domingo, 18 de diciembre de 2016

CUARTO DOMINGO Y ÚLTIMO DOMINGO DE ADVIENTO, 18 DICIEMBRE 2016


Hoy 18 de diciembre se celebra el Cuarto y último Domingo de Adviento


 (ACI).- Hoy celebramos el cuarto domingo de Adviento y la Iglesia invita a mirar a María, la “Virgen del Adviento”, quien desde aquel “Sí” al ángel, por nueve meses preparó humildemente su casa y su corazón para tener en sus brazos al Salvador. Ella es quien abre las puertas de la Navidad. 

En espera de su hijo, María sale al encuentro de su prima Isabel y aún gestando acude en su ayuda.

Evangelio: Lucas 1,39-45


En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»

Este domingo, las lecturas bíblicas y la predicación se centran en la disposición de la Virgen María ante el anuncio del nacimiento de su Hijo. Como ya está próxima la Navidad, la reconciliación con Dios y con nuestros hermanos ayuda a esperar la alegría de esta gran fiesta.

En ambiente de familia, se recomienda que todos los preparativos sean con el firme propósito de aceptar a Jesús en el hogar, la comunidad, el trabajo, la parroquia, etc.

FELICES 80 AÑOS PAPA FRANCISCO


¡Felices 80 años Papa Francisco!
Jorge Mario Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires Argentina


Por: Catholic.net | Fuente: ACI Prensa // Zenit.org 



El papa Francisco cumple este sábado, 17 de diciembre, 80 años. Por eso presidirá una concelebración eucarística con los cardenales residentes en Roma, ese día a las 8 de la mañana (hora de Roma), en la capilla Paulina.
Para el Santo Padre –informó la oficina de prensa de la Santa Sede– el resto de la jornada será “normal”, es decir, llena de compromisos. Recibirá al presidente de la república de Malta, al prefecto de la Congregación para los obispos, al obispo de Chur, Suiza y a la comunidad de Nomadelfia.

Biografía
Jorge Mario Bergoglio nació en el seno de una familia católica el 17 de diciembre de 1936, en el barrio porteño de Flores, siendo el mayor de los cinco hijos del matrimonio formado por Mario José Bergoglio y Regina María Sívori, inmigrantes italianos.


Fue bautizado el día de Navidad de 1936 en la Basílica María Auxiliadora y San Carlos del barrio de Almagro en Buenos Aires.
Durante su infancia fue alumno del Colegio Salesiano Wilfrid Barón de los Santos Ángeles y estudió en la Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 27 Hipólito Yrigoyen en la que se graduó como técnico químico. Luego trabajó en el laboratorio Hickethier-Bachmann.
Durante su juventud, sufrió una enfermedad a los pulmones por lo que fue sometido a una operación quirúrgica en la que le fue extirpada una porción de pulmón, lo que no le impidió desarrollar sus actividades con normalidad.
El 11 de marzo de 1958 ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús en el Seminario de Villa Devoto.  Como novicio de la Compañía de Jesús terminó sus estudios en el Seminario Jesuita de Santiago de Chile.
Entre 1967 y 1070 cursó estudios de teología en la Facultad de Teología del Colegio Máximo de San José. Fue ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969, casi a los 33 años de edad.
Continuó sus estudios de 1970 a 1971 en la Universidad de Alcalá Henares (España) y el 22 de abril de 1973 realizó su profesión de jesuita. De regreso a Argentina fue maestro de novicios en la Villa Barilari; profesor en la Facultad de Teología de San Miguel; consultor provincial de la Compañía de Jesús, cargo que ocupó hasta 1979; y rector del Colegio Máximo de la Facultad.
Fue nombrado Obispo Auxiliar de Buenos Aires por el Papa Juan Pablo IIel 20 de mayo de 1992. Cuando la salud del entonces Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Antonio Quarracino, empezó a debilitarse, Mons. Bergoglio fue designado Arzobispo Coadjutor el 3 de junio de 1997. Al fallecer el Cardenal Quarracino lo sucedió en el cargo de Arzobispo de Buenos Aires el 28 de febrero de 1998.
Durante el consistorio del 21 de febrero de 2001, el Papa Juan Pablo II lo creó Cardenal. Como Purpurado formó parte de la Comisión para América Latina; la Congregación para el Clero; el Pontificio Consejo para la Familia; la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos; el Consejo Ordinario de la Secretaría General para el Sínodo de los Obispos y la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
Fue Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, en dos períodos consecutivos desde noviembre de 2005 hasta noviembre de 2011. Integró también el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
El Cardenal Bergoglio siempre tuvo un estilo de vida sencillo y austero. Vivía en un apartamento pequeño en vez de la residencia episcopal, renunció a su limosina y a su chofer, se movilizaba en transporte público y preparaba su comida.
El Cardenal Bergoglio disfrutaba de la ópera, el tango y el fútbol, cuya pasión aún disfruta al ser socio activo del Club Atlético San Lorenzo de Almagro.
Es el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica desde el 13 de marzo de 2013.
Para felicitarle

