sábado, 4 de febrero de 2017

TODAS LAS RELIGIONES VALEN LO MISMO?

¿Todas las religiones valen lo mismo?
¿Por qué la religión debería adaptarse a la mentalidad que domina en un cierto momento de la historia?


Por: Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Actualidad y Análisis 



Preguntar si todas las religiones valen lo mismo parece algo sin mucho sentido, porque es obvio, ante tantas propuestas religiosas (o pseudoreligiosas) que hay enormes diferencias entre unas y otras: no todas pueden tener el mismo valor. 

El problema surge a la hora de establecer los criterios que permitirían distinguir entre una religión y otra, para luego responder a la pregunta: ¿cuál vale más y por qué? 

Ciertos pensadores del mundo moderno consideran que una religión sería mejor si consigue adaptarse a la marcha de la historia. Si esa religión comprende los deseos y gustos de la mayoría, si sabe dejar de lado ideas y dogmas que resultan “anticuados”, sería mejor. En cambio, si una religión queda anclada, monolíticamente, en convicciones y ritos vistos como inmodificables y trasnochados, sería inferior, si es que no terminaría por sucumbir ante los “hechos”. 

Decir lo anterior, sin embargo, crea un sinfín de problemas. ¿Por qué la religión debería adaptarse a la mentalidad que domina en un cierto momento de la historia? ¿Y quién establece claramente cuál sería esa mentalidad? ¿Es que las verdades sobre Dios y sobre el hombre dependen de las mayorías y de los tiempos? 

En realidad, aceptar una u otra religión no depende de modo absoluto de la mentalidad que domina en un periodo histórico. Los primeros cristianos acogieron el mensaje de Cristo precisamente en contra de las ideas de su tiempo. 

En épocas recientes, muchos cristianos sometidos a dictaduras “triunfantes”, como las que surgieron en Europa y Asia durante el siglo XX, se alzaron contra las ideologías de los tiranos del momento para defender verdades que consideraban válidas y preciosas, aunque ello significase arriesgar la propia vida o sufrir persecuciones arbitrarias e injustas. 

Veamos otro criterio que para algunos resultaría clave para evaluar a las religiones: el éxito, la capacidad de atraer a miles de seguidores. 

Ese criterio, sin embargo, no resulta suficiente. La adhesión a una fe religiosa no depende del número de creyentes, sino de convicciones profundas. Desde luego, hay quienes se apuntan a una religión porque tiene muchos seguidores y porque espera obtener una serie de beneficios sociales. Pero nos damos cuenta de lo insuficiente de este tipo de creencias. 

La enumeración de criterios podría ser larga. Por ejemplo, ¿vale más una religión si es más sencillo o más complicada, si tiene un credo comprensible o difícil, si defiende reglas morales exigentes o “fáciles”, si tiene ritos más o menos fijos, si posee una jerarquía o adopta un sistema democrático a la hora de establecer su doctrina y su organización? 

Existe un criterio que tiene un valor clave a la hora de valorar qué religión pueda ser mejor: el de su cercanía a la verdad. Muchos objetarán que es un criterio difícil de aplicar, pues la mayoría de los creyentes piensa que su religión sería la verdadera, pues de lo contrario la abandonarían para seguir otra religión o para terminar en el escepticismo o el ateísmo. Pero la dificultad no quita la fuerza de ese criterio. 

¿Por qué? Porque la experiencia religiosa no puede prescindir un anhelo profundo que radica en el corazón de cada ser humano: el amor hacia la verdad, la belleza, el bien, la justicia. 

Por eso, ante tantas religiones, la pregunta decisiva sigue siempre en pie. ¿Cuál es la religión verdadera? Sólo cuando nos pongamos ante esa pregunta podremos superar la ideología de quien dice que “todas las religiones valen lo mismo”, y emprenderemos una seria reflexión que lleve a avanzar hacia una respuesta suficientemente clara, la única que permite orientarnos correctamente en las propias decisiones en materia religiosa. 

