lunes, 19 de diciembre de 2016

AMIGOS GRATIS

Amigos gratis
Un verdadero amigo es más que un contacto de e-mail. Es un tesoro en esta tierra, que se camufla de padre, hermano, maestro, compañero… y que no es fácil encontrar en facebook.


Por: Fco. Uriel Argüello, L.C. | Fuente: Gama - Virtudes y Valores 



El e-mail ha revolucionado dos contextos sociales: la comunicación y la amistad. La primera, la ha mejorado. La segunda, diluido.

Antiguamente las comunicaciones se enviaban mediante correos, hombres dedicados a recorrer los caminos para mantener informados a reyes, príncipes, eclesiásticos, negociantes, señores, familiares y amantes. Un correo urgente recorría a pie hasta 60 km. en un día. Uno ordinario sólo 35 km. Gracias al e-mail un correo ordinario y uno urgente recorren la misma distancia en el mismo tiempo. Tardando hasta 3 ó 4 segundos en darle la vuelta al mundo. Hoy, gracias al e-mail, políticos, párrocos, empresarios, conocidos y novios se mantienen informados al instante.

Antiguamente la amistad era un proceso lento, largo y complejo. Dos personas cruzaban miradas por la calle y pasaban de largo. A los pocos días se volvían a encontrar, quizá se sonreían. Luego, coincidían en un negocio, se saludaban y despedían educadamente. Más tarde se reencontraban en un transporte público y conversaban durante el trayecto. Uno acompañaba al otro a su casa. Se cambiaban preguntas “indiferentes”: ¿Qué te gusta? ¿Qué haces? ¿Cuándo nos vemos? Pero aún no eran amigos. La amistad florecía en ellos cuando sembraban la confianza y la flor perduraba más de una vida. En aquellos tiempos los amigos confiaban en los amigos, porque eran verdaderos amigos.

Hoy la “amistad” es un proceso rápido, corto y simple. Basta crear un correo electrónico para recibir propuestas de amistad. Con un click se puede ser “amigo” de alguien desconocido. Compartir fotos y simpatía con cientos de personas. En el mundo actual los “amigos” abundan, son gratis. El correo electrónico permite cultivar abundantes, íntimas y fieles amistades, conservándolas en un seguro facebook. Ya no hace falta salir, ver, saludar, coincidir, hablar, preguntar y mucho menos confiar para gozar de un amigo.

Carlos, por ejemplo, cuenta con 365 amigos y 27 fotos. Un amigo para cada día del año, si todo va bien. Cuando envió una circular de amistad, pidiendo dinero prestado para pagar la colegiatura, recibió trescientos mensajes rebotados, sesenta virus y cinco respuestas con un tajante ¡no! Carlos se sorprendió de las “amistosas” respuestas. Pidió a un compañero en quien confía y le ayudó. Carlos cuenta con un amigo y un correo saturado de mensajes.

Desde luego que un amigo no es quien presta dinero, sino quien da la cara en momentos difíciles. Quien escucha y comprende. Quien busca por encima de todo nuestro bien. Quien nos ofrece su cariño y su tiempo. Quien no tiene miedo de decirnos las cosas claras, porque confía en nosotros. Un verdadero amigo es más que un contacto de e-mail. Es un tesoro en esta tierra, que se camufla de padre, hermano, maestro, compañero… y que no es fácil encontrar en facebook.

CÓMO HAGO PARA ESCUCHAR LA VOZ DEL ESPÍRITU SANTO?

¿Cómo hago para escuchar la voz del Espíritu Santo?
El Espíritu Santo tiene su timbre propio; y por el timbre lo conocemos


Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE | Fuente: TeologoResponde.org 



Pregunta:

Querido Padre: Vengo de una familia muy religiosa, y mis padres siempre me han dicho que debo escuchar la voz del Espíritu Santo antes de tomar decisiones importantes. Estoy, en estos momentos, en circunstancias difíciles en que muchas cosas se me tambalean en la vida; me han venido a la memoria aquellas palabras de mis padres, pero también cierta duda de cómo debo entenderlas. ¡Yo quiero escuchar al Espíritu Santo, pero no estoy segura de qué quiere decir esto! ¿Me puede ayudar?

