martes, 10 de enero de 2017

SACERDOTE ADVIERTE SOBRE EL DEMONIO

Francisco López Sedano ha sido cuarenta años exorcista en la Archidiócesis de México

Un sacerdote con 6.000 exorcismos a sus espaldas advierte de las 7 puertas que no se deben abrir

Un sacerdote con 6.000 exorcismos a sus espaldas advierte de las 7 puertas que no se deben abrir
Francisco López Sedano ha sido durante cuarenta años exorcista en la Archidiócesis de México

 
  
9 enero 2017
Francisco López Sedano es un religioso mexicano de los Misioneros del Espíritu Santo que a sus ochenta años ha pasado la mitad de su vida luchando contra Satanás como exorcista llegando a ser el coordinador de los exorcistas de la Archidiócesis de México. Calcula que durante su extenso ministerio ha realizado al menos 6.000 exorcismos y no teme al demonio sino que afirma que el demonio le teme a él.

En una entrevista para el diario Hoy Los Ángeles, editado en lengua española en California (EEUU), este anciano sacerdote cuenta algunas de sus experiencias y advierte a la gente de las puertas que no hay que abrir para que el demonio no pueda entrar en sus vidas y alerta de la poca fe de algunos sacerdotes:

-¿El diablo existe?
-Por supuesto.

-¿Pero existe así como un ente maligno o es sólo la maldad del ser humano?
-Jesús se enfrentó muchas veces con Satanás mismo y habló con él. No se habla con una cosa, se habla con una persona.

-¿Cómo fue que se volvió exorcista?
-No fue por mi gusto, fue por necesidad, por ver casos muy serios, muy dolorosos y tener que entrarle al toro. Antes no creía que el demonio pudiera actuar tan agresivamente. Me parecía fantasioso, no realista.

-¿Y qué le hizo creer?
-Un compañero sacerdote que estaba metido en eso me hizo ver que combatir al Maligno era una obligación. Me dijo: "tienes que meterte en esto por mandato del Señor".

-¿Por mandato?
-Los tres mandatos son llevar la palabra de Dios, sanar enfermos y echar demonios. Los tres están vigentes en la iglesia, pero muchos sacerdotes no quieren entrarle al toro, le tienen miedo.

-¿A qué le tienen miedo?
-A la venganza del Otro.

-¿No será que esos sacerdotes simplemente no creen en el demonio?
- No creen, no intervienen y por eso no tienen experiencia. Me han tocado casos en los que, previamente, la gente fue con su párroco y éste les dijo: "usted está imaginándose cosas, eso no existe". Y la persona se va sin saber qué hacer, porque en la noche "alguien" lo molesta, lo golpea, lo tumba de la cama, lo golpea contra la pared.

-¿Usted ha hablado con el demonio?
-Muchas veces. El demonio habla a través de la gente, gente que se ha metido en sus terrenos. A mí. ¡cuántas veces! "¿Y tú quién eres para expulsarme?". Y le respondo: no soy nadie, pero vengo de parte de Cristo, tu Dios y Señor y te largas ahora mismo, te mando en nombre de Él que te vayas, ¡fuera!


La ouija es un juego extendido entre los jóvenes que abre la puerta al demonio

- ¿Cómo distingue entre una persona que está fingiendo y una persona que está poseída?
- La persona en la que están los demonios empieza a gritar, empieza a ladrar como perro, empieza a vociferar o a retorcerse y a andar como culebras en el piso. Son mil formas.

-¿Y no le da miedo?
-No, porque Dios nos protege. Si no lo hiciera, nadie se metería en eso.

-¿Qué busca el diablo?
-El demonio lo que quiere es apartarnos de Dios, nos mete flojera, nos mete cansancio, nos mete sueño, desconfianza, nos mete desesperación, odio; todo lo negativo.

-Entonces, vivimos una época muy endemoniada.
- Así es. No he tenido buena salud y he dejado un poco de atender gente, pero normalmente antes atendía tres o cinco casos al día.

