miércoles, 26 de abril de 2017

MUJER SE BAUTIZÓ CATÓLICA EN LA PASCUA 2017

Rachel Corbin probó muchas religiones... se bautizó católica en la Pascua 2017
Ella no sabía nada del catolicismo, sólo prejuicios aprendidos gracias a la prensa


Por: Timothy L. Williams | Fuente: Southern Cross // Religion en Libertad 



Rachel Corbin es una joven norteamericana que ha sido bautizada en esta Pascua, en Savannah, Estados Unidos. Dice que hace unos pocos meses no podía ni imaginar que algo así sucedería.
Ella no sabía nada del catolicismo, sólo sabía que los católicos tenían “ya sabes, rosarios e iconos”.
Ella siempre tuvo interés en las cosas religiosas y espirituales. Ella lo explica así a Southern Cross, el diario de la diócesis de Savannah: “Probé muchas religiones distintas y, simplemente, no llenaban. Siempre sentía que algo faltaba, siempre había dudas en los caminos espirituales que tomaba. Nunca había la plenitud que buscaba. Era como estar sumergida bajo el agua intentando llegar a la superficie, a que algo me agarrase desde arriba para salir”.
Un bonita catedral: "entremos"
Visitando a su prometido en Savannah vio la catedral (savannahcathedral.org). “Mira,es realmente bonita, ¿podemos entrar?”, le dijo. “Sí, vamos a verla, nunca estuve aquí”, dijo él.

Y nada más entrar, sucedió.


“Fuimos y fue como ‘bum’, ¿sabes? Lo primero que sentí fue como una presencia muy fuerte, que no era abrumadora, ni nada malo, sino como una presencia que daba la bienvenida. Casi como tranquilizándome. Nunca había sentido eso antes. Pensé que era muy extraño, y empecé a apreciar todo lo que había allí. Pensé: quizá aquí hay algo que debería examinar...”
Al principio solo quería eso, examinar, explorar esas “cosas católicas” de las que no sabía nada de nada. Pensó: “tengo Pinterest, puedo buscar temas, puedo aprender un poquito...”. “Siempre me ha interesado la religión, aprender cosas”. Simplemente, reconoce, “tenía muchos prejuicios contra el cristianismo”.
La respuesta correcta pero exigente
Pero investigando el catolicismo y leyendo empezó a pensar, después de haber explorado antes otras religiones y opciones: “Quizá esta es la respuesta correcta”.

Veía obstáculos. La vida católica es exigente, una apuesta firme por el bien, la virtud, el caminar con Dios... “He sufrido de baja autoestima, de dudar sobre mí misma, y pensaba, no sé si yo podría ser una buena católica”.
Pero una noche rezó a Dios y le dijo: “Si esto es lo correcto, simplemente ponte detrás de mí y empújame al otro lado de la puerta. Y eso es lo que pasó”.
Asombrada por la acogida
Una cosa que le asombró de ser acogida en la Iglesia y de conocer cristianos es “lo acogedores que son”. “Desde fuera todo parecía muy conservador, como una comunidad muy cerrada, o eso es lo que los medios de comunicación muestran, peroen realidad es todo extremadamente acogedor. Gente supermaja”.

Han pasado solo unos meses desde que sintió aquella presencia al entrar en la catedral pero hoy tiene clara su opción: “Esto es lo que Dios quiere que haga, es lo que está bien”.
Artículo publicado en Religion en Libertad
Artículo original en inglés publicado en SouthernCross


FANTASMAS, DEMONIOS E INFIDELIDAD

Fantasmas, demonios e infidelidad
Exorcista resuelve extraño caso de la vida real


Por: Patti Armstrong | Fuente: National Catholic Rebister // ACI Prensa 



Temerosa de que el espíritu de su fallecido ex esposo la acechara, una mujer buscó al P. Vincent Lampert, exorcista de la diócesis de Indianápolis, estado de Indiana (Estados Unidos).
Desde que murió su ex esposo, cosas extrañas sucedían en la casa. La mujer vivía sola y cuando sus muebles se movían no había a quién culpar. Fue especialmente desconcertante que una vieja foto de su matrimonio apareciera una y otra vez sobre una mesa, pese a que ella constantemente la cambiaba de lugar.
El matrimonio había terminado debido a la infidelidad. Cuando el esposo le anunció que la estaba dejando por otra mujer, la esposa le dijo “¡púdrete en el infierno!”
El tiempo pasó, y el ex esposo desarrolló una enfermedad terminal. Antes de su muerte, se arrepintió del adulterio y le pidió perdón a su esposa. “¡Púdrete en el infierno!” fue la respuesta de ella, pues no tenía intención de perdonarlo por el intenso dolor que le había causado y por destruir su matrimonio.
Pero ahora, después de su muerte, parecía que él estaba haciendo notar su presencia a su ex esposa. ¿La estaba acosando por venganza? ¿O realmente estaba en el infierno ahora y la estaba castigando de alguna forma?


