nuestra vida como ella,
a escuchar tu Palabra en todo tiempo,
a practicar sin descanso el Evangelio,
ayúdanos a vivir solidarios con los que sufren,
con quienes hoy como ayer
en Belén no tienen lugar.Te cantamos Padre Bueno
a la esperanza.
Con los pastores de Belén,
ayúdanos señor
a vivir la Vigilia de tu Reino,
a correr presurosos a tu encuentro,
a descubrir tu Rostro en medio del pueblo,
a no quedarnos "dormidos" en la construcción del mundo nuevo.Te cantamos Padre Bueno
a la esperanza.
Con los ángeles de Belén,
ayúdanos Señor,
a cantar al mundo entero tu Presencia,
¡ Dios-está-con-nosotros !
Construyamos la paz entre los hombres,
Edifiquemos la Justicia entre los pueblos.Te cantamos Padre Bueno
a la esperanza.
Con Jesús niño-Dios,
ayudanos Señor,
a abrigar la esperanza que nace en cada Adviento,
a escuchar los clamores de tu pueblo,
a regar con nuestras vidas
la semilla de tu Reino,
a ser Mensajeros de tu Amor,
a construir comunidades de servicio y oración.Navidad, fiesta del hombre.
Navidad, fiesta de Dios.
Queremos ser tus Testigos,
danos la fuerza Señor.



Marcelo A. Murúa
De el libro "Ver la vida con la mirada del Evangelio", 2da. edición, Ed. San Pablo.

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO: VELEN Y ESTÉN PREPARADOS


¡Velen y estén preparados!
Reflexión para el 1er domingo de Adviento

Todo nos invita a estar alerta, con los sentidos despiertos y el corazón anhelante. “¡Casa de Jacob, en marcha! 


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo Coadjutor de la Diocesis de San Cristobal de la Casas | Fuente: Diocesis de San Cristóbal de Las Casas 




Isaías 2, 1-5: “De las espadas forjarán arados y de las lanzas podaderas”
Salmo 121: “Vayamos con alegría al encuentro del Señor”
Romanos 13, 11-14: “Ya está cerca nuestra salvación”
San Mateo 24, 37-44: “Velen y estén preparados”


Postrada en la cama de un hospital durante muchos días, se debate entre la vida y la muerte. Son de esos accidentes que con un mínimo de atención se pueden evitar. Pero nos absorbe la somnolencia y la apatía; nos decimos internamente: “a mí no me va a pasar”, “sólo es un momento y no me distraigo”… pero ¡nos pasa! Sus ojos fijos en la pantalla del teléfono, sus oídos sumergidos en la conversación, su mente volando a miles de kilómetros queriendo encontrarse con el amigo virtual, y sus pies acelerados por la prisa para llegar a tiempo a su trabajo, todo se juntó para que sucediera lo más terrible.  Cuando la joven se dio cuenta ya tenía encima el tráiler embistiéndola y haciéndola trizas. Ni una oportunidad para escaparse. Ella juraría que su distracción fue sólo un segundo, pero un segundo ahora se convierte en eternidad de angustia y de zozobra. Los sentidos embotados no nos permiten estar alerta.

Todo nos invita a estar alerta, con los sentidos despiertos y el corazón anhelante. “¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor”, grita esperanzado el profeta Isaías en la primera lectura de este domingo. “Despierten del sueño”, exige San Pablo en su carta a los Romanos. “Velen y estén preparados”, es la amonestación de Jesús a sus discípulos en el Evangelio. “Vayamos con alegría a la casa del Señor”, repetimos en el salmo. Todo es urgencia para ponerse en movimiento, todo es esperanza e ilusión que contagian. Eso es el adviento. ¡Para que luego vengan a decirnos que el cristianismo es tener aplacadas las conciencias! El tiempo de adviento, que señala el principio del año litúrgico, se abre con la exigencia fuerte de despertar y con una orden de partida que no admite excusas.

No nos engañemos: no estamos esperando esa navidad que se reduce a lucecitas y músicas celestiales; ni estamos esperando a que “el último día”, cual ladrón, nos caiga encima, agarrándonos desprevenidos y entre más tarde mejor. No, eso no es el adviento. Ciertamente es tiempo de “espera”, pero esperar no significa sentarse a que venga fatalmente nuestro destino;  sino un activo  “tender hacia”, moverse, procurar, hacer que llegue. Lo que implica la capacidad y el deseo de despertarse y la decisión de ponerse en camino.