Repuesta:

Estimada:
El Espíritu Santo habla en el interior del corazón humano. San Bernardo decía que para el Espíritu no hay puerta cerrada, ni estorbo que pueda impedir su entrada, ya que es el dueño y señor absoluto de nuestro espíritu.
Y cuando habita dentro, el efecto que se sigue es que se escucha su voz. Nosotros identificamos a las personas que nos hablan por el timbre de la voz. También el Espíritu Santo tiene su timbre propio; y por el timbre lo conocemos. Ese timbre son sus efectos interiores.
El Espíritu cuando obra en el alma produce: óptimo consuelo, dulce refrigerio, descanso en los trabajos, frescura en el estío, bálsamo en el dolor; Él lava y purifica la inmundicia, riega nuestra sequedad, fecunda la aridez, sana y cura las heridas, flexibiliza lo que se ha endurecido, templa lo que se ha enfriado, endereza lo que se ha torcido. Estos son los efectos que la liturgia de la Iglesia le atribuye en uno de sus más bellos himnos, el Veni, Sancte Spiritus.


En pocas palabras, produce frutos:
  • 1º de penitencia por el pecado propio,
  • 2º de misericordia hacia los defectos ajenos,
  • 3º de alegría y consuelo por los bienes del prójimo,
  • 4º deseos de santidad. Cuando nos sentimos inclinados, pues, a fructificar de este modo, estamos oyendo su voz en el interior del alma.
En cambio el mal espíritu, ya sea el demonio como nuestra misma naturaleza herida por el pecado, obra lo contrario:
  • 1º empuja a la desesperación y a la impenitencia por los pecados propios,
  • 2º nos endurece ante las miserias ajenas;
  • 3º nos entristece y llena de envidia ante los bienes del prójimo,
  • 4º nos hace tibios frente a la santidad. Cuando nos sentimos, entonces, arrastrados a estas cosas, no es la voz de Dios la que resuena en nuestro corazón sino la de nuestro enemigo espiritual.
De ahí que debamos siempre pedir oír la voz del Espíritu, pero también reconocerla una vez oída, y seguirla prontamente y solícitamente cuando se la ha reconocido; de lo contrario, cuando desoímos su voz ésta deja de sonar en nuestro corazón.
Puede ver como bibliografía las Reglas de discernimiento de espíritus que trae San Ignacio en sus Ejercicios Espirituales (nn. 313-336).

MARAVILLA EN SILENCIO


Maravilla en silencio
Meditación para el 4o Domingo de Adviento


Ya estamos a unos cuantos días del nacimiento de Jesús, que no atropellemos el tiempo de Dios, que demos espacio al silencio, a la oración y a la contemplación del gran misterio


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo Coadjutor de la Diocesis de San Cristobal de la Casas | Fuente: Diocesis de San Cristóbal de Las Casas 



Isaías 7, 10-14: “He aquí que la virgen concebirá”
Salmo 23: “Ya llega el Señor, el rey de la gloria”
Romanos 1, 1-7: “Jesucristo, nuestro Señor, nació del linaje de David”
San Mateo 1, 18-22: “Jesús nació de María, desposada con José, hijo de David”



Parece de risa pero es cierto. ¡Celebraron un aniversario más de la llegada de la mariposa monarca a suelos michoacanos! Bueno, al menos algunos noticieros así lo titularon y ya después explicaban la noticia: “En 1975, después de una larga búsqueda por décadas donde participaron miles de voluntarios y se extendió por todo un continente, Ken Brugger y Catalina Aguado encontraron uno de los más bellos misterios de la naturaleza: el lugar de hibernación de la mariposa monarca”. No fue el primer año que vinieron las mariposas. No llegaron porque alguien se haya percatado. Ya nuestros ancestros mazahuas daban fe de la presencia misteriosa y sorprendente de las “palomas de las ánimas”. Ya llegaban en nubes silenciosas, ya permanecían escondidas entre oyameles…  Era una maravilla sólo conocida por los lugareños. Allí estaba el prodigio, escondido y cercano, sólo para los sencillos. ¿No nos pasará igual con la Navidad que pasa desconocida para muchos? ¿No se percatarán del misterio sólo los sencillos y cercanos?
Las más grandes maravillas, los más grandes acontecimientos son los que menos ruido hacen. El esperado de las naciones, el Dios vengador y justiciero, la gloria y verdad de Israel, llega al mundo en un abrumador silencio. Así es la vida de Dios: silenciosa, humilde, sin prisas, con respeto, pero muy fiel. Hoy nos lo hace saber este cuarto domingo de adviento. En medio de muchos ruidos, en medio de escándalos y gritos de un mundo atronador,  silenciosamente se va acercando la Navidad. Ya está a la puerta. El Evangelio de San Mateo nos narra la sencillez del gran misterio: una muchachita olvidada en las montañas de la desconocida Nazareth; un hombre justo, honrado, que no quiere desprestigiar a su prometida, son los desconocidos protagonistas. Los sueños, la revelación, la aceptación… todo cobijado por el silencio y por la humildad de estos sencillos campesinos. Y ahí se engendra el más grande misterio de la humanidad: “Dios con nosotros”
El Adviento nos ha llevado de la mano hasta el más grande misterio del cristiano: “la presencia de Dios que salva” en medio de los hombres, resumida en dos nombres: Jesús, Dios-Salva; y Emmanuel, Dios-con-nosotros. Dios para manifestarse se confía a la carne, se sirve de nuestra carne. La Encarnación no es sólo un discurso, ni una apariencia, el Hijo de Dios se hace hombre realmente. Jesús de Nazareth se ha hecho un hombre en medio de los hombres, un hombre como nosotros. Y se ha hecho hombre para salvarnos. Navidad es la presencia de Dios que salva. Si Dios está con nosotros todo cambia: todos somos hermanos, tiene sentido la vida, renace la esperanza. Si Dios se hace carne, transforma la humanidad, le da dignidad, la enaltece.