Después de evaluar la situación, el P. Lampert consideró que el hombre estaba en el purgatorio y necesitaba oraciones. Dios le permitió que hiciera notar su presencia ante su ex esposa. “La convencí de perdonarlo”, dijo el sacerdote. “Recé por él junto a ella y todo se detuvo”.
¿Demonios o almas en el purgatorio?
No es la primera vez que el P. Lampert encontraba un caso así. “He celebrado Misas en lugares donde suceden este tipo de cosas y eso (rezar) usualmente lo resuelve”, dijo. “Durante la Misa, cuando rezamos por la persona y todo se tranquiliza, entonces sabemos que esto era lo que se necesitaba”.
¿Eso quiere decir que las casas “embrujadas” son reales? La avalancha de programas televisivos, películas y libros sobre caza fantasmas, ha aprovechado este concepto. Muchas personas no creen en casas embrujadas mientras que otras piensan que este tipo de hechos se deben a la acción del demonio. ¿Pero existe acaso algo así como un fantasma amistoso?
“Creo que las almas pueden actuar en esta realidad si necesitan oraciones y si Dios se lo permite”, dijo el P. Lampert. ¿Cómo entonces podemos saber si es un alma en el purgatorio ocasionando actividad misteriosa en una casa o si eso es obra del demonio? “Si todo se calma cuando comenzamos a rezar, entonces es un alma del purgatorio”, explica el sacerdote.
“Si es el mal, las cosas se vuelven más turbulentas porque un demonio es atormentado por la oración”.
Muchas personas han acudido al P. Lampert informando de sucesos extraños en sus hogares. “Si es una alma que está atrapada, está buscando oraciones e intentando llamar la atención de la gente”, explicó, “necesita esas oraciones para avanzar a donde necesita estar”.
Antes de actuar en una situación de una casa “embrujada”, el P. Lampert dijo que tiene que investigar y pasar por un tiempo de oración. “Soy usualmente muy cauteloso antes de aceptar celebrar una Misa”.
“Diría unas oraciones para alejar el mal, pero no celebraría una Misa. No quiero que suceda nada que pueda profanar la Eucaristía”.
Si un demonio se manifiesta durante un exorcismo, advirtió, un sacerdote debe tener gran cuidado para proteger la Eucaristía.
La palabra invisible
El P. Patrick (seudónimo) es un párroco y, sin el conocimiento de sus feligreses, también es el exorcista de su diócesis. Cuando se le preguntó si existen fantasmas, recordó las palabras del Credo Niceno: “Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador de todo lo visible y lo invisible”.
“Si, como un cristiano normal, no reconoces el mundo invisible, entonces estás ciego a mucho de eso”, señaló. Además de los 9 coros de ángeles y demonios, el presbítero dijo que existen todas las almas que alguna vez estuvieron unidas a los cuerpos.
“Tras la muerte, nuestras almas estarán en el cielo o en el infierno, pero hay quienes no están aún en el cielo debido a sus imperfecciones”, explicó el P. Patrick.
El exorcista señaló que a veces estas almas “están atadas a cosas aquí sobre la tierra. Creo que es lo que la gente llama fantasmas: almas sin cuerpo aún atadas a cosas o personas”.
El P. Patrick advirtió a las personas que no recurran a cazafantasmas que buscan casas embrujadas y traen sus equipos paranormales. “Ellos comienzan a preguntar por cosas para mostrar y a provocar a los espíritus para tener una respuesta”, dijo.
“Eso es de hecho abuso. Eso es no respetar a un alma que vive ahí. Eso es como montar cámaras donde vives y poner micrófonos en tu cara mientras estás tratando de desayunar”.
En vez de eso, el P. Patrick recomendó que recemos por las almas de las personas fallecidas. Y si alguien piensa que su casa está “embrujada”, debería pedir ayuda al sacerdote de su localidad.
Traducido y adaptado por David Ramos para ACI Prensa
Artículo publicado originalmente en el National Catholic Register

CÓMO ESTUDIAR LA BIBLIA?


¿Cómo estudiar la Biblia?