-¿Cómo sabe una persona que necesita un exorcismo?
-Oye voces, siente odio o rechazo por Dios, antes creía y ahora patea la Biblia. Es gente que tiene un dolor de espalda terrible, pero los médicos dicen que está perfectamente bien. Los daños de Satanás están fuera del orden médico clínico. Gente que vive con una diarrea permanente y con nada se le quita; gente que tiene dolor de ojos y los oftalmólogos no les encuentran nada. Son daños que la ciencia no detecta.

-Entonces, ¿estar poseído por un demonio no significa andar trepando las paredes como Linda Blair?
- No precisamente, pero puede ser. Cuando hay presencia del demonio puede suceder cualquier cosa.

- A usted le ha tocado ver algo así.
-Sí. En una iglesia, un muchacho de unos 18 años empujó cinco bancas de estas grandes, muy pesadas, que ni 10 personas lo habrían logrado. Tenía una fuerza terrible. Lo tuvimos que agarrar entre tres para practicarle el exorcismo. Habiendo presencia del Otro, ya se explica cualquier cosa. Que puedan subirse por las paredes, sí; y volar también.


Una de las escenas más conocidas de la película de El Exorcista

- ¿Qué le gusta al diablo o a satanás?
Lo que le gusta es separarnos de Dios, meternos miedo, amenazarnos, tenernos temblando y la gente así anda luego.

-¿Pero el diablo escoge a la gente o la gente lo deja entrar?
-La gente deja entrar al diablo. No se metería con nosotros si no le abriéramos puertas. Por eso Dios prohíbe practicar magia, superstición, brujería, hechicería, adivinación, consulta a muertos y espíritus y astrología. Esos son los 7 terrenos de la mentira y el engaño.

- Pero todos en México consultan su horóscopo.
-Que los astros influyan en nuestra vida es la mentira más grande. ¡Están a millonadas de kilómetros! Son cuerpos formados por metales y gases, ¿cómo van a influir en nosotros? Lo mismo pasa con la magia, que es atribuir a las cosas un poder que no tienen. Cargar una herradura porque me va a dar buena suerte, es mentira.

-¿No pasa lo mismo con algunos artículos de la Iglesia Católica? Los milagritos, por ejemplo.
- Bueno, no. Hay que saber distinguir. Si yo traigo una imagen de Cristo o de María Santísima como protección, detrás hay algo serio, auténtico, mientras que detrás de una herradura no hay nada, hay mentira.

-¿El diablo sabe más por viejo que por diablo?
- De acuerdo.

-¿Hay algún personaje público que usted crea que tiene tratos con el demonio o que esté poseído?
-Bueno, pues Hitler.

¿De los actuales?
-Pues a ratos (Enrique) Peña Nieto con sus cosas locas de los matrimonios gay y todo eso.

-¿Qué pasa con los narcos y los sicarios?
- Es difícil afirmar rotundamente si son satánicos o no, pero andan en la maldad, ciertamente.

- ¿En algún momento ha sentido miedo?
- No, el diablo me tiene miedo a mí.

- ¿Cómo se imagina el cielo?
No lo podemos imaginar, está fuera de nuestro alcance.

-¿Usted piensa en la muerte?
- Sí, con frecuencia porque tengo que tratar enfermos o, a veces, muertos.

- ¿Le preocupa?
- Ligeramente, porque es uno pecador y está uno en sangre pecadora.

-¿Cómo va a ser pecador si usted combate demonios?
-Sí, pero ¿acaso no puedo pensar en matarte ahorita?

-¡Espero que no!
-Jajajaja. Lo que quiero decir es que estamos en sangre pecadora y nadie puede decir "yo no soy pecador". Basta que estemos en carne humana para que seamos pecadores y fallemos en muchas cosas, el Papa y todos, somos humanos.