Hay quienes juran que no están dormidos solamente porque tienen una actividad febril y andan de un lado para otro. Pero caminan con los ojos vendados y en somnolencia. El ejemplo que pone Jesús es de lo más claro: comían y bebían, se casaban… pero no estaban despiertos ni atentos a la Venida del Señor. Hoy también la Navidad puede ser un tiempo de inconsciencia y adormilamiento, por más que andemos de pachanga en pachanga y de fiesta en fiesta. Se convierte así en un activismo que nos lleva a enajenarnos y no nos permite pensar. Jesús nos invita a ser reflexivos, a examinar concienzudamente la situación actual y  a mirar si nuestra vida está preparando la venida del Señor.

Terrible se nos presenta la situación actual, y quizás tendremos la tentación del desaliento frente a los graves problemas que nos urge afrontar. Iluminador aparece el profeta Isaías proponiendo que de espadas forjemos arados, y de las lanzas podaderas. Muy sabio su consejo y muy práctico a la hora de enfrentarnos a la vida. Hay quien de una dificultad sabe sacar un beneficio, de un accidente una enseñanza y de una deficiencia una ventaja. Hay quien reniega de todo: del frío, del calor, de la lluvia o de la sequía, sin darse cuenta que cada estación, cada lugar y cada circunstancia encierra un cúmulo de posibilidades. Hay quien reniega de su carácter sin darse cuenta que  tiene un tesoro, que su energía puede impulsarlo a construir y no a destruir. Las dificultades y los problemas son ocasión de crecer, madurar y sacar nuevas soluciones. Los más grandes inventos han nacido de grandes carencias, y muchos de los más grandes hombres y mujeres se han forjado gracias a las dificultades que encontraron en el camino.

Isaías nos da el tono fundamental del Adviento con un lenguaje lleno de símbolos. El futuro, lugar de lo incierto, desconocido y que nos produce temor, es presentado como una visión gloriosa de la ciudad sobre el monte donde reina Dios, y a donde acuden todos los pueblos gozando de una paz idílica. El futuro pierde su angustia y, desde Dios, se convierte en esperanza. Esta es la llamada fundamental del Adviento: llega Dios y el hombre liberado del miedo, tiene derecho a esperar.

Hoy Cristo nos urge a tomar el momento presente como un tiempo de gracia. No dejarlo pasar, sin prestarle toda la atención. Adviento es este tiempo de gracia donde podemos “soñar” con un mundo diferente, porque cuando Dios se acerca al hombre (o quizás deberíamos decir cuando el hombre deja que Dios se le acerque) todos los sueños son posibles. Quizás nos parezcan duras y amenazantes las palabras de Jesús, pero no se pueden leer fuera de todo el contexto de salvación y liberación que Él nos viene a traer. Dios respeta nuestra libertad y puede entregarnos su Reino solamente si nosotros lo acogemos abriéndole libremente la vida. Junto al respeto a nuestra libertad aparece un amor preocupado, un amor que vela cuando nosotros tendemos a descuidarnos: el aviso apremiante y la apariencia de amenaza son reclamos de amor. Son la metáfora del terrible daño que podemos ocasionarnos si, en el descuido, la inconsciencia o la maldad, cerramos la puerta al Dios que viene a salvarnos. Lo heriríamos a Él, precisamente porque nos heriríamos a nosotros, porque nos perderíamos nosotros y perderíamos la fraternidad.

Estar preparados, abrir los ojos, aguzar el oído, disponer el corazón para caminar hacia la luz del Señor.  En este inicio del Adviento las exhortaciones de San Pablo se convierten en preguntas acuciantes que exigen nuestra respuesta: ¿Qué o quiénes hacen que estemos dormidos? ¿Qué obras de tinieblas nos impiden ver la luz? ¿Cómo debe ser el comportamiento de quien camina hacia la luz?

Señor Jesús, hoy que escuchamos tu llamado amoroso a despertar, concédenos que con tu Venida resplandezca la luz de tu Reino, en medio de nuestra oscuridad de injusticias y maldades. Amén.

LA VENIDA DE CRISTO


La venida de Cristo
Meditación. Un reino de justicia, de paz y de amor


Por: P. Fintan Kelly | Fuente: Catholic.net 




Entonces verán venir al Hijo del hombre...
Lc 21,25-28.34-36

Fruto:

Hay muchas venidas de Cristo: la histórica, la litúrgica y su venida al fin de los tiempos.

1. La primera venida de Cristo, la histórica, fue cuando nació en Belén. Nosotros no estábamos presentes en esa venida, pues pasó hace 2,000 años.

Probablemente a muchos de nosotros se nos ha venido a la mente este pensamiento: ¡Qué pena que no vivíamos en aquel tiempo! ¡Nos hubiera gustado haber nacido en el tiempo de Jesús y haber sido contemporáneos suyos!