Hoy, más que nunca, debemos tener una cierta preparación para iniciar una lectura seria de la Biblia 


Por: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá | Fuente: Para dar razón a nuestra Esperanza, sepa defender su Fe 



Hoy día en muchas familias católicas encontramos la Biblia como el libro sagrado de la casa. Ojalá que pronto llegue el día que cada católico sea un asiduo lector de la Escritura Sagrada.
Pero muchos que comienzan a leerla, después de algunos capítulos la dejan de lado por no comprender casi nada. Dicen que leer la Biblia les resulta difícil. Es un libro tan largo y a veces difícil, especialmente para uno que sabe poca historia y poca geografía, y no tiene costumbre de ubicar lo que lee en su propio contexto.
También se da el caso de católicos que, comienzan a leer la Biblia, y se dejan llevar por interpretaciones parciales, caprichosas y fanáticas que poco a poco lo llevan a uno a adherir, por mero sentimentalismo, a algunas de las muchas sectas bíblicas ya existentes, apartándose, por ignorancia, de la Iglesia Católica.
Y no faltan los que quieren leer toda la Biblia sin alguna explicación; o toman la Biblia como un juego de naipes abriendo el libro al azar, o saltando por aquí o por allá y piensan que Dios automáticamente les comienza a hablar. Es un riesgo muy grande; es como jugar a la suerte.
Para evitar estos peligros, no basta leer la Biblia con fe y devoción. Hay que juntar la fe, la oración y la devoción con el estudio. Leer la Biblia sin una adecuada preparación es tentar a Dios. Hay que prepararse para leerla. Si no, puede suceder cualquier cosa. La historia de nuestra fe es así.

Queridos hermanos, esta carta tiene como finalidad introducirnos en el estudio de la Biblia. Hoy, más que nunca, debemos tener una cierta preparación para iniciar una lectura seria de la Biblia. Para muchos, la Biblia sigue siendo un hermoso libro cerrado que adorna nuestra biblioteca. El problema es: ¿cómo leer, cómo comenzar con este libro? Siempre ha sido difícil la iniciación a la lectura de la Biblia. Exige de nosotros paciencia, humildad, serenidad y una cierta disciplina intelectual.

En esta carta vamos a indicarles algunos consejos prácticos para comenzar el estudio de la Biblia.

Las mejores Biblias

Muchas personas se preguntan cómo conseguir una buena edición moderna de la Biblia Católica.
Hoy existen muy buenas Biblias católicas; les recomendamos la Biblia de Jerusalén, la de la Casa de la Biblia y otras.



Da pena ver gente ansiosa de conocer la Biblia y lo hace con ediciones demasiado antiguas, incluso incompletas, sin introducciones, ni comentarios; o con ediciones de bolsillo que está bien para llevarlas a un paseo pero no para hacer estudios serios con ellas.

Una Biblia de uso personal 

Conviene que cada persona tenga su propia Biblia en la que libremente vaya subrayando los textos más importantes o más significativos en relación con nuestra vida de fe, con nuestro seguimiento de Cristo, con nuestra vida de oración, de evangelización, etc. E incluso uno va poniendo anotaciones personales, inquietudes originadas de la propia reflexión y experiencia pastoral, apuntes tomados de cursillos, retiros, libros... Sólo así se aprenden las cosas, y con gusto.

Conocer bien la propia Biblia

Es decir, antes de estudiar el texto sagrado, hay que echar un vistazo general a la edición de su Biblia; ver qué dicen los editores sobre el manejo del libro, ver cómo se citan los libros, qué introducciones hay, qué notas, mapas, o temas especiales, etc... Esto puede ahorrar mucho tiempo y trabajo. No hay por qué anotar en cuadernos o papelitos cosas que ya están muy bien puestas en las notas más importantes.

Así por ejemplo, la Biblia Latinoamericana pone una especie de introducción muy buena, titulada: «¿Qué hubo en el mundo antes de la Biblia?». También tiene un «Índice del Evangelio» bien práctico y una serie de temas breves con el título de «La enseñanza bíblica» que pueden ayudar mucho. Además hay otros temas.
La Biblia de Jerusalén, entre tantas cosas excelentes, trae casi al final una sinopsis cronológica muy útil para ubicar los acontecimientos bíblicos dentro de la historia, de la geografía y de las otras culturas relacionadas con la Biblia. La Nueva Biblia Española tiene, al final, un vocabulario bíblico teológico muy bueno. Cada uno debe familiarizarse bien con su propia Biblia.

Leer y estudiar las Introducciones 

Es muy conveniente leer las Introducciones que se ponen a cada libro o a los diversos grupos de libros. Casi todas las Biblias modernas católicas tienen muy buenas introducciones. La Biblia de Jerusalén es excelente en este punto y es la que ha inspirado casi todas las ediciones posteriores de la Biblia.