San Mateo se encarga de resaltar este vínculo tan grande con el pueblo de Israel, da una larga lista de sus raíces con nombres de todos colores y sabores: los hay santos y perversos, los hay judíos y extranjeros, hay hombres y mujeres. Todos contribuyen  a “formar” al Emmanuel, para que el Emmanuel sea de todos. Pero ¿estamos dispuestos a aceptar esta presencia? El Dios-con-nosotros, es decir, participante de nuestras vidas, metido en todos nuestros momentos, envuelto en las acciones profanas de nuestra existencia, gozando y sufriendo nuestras alegrías y dolores, puede resultar una presencia incómoda. Nosotros queremos a Dios presente en nuestras vidas pero sólo en determinados momentos y puede resultar embarazoso sentirlo siempre junto a nosotros. ¿Cómo sentir al Emmanuel cerca al corazón y continuar odiando al hermano? ¿Cómo saber que de Dios se hace carne, y alentar guerras, desprecios e injusticias?  Sin embargo se necesita aceptar con la Encarnación el riesgo de un Dios que unido a la carne hace camino con nosotros. Necesitamos “familiarizarnos” con este Dios que pone su tienda no en un lugar privilegiado sino precisamente en su tiempo y en la carne, y por tanto también en nuestro tiempo y en nuestra carne.
Desde que Dios se hace carne, en el silencio y la humildad, no podemos mirar con desprecio ningún hermano, nuestro carne; desde que el Dios Vivo toma vida, hueso y sangre, de una mujer, deberíamos mirar con gran respeto y  cariño a toda mujer; desde que el Siempre Firme, se hace caminante para surcar nuestras veredas, todo migrante adquiere la categoría de hermano nuestro; desde que el Siempre Eterno se hace niño, débil e inocente, todo niño se hace merecedor de protección y ternura. ¿Estamos dispuestos a reconocer a Dios en medio de nosotros? ¿Preferimos dejarlo abandonado en la belleza romántica de un nacimiento a encontrarlo vivo y presente en los hermanos? ¿Lo cambiamos por un simpático viejo regordete que carcajada a carcajada nos permite alejarnos del silencio salvador pero comprometedor del Niño-Dios?
La semilla cae donde hay tierra abierta, pero una vez acogida por ella, la transforma y le da vida. Cuando una persona entra en la vida de otra o en la historia de una comunidad, se producen irremediablemente cambios y transformaciones. La venida de un niño cambia el rostro de una familia, las costumbres de los esposos, hasta los muebles, los horarios, los ruidos, todo cambia. Nosotros ¿queremos acoger a Jesús Niño y seguir con nuestra vida? No, Cristo Niño nos transformará, nos cambiará. Quizás sea por eso que no queremos aceptar, a corazón abierto, su presencia, por el riesgo de cambiar, de transformarnos, por el miedo al compromiso.
Ya estamos a unos cuantos días del nacimiento de Jesús, que no atropellemos el tiempo de Dios, que demos espacio al silencio, a la oración y a la contemplación del gran misterio. No destruyamos con nuestras prisas, la vida inocente que se acerca. De todo corazón deseo a todos ustedes que encuentren la verdadera felicidad, que realmente esta Navidad llene  su corazón, su hogar y su comunidad, el “Dios que salva”, “El Dios con nosotros”.

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que hemos conocido por el anuncio del Ángel la Encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su Pasión y su Cruz, a la Gloria de la Resurrección. Amén
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...