-¿Qué pasa, por ejemplo, con los sacerdotes pederastas?
-No tuvieron una formación suficiente como para luchar contra sus tendencias pederastas, no tuvieron fuerza espiritual para sobreponerse.

-¿Qué castigo merece alguien que abusa de un niño?
-Merecería que le corten sus partes.

- ¿Cuál quiere que sea su epitafio?
-Simplemente: "Gracias, Señor, por la vida".

-Tanta maldad, ¿no le quita la esperanza?
- No, para mí se confirma la esperanza porque desde la cruz Cristo ya venció y ganó la guerra absoluta. Satanás trata de hacerle un poco la guerra, pero no le hace ni cosquillas.
 

EL ALMA


El alma



El hombre tiene un alma espiritual e inmortal, y por eso es semejante a Dios, que es Espíritu puro.

El alma es creada por Dios en el momento de la concepción del hombre y ya no dejará de existir por toda la eternidad. Nuestro cuerpo morirá y dejará de existir, pero nuestra alma sobrevivirá al cuerpo y, según haya sido su obrar en la tierra, merecerá premio o castigo, Cielo o Infierno, y para siempre.

Hoy el demonio utiliza su error preferido que es el materialismo, el ateísmo marxista, que niega la existencia del alma, y dice que el hombre es un animal más. Debemos ponernos en guardia contra este error diabólico y no dejarnos arrastrar por él, porque tenemos un alma creada por Dios y, mientras Dios sea Dios, es decir, eternamente, nuestra alma existirá, ya sea en el Cielo, gozando de una felicidad inenarrable; o en el Infierno, torturada con tormentos inimaginables.

El hombre es un compuesto de cuerpo y alma, pero debemos darle mayor importancia al alma y cuidar el cuerpo en función de la salvación del alma. En cambio, si al cuerpo le damos todos los gustos y placeres, matamos nuestra alma con el pecado y si morimos en ese lamentable estado, nos condenamos.

La cuestión más importante para cada uno de nosotros es salvar nuestra propia alma, porque si no nos salvamos, lo hemos perdido todo. Hoy no se piensa en esto y se vive para gozar y dar toda clase de satisfacción al cuerpo, y se mata el alma con el pecado.

El alma es como una chispa de Dios, que fue creada para gozar de Dios y que no será feliz hasta que no posea a Dios para siempre en el Cielo.

Después de buscar la salvación de la propia alma, también hay que buscar la salvación de las almas de los hermanos, pero recordando siempre el dicho que dice: “Alma por alma, salvo la mía”, es decir que en primer lugar debo buscar la salvación de mi propia alma, y luego intentar salvar a los demás.

Las almas son creadas directamente por Dios y son infundidas en los cuerpos humanos en el momento de la concepción de ellos, por eso es un crimen tan abominable el aborto, pues ese pequeño ser que se mata tiene, además de un cuerpito, un alma inmortal y espiritual. Esto lo niegan los que promueven el aborto y hasta niegan que sea un ser humano el que se mata. El aborto es un crimen horrendo inspirado por Satanás, que odia eternamente a Dios y a los hombres.


© Santísima Virgen.

LA VERDADERA HISTORIA DE LOS MÁRTIRES EN JAPÓN

La verdadera historia de los mártires en Japón queda oculta en la película Silencio
Explicamos el caso histórico y el contexto que inspira la película sobre la persecución japonesa


Por: Pablo J. Ginés´ | Fuente: Religion en Libertad 



En 1989, en el tren bala de Japón, el director de cineMartin Scorsese leía “Silencio”, una novela de 1966 del escritor japonés, y católico converso, Shusaku Endo.La novela trataba de unos jesuitas que llegan al Japón del siglo XVII a buscar un compañero que ha apostatado y a acompañar a los cristianos perseguidos y torturados.
 
El obispo episcopaliano de Nueva York, Paul Moore, era quien había hecho llegar la novela al cineasta después del gran alboroto que había causado su película La Última Tentación de Cristo. Veía una relación: la exploración dehasta qué punto es serio el martirio, cuán frágil es el hombre ante la tentación y como las respuestas sencillas, ciegas, pueden ser inadecuadas.