Algunas personas se dedican primero a leer y estudiar todas las introducciones de cada libro y luego comienzan la lectura del texto bíblico mismo. Es lo mejor.

Leer y meditar la Biblia

A continuación, ya se puede comenzar a leer y a estudiar el texto bíblico. Pero la Biblia es muy larga, y para todos nosotros nos resultará muy difícil, si no imposible, leerla toda desde la primera página hasta la última. Por tanto, hay que ser prácticos.

Si es la primera vez que te acercas a la Biblia, te proponemos un itinerario de lectura:
a) Empieza con el Evangelio de San Lucas. En él podrás conocer los rasgos más atrayentes de Jesús de Nazaret, nacido de María.

b) Continúa con el libro de los Hechos de los Apóstoles. Allí podrás ver la hermosa actividad de la Iglesia naciente.

c) Después te recomendamos volver a los Evangelios, primero Marcos, luego el de Mateo y finalmente el de Juan.

Puedes intercalar, al fin, la lectura de alguna Carta de los Apóstoles: por ejemplo, a los Corintios, los Tesalonicenses, etc.
Otra forma es tener un calendario litúrgico y leer las lecturas que corresponden al día.

El Nuevo Testamento

Para el cristiano lo más importante son los cuatro Evangelios, que son el alma de toda la Biblia, y luego los otros libros del Nuevo Testamento. Eso ha de ser el objetivo constante de nuestra lectura o estudio. Pero es bueno conocer, siquiera básicamente, el Antiguo Testamento: Génesis, Éxodo, Deuteronomio, Josué, 1 y 2 de Samuel, 1 y 2 de Reyes, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar, Sabiduría, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Amós, Miqueas, Jonás.

Lectura y meditación de la Biblia

Después de haber leído la introducción de un libro, comienza a leer el texto mismo. No te apresures en leer todo de una vez. Lee solamente un pasaje, o un párrafo. Lee con atención y respeto, abriendo tu corazón a lo que Dios te quiere expresar. Subraya los textos que te impactan.

En la primera lectura de un texto, te conviene leer siempre las notas explicativas que se encuentran debajo del texto bíblico. Estas notas explicativas y los comentarios van a clarificarte la comprensión de los textos bíblicos más difíciles. Son explicaciones escritas por especialistas y hay que tratar de entenderlas y, normalmente, han de ser aceptadas con confianza. Muchas personas, por no leer atentamente las notas explicativas quedan sin comprender un texto en su contexto propio, sin comprender los diversos estilos y doctrinas, y luego abandonan la lectura por aburrimiento.

Los cursillos bíblicos intensivos, con un buen profesor, pueden ayudar mucho, y quizás sean imprescindibles para comprender ciertos problemas y notas técnicas.

Y ahora, ¡a comenzar!... Trata de organizar tu vida de tal manera que todos los días encuentres un momento de 5 a 10 minutos para la Biblia. Busca un lugar tranquilo. Lee sistemáticamente, no saltando de una parte a otra, ni abriendo el libro al azar. Nunca leas la Biblia para satisfacer tu curiosidad o sólo para saber más, sino para indagar lo que Dios quiere decirte. Pues la Biblia es la Palabra de Dios, es la carta que El envía a sus hijos. En la Biblia no busques ciencia, sino sabiduría. No tengas miedo de subrayar y poner anotaciones en tu Biblia. La Biblia no es un libro para guardar, sino para ser leída. Dice san Jerónimo: «No debes retirarte al descanso nocturno sin haber llenado tu corazón con una pequeña parte de la Palabra de Dios».

Principales Biblias Católicas

Entre las Biblias Católicas más conocidas, y más usadas hoy entre nosotros, están las siguientes:

1. La Biblia de Jerusalén: Se llama así sencillamente por haber sido preparada por un numeroso equipo internacional de biblistas, bajo la dirección de la famosa «Escuela Bíblica de Jerusalén». Apareció primeramente en francés (1956), de la que se sacó la primera edición española en 1967. Luego ha seguido una segunda edición española en 1975, revisada y mejorada.