Además, quien quiera felicitar al Pontífice, puede hacerlo a través de estas direcciones de correo electrónico:
Papafranciscus80@vatican.va (Latín), PapaFrancesco80@vatican.va (Italiano),
PapaFrancisco80@vatican.va (Español / Portugués),
PopeFrancis80@vatican.va (Inglés),
PapeFrancois80@vatican.va (Francés),
PapstFranziskus80@vatican.va (Alemán), PapiezFranciszek80@vatican.va (Polaco)
En las redes sociales, el hashtag creado para la ocasión será #Pontifex80

CÓMO EVITAR LAS DISTRACCIONES EN LA ORACIÓN?

¿Cómo evitar las distracciones en la oración?
Me pongo a rezar y al poco tiempo mi mente está en otro lado.


Por: P. Evaristo Sada LC | Fuente: la-oración.com 







Me pongo a rezar y al poco tiempo mi mente está en otro lado. Por más que intento, no logro concentrarme. Pasa lo que al niño con déficit de atención. El multitasking, tan apreciado en los dispositivos electrónicos, es un enemigo en la oración.


1. Rezar exige disciplina:
La vista ve una cosa, los oídos oyen otra cosa, el gusto gusta otra cosa…. La imaginación imagina una cosa, la memoria recuerda otra cosa… La mente piensa una cosa, la voluntad quiere otra cosa… Los 5 sentidos, los sentidos interiores (memoria e imaginación) y las facultades superiores (inteligencia y voluntad) pueden atender cosas diferentes a la vez y cada una a su manera. La concentración depende del dominio que tengamos sobre nuestros sentidos y facultades. Hay personas a quienes se les facilita la concentración, otras a las que se les dificulta de manera especial.


Para concentrarnos debemos disciplinarnos.
Lo sabe todo buen estudiante. Imaginemos a un universitario que debe resolver un complicado problema de álgebra en menos de quince minutos. Mientras lo hace tiene delante un televisor encendido, la música estridente a todo volumen, está chateando con su novia, la imaginación en el mejor gol de la temporada que espera presenciar por la tarde en el estadio y la memoria en la fiesta de anoche… Si quiere resolver el problema de álgebra debe concentrarse. Y esto requiere disciplina: apagar la televisión, quitar esa música, decirle a su novia que la buscará más tarde, quitar todo elemento que pueda distraerle, cerrar la puerta y tal vez también las cortinas, sentarse correctamente y centrar toda su atención en el problema que debe resolver.