Claro que muchos críticos podrían decir que el Scorsese de los años 80 podría haber explorado estos temas sin necesidad de incluir una escena de cama entre Jesús y María Magdalena (soñada o alucinada desde la Cruz, y tomada de la novela homónima de Nikos Kazantzakis).
 
Un proyecto deseado durante 27 años
Scorsese leyó la novela de Endo sobre los jesuitas de Japón y decidió que quería llevarla al cine. Habló de ese proyecto durante décadas. Se ha demorado 27 años, pero por fin lo consiguió. Durante 8 meses congregó un equipo de 750 personas en Taiwán para el rodaje. La película le ha costado 46 millones de dólares. Pero a sus 74 años puede ser su gran obra. 
 
Paul Elie, un premiado crítico literario que ha estudiado autores cristianos como Dorothy Day, Flannery o’Connor y Thomas Merton, ha entrevistado en profundidad a Scorsese y los actores de la película, en un largo reportaje para el New York Times.

Elie llevó a Scorsese a la antigua catedral de Nueva York donde había sido monaguillo. ¿Qué conexión veía entre “Silencio”, la película, y aquella época? “La conexión es que nunca se ha interrumpido, nunca se fue, es continuo. En mi mente estoy aquí cada día”, responde el cineasta. Se refiere a la fe, a las incertidumbres en la fe y a la necesidad de Dios


Los hechos reales
La novela de Shusaku Endo se basa en unos hechos reales que acontecieron en el siglo XVII. San Francisco Javier fue el primer misionero católico en llegar al país en 1549, y en apenas 60 años Japón ya contaba con unos 300.000 católicos, la mayor comunidad católica del mundo bajo gobiernos no europeos. En 1600 había unos 95 jesuitas extranjeros en el país y unos 70 hermanos jesuitas japoneses. Se sabe que 86 señores feudales se bautizaron oficialmente, y muchos más simpatizaban con el cristianismo. 

Pero en 1614 empezaron las persecuciones fuertes del Estado contra los cristianos. Unos mil católicos murieron mártires de forma directa, en ejecuciones. Varios miles más murieron de enfermedad y pobreza al serles confiscados sus medios de vida. 

Cronistas holandeses -hostiles al catolicismo- que estaban en Japón en esos años explican que las autoridades japonesas inventaron en esta época una tortura novedosa que antes no se aplicaba en el país: la fosa. 

Estaba diseñada para lograr mucho sufrimiento con poco daño físico inmediato, alargar la vida de la víctima y lograr que renunciase al cristianismo. Las autoridades buscaban desesperadamente recusantes, es decir, apóstatas: cristianos que renunciasen públicamente a la fe y anunciasen que era absurda y dañina. Y lo que más deseaban es que algún sacerdote europeo cediese.

La fosa consistía en colgar boca abajo, por los pies, al preso, pero ceñido muy fuertemente por cuerdas, lo que impedía que la sangre bajase de golpe hacia la cabeza. Se tardaba unos 10 o 12 días en morir, pero un par de días podían bastar para que el preso, ya con las facultades mentales claramente mermadas, renunciase a la fe cristiana.

El jesuita japonés Julián Nakaúra en la fosa en 1633;
él perseveró hasta el final y es mártir y beato;
 a su lado estaba su superior, Cristóbal Ferreira, 
que apostató a las 5 horas... Ferreira inspira "Silencio"
Cuando un clérigo apostataba, se le liberaba y se le afiliaba a un templo pagano japonés (sintoísta, budista o confuciano). Si era clérigo, se le obligaba a casarse con una mujer de la clase social más despreciada: la viuda de algún criminal ejecutado. Por supuesto, permanecía bajo vigilancia.