Es una excelente Biblia desde el punto de vista crítico, teológico y académico, con notas explicativas. Su criterio ha influido decididamente en todas las otras ediciones de la Biblia. Es imprescindible para un estudio serio de la Biblia. Sin embargo el precio de esta Biblia es generalmente muy elevado.
2. La Biblia de Navarra:  Esta cuidada traducción lleva más de 25 años de trabajo. La Biblia de Navarra es un extraordinario esfuerzo para brindar una versión con una cuidada traducción pero también con una notable colección de notas explicativas. Estas últimas, así como las introducciones de cada libro son al mismo tiempo profundas y asequibles. Una versión muy lograda que permite no solo comprender correctamente el contenido de la Palabra Divina, sino que además brinda información completa sobre la relación del texto con la vida cristiana para hoy en día. Algunos la consideran una de las mejores versiones en castellano disponibles actualmente.
La novedad de esta edición consiste en una fórmula con personalidad propia que combina unos ingredientes adecuados (la traducción y los comentarios) en unas proporciones justas para dejar hablar a la Biblia respetando su identidad de texto que, fiel a su tradición, sale hoy al encuentro de la gente y le sugiere respuestas a las grandes cuestiones: ¿quién es Dios? ¿qué es el ser humano, su origen, el sentido de su vida, su destino? ¿qué es la familia, el trabajo, la amistad?.
3. La Biblia Latinoamericana: Es una Biblia de tipo popular, con vocabulario al alcance de todos. Los autores han pretendido relacionar la Palabra con la realidad social que vive Latinoamérica. Los comentarios, traducción y notas van en esta línea. Utiliza distintos tipos de letras (aún en el texto bíblico) para presentar, por ejemplo, las diversas tradiciones del Pentateuco. Ha tenido gran difusión y con el tiempo se ha ido revisando.

4. Hay también muchas otras ediciones católicas de la Biblia, todas muy buenas, aunque no hayan tenido, en nuestro medio, el éxito de las dos mencionadas. Entre éstas no podemos dejar de nombrar las Biblias: Casa de la Biblia, Nacar-Colunga y la Nueva Biblia Española de Juan Mateo.

El gran valor de estas ediciones modernas de la Biblia es, sobre todo, que se basan en los textos originales (hebreo-griego), y no en la Vulgata Latina como anteriormente se hacía. Además en sus introducciones y comentarios recogen lo mejor de las investigaciones bíblicas modernas.
También contamos con la Biblia de Estudio de las Sociedades Bíblicas, elaborada por biblistas católicos y evangélicos, y que cuenta con el respaldo del CELAM para ser utilizada en América Latina.
Quien medita cada día
la sagrada ley divina
con esta meditación
a la gloria se encamina.
Quien medita cada día
las Sagradas Escrituras
verá la mano de Dios
en todas las criaturas.

Cuestionario

¿Cuál es la regla de oro para la interpretación de la Biblia? ¿Se pueden sacar frases de su contexto y darles una interpretación personal? ¿Qué significa interpretar la Biblia dentro de la Tradición Católica? ¿Cuál es la postura protestante? ¿En qué se basan? ¿Qué acontece al interpretar la Biblia en forma personal y sin tomar en cuenta la Tradición? ¿Qué se espera, al respecto, del Ecumenismo?

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lunes, 24 de abril de 2017

QUÉ NOS ENSEÑA LA BIBLIA ACERCA DE LA REENCARNACIÓN?

¿Qué nos enseña la Biblia acerca de la reencarnación?
Absolutamente todo hombre, creyente o no, muere una vez y sólo una vez 


Por: P. Ariel Alvarez Valdés | Fuente: apologetica.org 



Más de los que parecían

Una conocida actriz, hace algún tiempo, declaraba en el reportaje concedido a una revista: “Yo soy católica, pero creo en la reencarnación. Ya averigüé que ésta es mi tercera vida. Primero fui una princesa egipcia. Luego, una matrona del Imperio Romano. Y ahora me reencarné en actriz”.

Resulta, en verdad, asombroso comprobar cómo cada vez es mayor el número de los que, aún siendo católicos, aceptan la reencarnación. Una encuesta realizada en la Argentina por la empresa Gallup reveló que el 33% de los encuestados cree en ella. En Europa, el 40% de la población se adhiere gustoso a esa creencia. Y en el Brasil, nada menos que el 70% de sus habitantes son reencarnacionistas.

Por su parte, el 34% de los católicos, el 29% de los protestantes, y el 20% de los no creyentes, hoy en día la profesan.

La fe en la reencarnación, pues, constituye un fenómeno mundial. Y por tratarse de un artículo de excelente consumo, tanto la radio como la televisión, los diarios, las revistas, y últimamente el cine, se encargan permanentemente de tenerlo entra sus ofertas. Pero ¿por qué esta doctrina seduce a la gente?