Cuando hacemos oración necesitamos centrarnos, concentrarnos. Para concentrarnos tenemos que ayudarnos eligiendo la hora, el lugar, la postura, el ambiente, etc. Ir al lugar que más te ayude, ordinariamente ayudan más los espacios pequeños, cerrados, bien ventilados, silenciosos, con poca luz. Tomar una postura respetuosa, cómoda, atenta (puede ser sentado con la espalda recta, de rodillas o como más ayude a cada uno). Apartar o cerrar las puertas a todo aquello que distraiga o pudiera distraer (ruidos, imágenes, objetos, personas, desorden…), poner aquello que ayude a concentrarse (postura adecuada, ojos cerrados, luz cálida, un crucifijo, una veladora, las gotas de un fuente serena…). Elegir la hora en que la mente esté más serena: para algunos será al inicio del día, para otros al atardecer.


Cuanto más se hace oración, más se facilita la concentración y más se forma el hábito de recogimiento. Pero en esta materia de las distracciones nadie puede decir que tiene la batalla ganada, siempre será una dificultad y siempre exigirá disciplina.


2. Rezar exige voluntad

Para orar es necesario un ambiente de quietud. Quietud es tranquilidad, sosiego, reposo, calma, estabilidad. Una quietud del cuerpo, pero sobre todo quietud interior, quietud profunda. La quietud podemos llevarla con nosotros a todas partes aunque estemos rodeados de ruidos y jalonados por la actividad cotidiana.

Por más agradable que algo sea, si se trata de algo exigente, se requiere la intervención de la voluntad que debe decir: "Yo quiero hacer esto y lo quiero hacer bien". Tomas las riendas de todas tus facultades y te esfuerzas por hacer aquello que quieres hacer. En el caso de la oración lo que quieres hacer es centrarte en la persona de Cristo, pensar en Él, estar con Él. Y pedirle al Espíritu Santo que te lo conceda.

Distraerse significa verse atraído por otra cosa que te atrae con más fuerza. Si tú quieres centrar toda tu atención en la persona de Cristo y hay estímulos que te atraen y te distraen (ruidos, personas, objetos, recuerdos, pendientes….), necesitas actuar tu voluntad y hacer lo que quieres hacer.

Cuando algo te distraiga, puedes valerte de eso mismo para regresar a Dios. Por ejemplo: si te distrae una persona que está haciendo ruido, puedes hacer de eso materia de tu conversación con Jesús y decirle: "Como ves, Señor, soy débil y me distraigo con facilidad; te pido por esa persona, y a mí ayúdame a conocerte mejor, ahora quiero estar a solas contigo profundizando en esta faceta de tu personalidad que estaba contemplando…" Y vuelves a tomar el hilo de tu meditación o contemplación a través de un diálogo muy natural con Jesús.

Si se te dificulta mucho la concentración, puedes probar si te ayuda ponerte a escribir en la oración tus coloquios con Cristo.

Y todo esto, no por un afán voluntarista, de quien piensa que la oración “se la hace solo”, o de quien piensa que reza mejor cuanto más concentrado está. Buscamos más bien disponer nuestra alma, disponer todo nuestro ser, para escuchar a Dios, para dejarle actuar, para no oponer obstáculo a su gracia. Es como el "sí" de María en la encarnación del Hijo de Dios. Ella dice que sí quiere y el Espíritu Santo se encarga del resto.

3. Rezar exige atender al Huésped
"Cuando ores, entra a tu cuarto, cierra la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto…" (Mt 6,6) Dios habita en nosotros desde nuestro bautismo, es el huésped de nuestra alma, nosotros somos morada de Dios. Un huésped merece atención. Del anfitrión se espera que esté con el huésped mientras le acompaña en su casa. El Espíritu Santo está siempre con nosotros, dentro de nosotros. Por tanto, espera que le pongamos atención y estemos con Él.

Lo más común es que nuestro espíritu ande ocupado en muchas cosas y le cueste centrarse en la presencia de Dios vivo. Al orar, hay que dejar todas las criaturas a un lado. Actuar nuestra fe y recordar la presencia de Dios, contemplar en la fe al Dios que me invade y me da vida desde dentro. "Olvido de lo creado, memoria del Creador, atención a lo interior y estarse amando al Amado." (San Juan de la Cruz).