La persecución de cristianos de esta época era absolutamente profesional y sistemática y empleaba infiltrados, agentes secretos, policía especializada, pasquines, recompensas, delatores, sobornos... todas las herramientas de un Estado moderno y casi policial.


El caso de Cristóbal Ferreira
En 1633 pasó algo que conmocionó a los misioneros cristianos de todo el mundo. Cristóbal Ferreira, jesuita portugués, que había quedado como superior de los jesuitas en Japón tras el martirio de sus predecesores, apostató tras 5 horas de tortura en la fosa de Nagasaki.
(El caso lo explica con detalle y fuentes en un estudio de 1974 el historiador jesuita experto en Japón Hubert Cieslik, aquí, en inglés). 

Ferreira abandonaba a compañeros en la misma fosa como el jesuita beato japonés Julián Nakaúra, que de adolescente había visitado Roma y ahora tenía ya más de 60 años. "Hasta vuestro superior os abandona, ¡apostatad!", señalaban los verdugos. Pero casi todos los demás clérigos de ese grupo perseveraron. 

Ferreira tenía 53 años, era jesuita desde hacía 37 y había sido un misionero clandestino durante 19 años. Había vivido dos décadas de persecución y peligros. Él era quien enviaba a Europa crónicas de los martirios de sus feligreses y compañeros. Y ahora cedía en cinco horas. Por eso los historiadores hablan de "el enigma Ferreira". 

Lo casaron con la viuda de un criminal extranjero ajusticiado y durante unos años vivió en gran pobreza. Usaba nombre japonés y ropas japonesas y se le asignó un templo budista. Después, las autoridades empezaron a contratarlo como traductor de español, portugués, latín... y para juicios e interrogatorios de misioneros capturados. Más tarde tradujo obras de matemáticas y astronomía.

A Ferreira incluso se le atribuye un libro anticristiano en japonés de 1636 titulado "La superchería desvelada", de propaganda budista-confuciana, que busca refutar las enseñanzas cristianas. Lo encontró un historiador en la década de 1920. Pero sólo hay una copia, manuscrita, y es extraño que las autoridades no lo imprimiesen y divulgasen. Muchos historiadores dudan de la autoría de Ferreira, aunque quizá él participó parcialmente.  

Al principio, algunos comerciantes portugueses lograron llegar a casa de Ferreira y hablar con él. Ellos explicaban después a los jesuitas que él vivía muy avergonzado, que no tenía relación con su esposa más que dejar que le hiciera la comida. Los comerciantes le animaban a volver a la Iglesia clandestina, lo que implicaría pronto morir mártir. Él escuchaba y no respondía. Luego los contactos fueron escasos. 


Rescatar al apóstata Ferreira
Por todo el mundo, novicios jesuitas se ofrecían para morir mártires donde la Compañía decidiese y expiar la apostasía de Ferreira.

Además, al menos tres expediciones de jesuitas llegaron a Japón con el objetivo de devolverlo a la Iglesia. El primero, Marcello Mastrilli, llegó en 1637, lo detectaron, le torturaron 3 días en la fosa y luego lo decapitaron. El segundo grupo, con Pedro Kibe a la cabeza, llegó en 1639: atrapado el líder, murió mártir en la fosa. El tercer grupo, el de Antonio Rubino, fue atrapado en 1642. A su juicio acudió el mismo Ferreira como traductor y al parecer, tras 9 años como apóstata, animó a los jesuitas a ceder también ellos y salvar su vida, cosa que hicieron. 

Los historiadores no pueden establecer hasta qué punto Ferreira mantenía algo de fe cristiana en su interior, contradictoria, vergonzosa, quizá acomodaticia... o hasta qué punto asumió con los años la mera sumisión al sistema político imperante.

Los novelistas, como Shusaku Endo, o cineastas como Martin Scorsese, han de decidir basados en su creatividad.

¿Sería justo presentar al apóstata Ferreira como un creyente "razonable" y a los jesuitas mártires -los que acudíana  intentar salvar su alma arriesgando sus propias vidas- como fanáticos?