Qué es la reencarnación 

La reencarnación es la creencia según la cual, al morir una persona, su alma se separa momentáneamente del cuerpo, y después de algún tiempo toma otro cuerpo diferente para volver a nacer en la tierra. Por lo tanto, los hombres pasarían par muchas vidas en este mundo.

¿Y por qué el alma necesita reencarnarse? Porque en una nueva existencia debe pagar los pecados cometidos en la presente vida, o recoger el premio de haber tenido una conducta honesta. El alma está, dicen, en continua evolución. Y las sucesivas reencarnaciones le permite progresar hasta alcanzar la perfección. Entonces se convierte en un espíritu puro, ya no necesita más reencarnaciones, y se sumerge para siempre en el infinito de la eternidad.

Esta ley ciega, que obliga a reencarnarse en un destino inevitable, es llamada la ley del “karma” (=acto).

Para esta doctrina, el cuerpo no sería más que una túnica caduca y descartable que el alma inmortal teje por necesidad, y que una vez gastada deja de lado para tejer otra.

Existe una forma aún más escalofriante de reencarnacionismo, llamada “metempsicosis”, según la cual si uno ha sido muy pecador su alma puede llegar a reencarnarse en un animal, ¡y hasta en una planta!


Las ventajas que brinda 

Quienes creen en la reencarnación piensan que ésta ofrece ventajas. En primer lugar, nos concede una segunda (o tercera, o cuarta) oportunidad. Sería injusto arriesgar todo nuestro futuro de una sola vez. Además, angustiaría tener que conformarnos con una sola existencia, a veces mayormente triste y dolorosa. La reencarnación, en cambio, permite empezar de nuevo.

Por otra parte, el tiempo de una sola vida humana no es suficiente para lograr la perfección necesaria. Esta exige un largo aprendizaje, que se va adquiriendo poco a poco. Ni los mejores hombres se encuentran, al momento de morir, en tal estado de perfección. La reencarnación, en cambio, permite alcanzar esa perfección en otros cuerpos.

Finalmente, la reencarnación ayuda a explicar ciertos hechos incomprensibles, como por ejemplo que algunas personas sean más inteligentes que otras, que el dolor esté tan desigualmente repartido entre los hombres, las simpatías o antipatías entre las personas, que algunos matrimonios sean desdichados, o la muerte precoz de los niños. Todo esto se entiende mejor si ellos están pagando deudas o cosechando méritos de vidas anteriores.


Cuando aún no existía 

La reencarnación, pues, es una doctrina seductora y atrapante, porque pretende “resolver” cuestiones intrincadas de la vida humana. Además, porque resulta apasionante para la curiosidad del común de la gente descubrir qué personaje famoso fue uno mismo en la antigüedad. Esta expectativa ayuda, de algún modo, a olvidar nuestra vida intrascendente, y a evadirnos de la existencia gris y rutinaria en la que estamos a veces sumergidos. Pero ¿cómo nació la creencia en la reencarnación?

Las más antiguas civilizaciones que existieron, como la sumeria, egipcia, china y persa, no la conocieron. El enorme esfuerzo que dedicaron a la edificación de pirámides, tumbas y demás construcciones funerarias, demuestra que creían en una sola existencia terrestre. Si hubieran pensado que el difunto volvería a reencarnarse en otro, no habrían hecho el colosal derroche de templos y otros objetos decorativos con que lo preparaban para su vida en el más allá.


Por qué apareció 

La primera vez que aparece la idea de la reencarnación es en la India, en el siglo VII a.C. Aquellos hombres primitivos, muy ligados aún a la mentalidad agrícola, veían que todas las cosas en la naturaleza, luego de cumplir su ciclo, retornaban. Así, el sol salía par la mañana, se ponía en la tarde, y luego volvía a salir. La luna llena decrecía, pero regresaba siempre a su plena redondez. Las estrellas repetían las mismas fases y etapas cada año. Las estaciones del verano y el invierno se iban y volvían puntualmente. Los campos, las flores, las inundaciones, todo tenía un movimiento circular, de eterno retorno. La vida entera parecía hecha de ciclos que se repetían eternamente.

Esta constatación llevó a pensar que también el hombre, al morir, debía otra vez regresar a la tierra. Pero como veían que el cuerpo del difundo se descomponía, imaginaron que era el alma la que volvía a tomar un nuevo cuerpo para seguir viviendo.

Con el tiempo, aprovecharon esta creencia para aclarar también ciertas cuestiones vitales (como las desigualdades humanas, antes mencionadas), que de otro modo les resultaban inexplicables para la incipiente y precaria mentalidad de aquella época.