La vida interior consiste en volver nuestra mirada, nuestro oído, nuestro pensamiento, nuestros afectos al Espíritu Santo que mora en nuestro corazón. El hábito que debemos formar es el de una atención amorosa al Espíritu Santo, dulce huésped de nuestra alma.


Él es la Fuente de la quietud profunda. Al volcar toda tu persona hacia Dios, en Él reposas, su presencia te llena de confianza, te serena, es fecundo manantial de paz. Lo que buscamos, pues, es que el centro de nuestra atención esté en Dios, en actitud de adoración, en un clima de fe, de amor y de confianza.

Alguien podrá decir: todo esto ya lo sé. La pregunta no es si ya lo sabes, sino si ya lo haces. Y si lo haces siempre.


 
--- Si quieres ver este artículo en la La-Oración.com da click  aqui

CREER Y AMAR

Creer y Amar
Creer es fácil porque estamos hechos para amar. Amar es posible porque otros se han fiado de nosotros y vivimos gracias a aquellos de los que nos hemos fiado.


Por: P. Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Gama - Virtrudes y Valores 



Entre el creer y el amar hay una relación tan estrecha, tan íntima, que nos resulta difícil responder a la pregunta: ¿uno ama porque cree, o uno cree porque ama?

En efecto: creer, fiarse, dar la propia confianza a otra persona es posible solamente si uno ama, si uno descubre la bondad que el otro encierra.

Un hijo se fía ciegamente de su madre porque la ama (y porque se siente profundamente amada por ella). Un esposo confía sin condiciones la economía familiar a su esposa sólo si está profundamente enamorada de ella, hasta el punto de dejar en sus manos los secretos más profundos de su corazón... y de su cartera.

A la vez, amamos a los demás cuando somos capaces de renunciar a pedir pruebas y nos fiamos, nos abandonamos a la fe.

El esposo o la esposa aman sin tener una total certeza de lo que vaya a ser la vida matrimonial. Un matrimonio que sea simplemente un contrato para estar juntos mientras todo ocurra según lo que a cada uno le parezca bien es la negación más completa del amor. Un hijo que antes de tomar la sopa que le ha preparado su madre (o su padre, pues los maridos cada día aprenden a cocinar mejor...) hace un análisis clínico para comprobar que no tenga veneno no refleja sólo que le falta fe en sus padres, sino también, con toda seguridad, que en esa familia no hay verdadero amor.

Hay algunos que dicen que el mundo actual vive una profunda crisis de fe, que casi no es posible creer en el siglo XXI. Si esto fuese verdad, habría que afirmar también que el mundo vive una crisis de amor, pues sin fe es imposible amar.

Cuando no podemos fiarnos del otro tampoco podemos llegar a vivir, en profundidad, lo que significa amar. Porque amar, como creer, es darle al otro o a la otra, al padre o al hijo, nuestro afecto por encima de las pruebas empíricas que podamos tener para estar “químicamente seguros” de la bondad y de la honradez del otro.

Vivir buscando siempre, en todos los asuntos y aventuras de la vida, pruebas absolutas de que nadie nos engaña es encerrarse en uno mismo hasta los límites de la locura. Un mínimo de salud mental nos pide vivir, un poco o un mucho, agarrados de la fe la mayor parte de nuestros actos, desde que nos saluda el portero de casa hasta el momento en el que tomamos una pastilla que hemos comprado en la farmacia.

Incluso para los que han sufrido la amargura del engaño y la traición, descubrir que los engañadores son pocos o, al menos, no son todos, permite abrir el corazón para empezar a amar. Con todos los riesgos, pero con todas las ventajas que el amor lleva consigo. Es mejor equivocarse porque uno se fía “de más” que equivocarse porque uno “acierta” siempre al no fiarse de nadie... pero falla en lo más importante: en el ser capaz de amar.

Creer es fácil porque estamos hechos para amar. Amar es posible porque otros se han fiado de nosotros y vivimos gracias a aquellos de los que nos hemos fiado. Así de sencilla es la ley de la vida humana. Así de fácil es el camino de la felicidad.
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