Los feligreses como rehenes
En la novela de Shusaku Endo y en la película de Scorsese se ofrece una "alternativa del diablo": los japoneses torturan cruelmente a los feligreses de a pie, y dicen a sus prisioneros jesuitas que si ellos, como clérigos, apostatan, dejarán de torturar a sus feligreses. Sobre este dilema pivota la novela y la película. ¿Salva su alma un pastor que renuncia a Cristo por salvar la vida -quizá también el alma- de las ovejas que Cristo le encomendó? Y aunque no salve su alma el jesuita, ¿no vale la pena perder el alma propia si así salvas la de las ovejas?

No está claro que este caso de "alternativa del diablo" se plantease históricamente así, aunque en el juicio a Rubino y sus compañeros -en el que estuvo Ferreira- las autoridades les insistían en que los cristianos japoneses, gente pobre, de a pie, sufrían torturas por culpa del fanatismo o las ideas que ellos, extranjeros, les habían implantado.

Evidentemente, la realidad es que sufrían torturas porque las autoridades ordenaban torturarles. ¿No es dar la razón a los verdugos decir que la culpa es de las víctimas por empeñarse en ser libres y servir a lo que creen que es el bien? Debería quedar claroquién es la víctima y quién el verdugo injusto y tiránico, cuya argumentación real se basa en la violencia.

En la vida real, al menos mil cristianos japoneses murieron mártires en las torturas, firmes, sin apostatar. El apóstata Ferreira en la novela dice: "Adoran al dios del Sol, no al hijo de Dios. Esos mártires en la fosa no murieron por Cristo, murieron por vosotros, los jesuitas". Pero, claro, esa es la propaganda de los torturadores.

Habría que preguntar a los verdaderos mártires qué les lleva a dejarse matar pudiendo salvar la vida.


La conexión con "La Última Tentación"
Según escribe Paul Elie en su artículo del New York Times, "como en la novela, la película pone en cuestión la idea misma del martirio cristiano, al proponer que hay casos en que el martirio -que el creyente se agarre a Cristo hasta el terrible final- no es santo, ni siquiera correcto". 

Paul Elie cree que Scorsese está intentando decir lo mismo que cuando estalló la polémica sobre La Última Tentación de Cristo. Él se creía con derecho a hacer algo "blasfemo" (una escena de sexo de Cristo y María Magdalena) porque tenía una buena intención: mostrar el lado humano de Cristo, mostrar fe y amor por esta dimensión de Cristo. Un acto "malo" para lograr un fin "bueno". Pero la tradición cristiana dice que el fin no justifica los medios

Pero luego, más allá de la moral, entra la mística. El jesuita que en la novela acude a rescatar al compañero apóstata, estando en la cárcel ya preso y escuchando cómo torturan a los feligreses, oye una voz que él siente que es la de Jesucristo (pero muy bien podría ser la del enemigo). Las autoridades piden a los cristianos apostatar pisando el "fumie", una imagen de metal de Cristo y la Virgen. La voz mística dice al jesuita: "¡Pisa! Porque para ser pisoteado por los hombres nací en este mundo".

Al final, en la novela, el jesuita pisará el "fumie", y lo hará por salvar a sus feligreses: sentirá que él se pierde, pero salva a otros. Eso se presenta como algo sacrificial, cristiano. 