Podemos estar presentes de alguna manera en esa venida histórica de Cristo por medio de la meditación del Evangelio. Usando nuestra imaginación es posible reconstruir las escenas, buscando el significado más profundo de estos eventos. ¿Por qué Dios se hizo hombre? ¿Para quién se hizo hombre? ¿Por qué escogió venir al mundo de esa manera, entre la pobreza de una cueva y la pureza de una Virgen, etc.?

2. La venida litúrgica está presente a través de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía. Cada vez que comulgamos recibimos el mismo Cristo que nació en Belén, que fue envuelto en paños por la Virgen María, que fue visitado por los magos, que fue perseguido por el cruel rey Herodes.

La Misa puede ser otro Belén para nosotros, en el cual nos acercamos al Divino Niño y lo adoramos. Cada visita eucarística puede ser un encuentro con Dios hecho hombre que nos espera en el sagrario.

3. La última venida de Cristo será al final de los tiempos. No sabemos cuando será. Un día los discípulos le preguntaron a Jesús sobre el tiempo de su última venida, pero Él respondió de una manera discreta que nadie lo sabía, sólo su Padre en el cielo.

La Iglesia debe ir preparando a la humanidad para esta venida de Cristo. No debemos dejarnos engañar por las trampas de las sectas que predicen la última venida de Cristo. La manera de hacerlo es implantar el Reino de Dios en la tierra, que es un reino de justicia, de paz y de amor.

Propósito:

Tomar conciencia de la necesidad de prepararse para la venida de Cristo esta Navidad por medio de la meditación de la liturgia cada domingo.

ADVIENTO, TIEMPO DE ESPERANZA Y PREPARACIÓN


Adviento, tiempo de esperanza y preparación para la felicidad que no termina



 El Obispo de Córdoba en España, Mons. Demetrio Fernández, dedicó su carta semanal a reflexionar sobre el Adviento que comienza este domingo 27 de noviembre y explicó que en este día comienza este tiempo de preparación para la “felicidad que no termina”.

En la carta titulada “Estad en vela, estad preparados”, el Prelado afirmó que “el Adviento es el tiempo de la espera del Señor, que viene. El cristiano no afronta la muerte como si fuera un muro impenetrable. No. El cristiano sabe que después de la vida presente nos esperan los brazos amorosos de Dios, nos espera la vida eterna en la felicidad de Dios con María y con todos los santos”.

“El cristiano se alegra y sufre como todos los mortales, pero mantiene siempre la certeza de una vida que no acaba, de una felicidad que no termina, y eso le llena de esperanza, incluso en los momentos más duros de su vida”.

El tiempo de Adviento, resaltó Mons. Fernández, “tiene este sentido de prepararnos al encuentro del Señor cuando venga a buscarnos. Que cuando llegue nos encuentre preparados y dispuestos”.


El Obispo de Córdoba también escribió que “la vida cristiana no es una repetición monótona de lo mismo, el Año litúrgico tampoco. El Año litúrgico es la celebración de los misterios de la vida de Cristo que por medio de la liturgia se nos hace contemporáneo, cercano. No es por tanto una repetición monótona, es una celebración en espiral ascendente y creciente”.

“Volvemos a celebrar el nacimiento, la vida pública, la pasión, la muerte y la resurrección del Señor que culmina en el envío del Espíritu Santo. No es lo mismo del año pasado, es siempre algo nuevo, como lo es el encuentro con una persona, aunque uno conviva con ella todos los días”.

En el Adviento, dijo el Prelado, también uno se prepara para “la venida de Jesús en la Navidad. Qué bonita es la Navidad y tanto o más su preparación. Como una madre espera con paz serena el nacimiento de su hijo, así la Iglesia entera se pone en estado de buena esperanza”.

“La esperanza es el color del Adviento. Viene Jesús a salvarnos, es el Salvador. Y su venida nos trae alegría y paz. Nos trae solidaridad con los hermanos, especialmente con los que sufren. En Navidad, Jesús es el centro y sin él no tendríamos Navidad”.

Para celebrar esta fiesta, enfatizó, es necesario preparar el corazón para el Niño Jesús que viene: “que se sienta a gusto cuando venga. Para ello, limpia tu casa, ordena tu vida, déjale entrar. Te trae alegrías que nunca olvidarás”.


Tras recordar que en el Adviento también se celebra a María, la Madre de Dios, el Obispo subraya finalmente que este tiempo está “lleno de esperanzas y cumplimiento de promesas. Nos ponemos en camino con las lámparas encendidas, con la fe ardiente y la caridad solícita”.

CALENDARIOS DE ADVIENTO 2016





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