Cuando apareció el Budismo en la India, en el siglo V a.C., adoptó la creencia en la reencarnación. Y por él se extendió en la China, Japón, el Tíbet, y más tarde en Grecia y Roma. Y así, penetró también en otras religiones, que la asumieron entre los elementos básicos de su fe.


Ya Job no lo creía 

Pero los judíos jamás quisieron aceptar la idea de una reencarnación, y en sus escritos la rechazaron absolutamente. Por ejemplo, el Salmo 39, que es una meditación sobre la brevedad de la vida, dice: “Señor, no me mires con enojo, para que pueda alegrarme, antes de que me vaya y ya no exista más” (v.14).

También el pobre Job, en medio de su terrible enfermedad, le suplica a Dios, a quien creía culpable de su sufrimiento: “Apártate de mí. Así podré sonreír un poco, antes de que me vaya para no volver, a la región de las tinieblas y de las sombras” (10,21.22).

Y un libro más moderno, el de la Sabiduría, enseña : “El hombre, en su maldad, puede quitar la vida, es cierto; pero no puede hacer volver al espíritu que se fue, ni liberar el alma arrebatada por la muerte’’ (16,14).


Tampoco el rey David 

La creencia de que nacemos una sola vez, aparece igualmente en dos episodios de la vida del rey David. El primero, cuando una mujer, en una audiencia concedida, le hace reflexionar: “Todos tenemos que morir, y seremos como agua derramada que ya no puede recogerse” (2 Sm 14,14).

El segundo, cuando al morir el hijo del monarca exclama: “Mientras el niño vivía, yo ayunaba y lloraba. Pero ahora que está muerto ¿para qué voy a ayunar? ¿Acaso podré hacerlo volver? Yo iré hacia él, pero él no volverá hacia mí” (2 Sm 12,22.23).

Vemos, entonces, que en el Antiguo Testamento, y aún cuando no se conocía la idea de la resurrección, ya se sabía al menos que de la muerte no se vuelve nunca más a la tierra.


La irrupción de la novedad 

Pero fue en el año 200 a. C. cuando se iluminó para siempre el tema del más allá. En esa época entró en el pueblo judío la fe en la resurrección, y quedó definitivamente descartada la posibilidad de la reencarnación.

Según esta novedosa creencia, al morir una persona, recupera la vida inmediatamente. Pero no en la tierra, sino en otra dimensión llamada “la eternidad”. Y comienza a vivir una vida distinta, sin límites de tiempo ni espacio. Una vida que ya no puede morir más. Es la denominada Vida Eterna.

Esta enseñanza aparece por primera vez, en la Biblia, en el libro de Daniel. Allí, un ángel le revela este gran secreto: “La multitud de los que duermen en la tumba se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la vergüenza y el horror eterno” (12,2). Por lo tanto, queda claro que el paso que sigue inmediatamente a la muerte es la Vida Eterna, la cual será dichosa para los buenos y dolorosa para los pecadores. Pero será eterna.

La segunda vez que la encontramos, es en un relato en el que el rey Antíoco IV de Siria tortura a siete hermanos judíos para obligarlos a abandonar su fe. Mientras moría el segundo, dijo al rey: “Tú nos privas de la vida presente, pero el Rey del mundo a nosotros nos resucitará a una vida eterna” (2 Mac 7,9). Y al morir el séptimo exclamó: “Mis hermanos, después de haber soportado una corta pena, gozan ahora de la vida eterna” (2 Mac 7,36).

Para el Antiguo Testamento, pues, resulta imposible volver a la vida terrena después de morir. Por más breve y dolorosa que haya sido la existencia humana, luego de la muerte comienza la resurrección.


Ahora lo dice Jesús 

Jesucristo, con su autoridad de Hijo de Dios, confirmó oficialmente esta doctrina. Con la parábola del rico Epulón (Lc 16,19.31), contó cómo al morir un pobre mendigo llamado Lázaro los ángeles lo llevaron inmediatamente al cielo. Por aquellos días murió también un hombre rico e insensible, y fue llevado al infierno para ser atormentado por el fuego de las llamas.

No dijo Jesús que a este hombre rico le correspondiera reencarnarse para purgar sus numerosos pecados en la tierra. Al contrario, la parábola explica que por haber utilizado injustamente los muchos bienes que había recibido en la tierra, debía “ahora” (es decir, en el más allá, en la vida eterna, y no en la tierra) pagar sus culpas (v.25). El rico, desesperado, suplica que le permitan a Lázaro volver a la tierra (o sea, que se reencarne) porque tiene cinco hermanos tan pecadores como él, a fin de advertirles lo que les espera si no cambian de vida (v.27.28). Pero le contestan que no es posible, porque entre este mundo y el otro hay un abismo que nadie puede atravesar (v.26).