La espiritualidad de la novela
El escritor Juan Manuel de Prada, en un artículo para la Revista Magníficat, comenta la compleja novela de Shusaku Endo desde su enfoque espiritual. El jesuita Rodrigues decide pisar el fiume movido por el amor a los fieles. Antes, ha pensado sobre Kichijiro, un cristiano que le ha delatado.
«Cristo, en la Última Cena, le dijo a Judas: “Sal, ve y haz lo que tengas que hacer”. Ni aun ahora que soy sacerdote he podido captar bien el sentido de esas palabras. ¿Qué sentiría Cristo al lanzar a la cara del hombre que le iba a vender por treinta piezas de plata esas palabras? ¿Las diría con ira y odio? ¿O serían más bien palabras nacidas del amor? Si eran palabras de ira, Cristo en ese momento estaba negando la salvación a este solo hombre entre todos los hombres del mundo. Judas habría recibido de lleno el ramalazo de la ira de Cristo y no se habría salvado; y el Señor habría abandonado a su suerte a un hombre caído para siempre en el pecado. Pero eso no podía ser. Cristo trató de salvar incluso a Judas. De no ser así, no tiene sentido que le hiciera uno de sus discípulos».


Añade Juan Manuel de Prada: "El padre Rodrigues acabará encontrando la respuesta a este dilema en su propia vida. Nunca sabrá del todo si cedió en su resistencia a los suplicios por compasión hacia los campesinos que estaban siendo atormentados, o si lo hizo para justificar su debilidad; pero sabrá, en cambio, con certeza plena que Cristo lo sigue amando, como sin duda amó a Judas hasta el final. El padre Rodrigues arrastrará, bajo el nombre de Okada Sanemon, una vida humillada e insulsa, una vida anónima y sin entusiasmo, en apariencia alejada de la fe".
Pero para De Prada (y para Shusaku Endo) "en medio de esa vida sin alicientes,Rodrigues podrá comprobar que Cristo no lo ha abandonado nunca: tendrá ocasión de escuchar en confesión a Kichijiro, su delator, y de perdonarle sus pecados; tendrá ocasión de rememorar muchas veces el martirio de tantos y tantos campesinos, que en su día le había parecido poco memorable; tendrá ocasión detransmitir la fe de forma clandestina a los vigilantes que se encargan de su custodia. A la postre, descubrimos con Rodrigues que «no existen fuertes y débiles, pues… ¿quién puede asegurar que los débiles hayan sufrido menos que los fuertes?»

La novela se llama Silencio porque Dios parece estar en silencio mientras matan a los mártires durante décadas. Pero el jesuita Rodrigues constata que no está en silencio: Cristo habla también a través de su vida
Esta es la dimensión de fe esperanzada de la novela que no está claro si Scorsese va a reflejar en la película.

Cuando a la fe no se le deja ser católica
Otro tema de la película es el de la inculturación. Como hemos dicho, los misioneros, en apenas 60 años y sin tener poder político real, lograron una comunidad cristiana japonesa de 300.000 personas. Pero tanto el novelista Endo como el cineasta Scorsese creen que no lograban inculturar la fe. Scorsese, en la película, parece decir, según Paul Elie, que la opción de Ferreira, una fe interna, disimulada, camuflada, que pacta con el poder, es una forma de inculturación, eficaz y aceptable. 

Pero la realidad es que cuando Japón se cerró al mundo y murió el último sacerdote clandestino, los Kakure Kirishitan -cristianos escondidos- intentaron mantener la fe sin sacerdotes, escondidos y aislados, durante 240 años. Cuando en 1873 llegó la libertad religiosa, se vio que quedaban unos 30.000 en todo el país.

Pero había grupos que ya habían perdido conciencia de la humanidad o divinidad de Cristo, de la Trinidad, del papel de los sacramentos. Algunos practicaban un culto a los antepasados donde Cristo o la Virgen eran, simplemente, unos antepasados más. Con la libertad religiosa la mayoría se reintegró en la Iglesia Católica, pero algunos perseveraron como una religión distinta, para extinguirse en un siglo. La fe católica necesita ser católica, universal, abierta y pública. Si no, tiende a diluirse en el poder, o se concentra, aislada, en grupos sectarios.

Queda la valoración de "Silencio", la película de Scorsese, como una inculturación en sí misma: un católico más bien heterodoxo, italo-americano, que adapta la novela de un católico japonés, sobre jesuitas portugueses, aplicada al arte norteamericano por excelencia, el cine. 

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