La angustia del rico condenado le viene, justamente, al confirmar que sus hermanos también tienen una sola vida para vivir, una única posibilidad, una única oportunidad para darle sentido a la existencia.


La suerte del buen ladrón

Cuando Jesús moría en la cruz, cuenta el Evangelio que uno de los ladrones crucificado a su lado le pidió: “Jesús, acuérdate de mí cuando vayas a tu reino”. Si Jesús hubiera admitido la posibilidad de la reencarnación, tendría que haberle dicho: “Ten paciencia, tus crímenes son muchos; debes pasar por varias reencarna-ciones hasta purificarte completamente”. Pero su respuesta fue: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,43).

Si “hoy” iba a estar en el Paraíso, es porque nunca más podía volver a nacer en este mundo. San Pablo también rechaza la reencarnación. En efecto, al escribir a los filipenses les dice: “Me siento apremiado por los dos lados. Por una parte, quisiera morir para estar ya con Cristo. Pero por otra, es más necesario para ustedes que yo me quede aún en este mundo” (1,23.24). Si hubiera creído posible la reencarnación, inútiles habrían sido sus deseos de morir, ya que volvería a encontrarse con la frustración de una nueva vida terrenal. Una total incoherencia

Y explicando a los corintios lo que sucede el día de nuestra muerte, les dice: “En la resurrección de los muertos, se entierra un cuerpo corruptible y resucita uno incorruptible, se entierra un cuerpo humillado y resucita uno glorioso, se entierra un cuerpo débil y resucita uno fuerte, se entierra un cuerpo material y resucita uno espiritual (1 Cor 15,42.44).

¿Puede, entonces, un cristiano creer en la reencarnación? Queda claro que no. La idea de tomar otro cuerpo y regresar a la tierra después de la muerte es absolutamente incompatible con las enseñanzas de la Biblia. La afirmación bíblica más contundente y lapidaria de que la reencarnación es insostenible, la trae la carta a los Hebreos: “Está establecido que los hombres mueren una sola vez, y después viene el juicio” (9,27).


Invitación a la irresponsabilidad 

Pero no sólo las Sagradas Escrituras impiden creer en la reencarnación, sino también el sentido común. En efecto, que ella explique las simpatías y antipatías entre las personas, los desentendimientos de los matrimonios, las desigualdades en la inteligencia de la gente, o las muertes precoces, ya no es aceptado seriamente por nadie. La moderna sicología ha ayudado a aclarar, de manera científica y concluyente, el porqué de éstas y otras manifestaciones extrañas de la personalidad humana, sin imponer a nadie la creencia en la reencarnación.

La reencarnación, por lo tanto, es una doctrina estéril, incompatible con la fe cristiana, propia de una mentalidad primitiva, destructora de la esperanza en la otra vida, inútil para dar respuestas a los enigmas de la vida, y lo que es peor, peligrosa por ser una invitación a la irresponsabilidad. En efecto, si uno cree que va a tener varias vidas más, además de ésta, no se hará mucho problema sobre la vida presente, ni pondrá gran empeño en lo que hace, ni le importará demasiado su obrar. Total, siempre pensará que le aguardan otras reencarnaciones para mejorar la desidia de ésta.


Solamente una vez 

Pero si uno sabe que el milagro de existir no se repetirá, que tiene sólo esta vida para cumplir sus sueños, sólo estos años para realizarse, sólo estos días y estas noches para ser feliz con las personas que ama, entonces se cuidará muy bien de maltratar el tiempo, de perderlo en trivialidades, de desperdiciar las oportunidades. Vivirá cada minuto con intensidad, pondrá lo mejor de sí en cada encuentro, y no permitirá que se le escape ninguna coyuntura que la vida le ofrezca. Sabe que no retornarán.

El hombre, a lo largo de su vida, trabaja un promedio de 136.000 horas; duerme otras 210.000; come 3.360 kilos de pan, 24.360 huevos y 8.900 kilos de verdura; usa 507 tubos de dentífrico; se somete a 3 intervenciones quirúrgicas; se afeita 18.250 veces; se lava las manos otras 89.000; se suena la nariz 14.080 veces; se anuda la corbata en 52.000 oportunidades, y respira unos 500 millones de veces.

Pero absolutamente todo hombre, creyente o no, muere una vez y sólo una vez. Antes de que caiga el telón de la vida, Dios nos regala el único tiempo que tendremos, para llenarlo con las mejores obras de amor de cada día.
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