5 LECCIONES DE LOS SANTOS SOBRE LA VIRGEN MARÍA

5 lecciones de los santos sobre la Virgen María
Los santos son un claro ejemplo de ese imitar a Cristo. El secreto a voces de los santos y su fidelidad a Dios es la Santísima Virgen María 


Por: Roberto López Castellanos | Fuente: Catolicosenaccion.com 



“Y porque es nuestra Madre nos confiamos completamente a su bondad y misericordia, animados del vivo deseo de imitar sus bellísimas virtudes y le hacemos donación entera e irrevocable de todo nuestro ser. Le pedimos nos conceda su maternal protección por todo el curso de nuestra vida, y particularmente en la hora de la muerte”  (San Juan Bosco).

Desde el momento en el que somos bautizados somos llamados a ser misioneros de Cristo y a vivir una lucha constante para alcanzar la santidad, en pocas palabras, estamos llamados a ser otros Cristo, a imitar sus enseñanzas.
Los santos son un claro ejemplo de ese imitar a Cristo, su vida ejemplar los convierten en grandes modelos para el resto de cristianos. La vida de los santos se caracteriza por la docilidad ante la voluntad de Dios y por una fe llena de oración y acción.
Ahora bien, ¿alguna vez te has puesto a pensar cuál es la receta secreta para la santidad? En muchas ocasiones hemos oído hablar sobre las admirables y ejemplares vidas de los santos, sin embargo, pocas veces reflexionamos sobre sus armas secretas, esas de donde sacan el impulso para ir por el mundo y evangelizar a todas las naciones, esas fuentes de sabiduría y templanza que tanto los han caracterizado.


Sin duda, las armas secretas de los santos son muchas, pero en esta ocasión quiero hablar del secreto más dulce de todos, ese que además de enseñar a amar, enamora. Estoy hablando de una mujer, las más bella de todas, la llena de Gracia, la bienaventurada, la Virgen de las vírgenes, la que guardaba todo en su corazón, la que con su ejemplo ha guiado a los santos a lo largo del tiempo por un buen caminar.
El secreto a voces de los santos es la Santísima Virgen María, quien en su fidelidad ha sido la que mejor supo asimilar la vida y doctrina de Jesucristo. Jesús mismo en su agonía en la cruz, no se reservó nada para Él y nos dio a su buena Madre.
Para imitar las enseñanzas de Jesús debemos primero conocerlo, y quién mejor que María, nadie conoce tanto a un hijo que su misma Madre. Es ella la que hace que nuestra relación con Dios sea más cercana, “[…] la Virgen que nos separa de la masa y nos conduce dulcemente hacia las cumbres, en las que el aire es más puro, el cielo más claro, Dios más cercano… Allí en donde se vive la vida de intimidad con Dios”(Roberto de Langeac).
Es María quien nos enseña a ser humildes, a dar fe que para Dios no hay nada imposible, es ella quien nos enseña a buscar y cumplir la voluntad de Dios a través de la docilidad y obediencia, “hagan lo que Él les diga”( Juan 2, 1-12). 
La humildad no es sinónimo de debilidad, aunque una espada atravesó su corazón [como le dijo Simeón en una premonición] la firmeza de María a los pies de la cruz nos enseña que la fe nos fortalece en los momentos de angustia. “Si queremos ser Cristianos debemos ser Marianos, es decir; debemos reconocer la relación esencial, vital, providencial que une la Señora a Jesús y que nos abre el camino que nos conduce a Él” (Pablo VI).
El primer santo en acoger a la Virgen María en su vida fue el mismo San Juan, el discípulo amado de Jesús, el que tuvo el privilegio de descansar en el pecho del Maestro y escuchar los latidos de Su Corazón, el que gozó de su presencia, el que no abandonó la cruz y el que no espera grandes señales para creer. “Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” (Juan 19,26-27).
Un verdadero discípulo de Cristo honra a su Padre y a su Madre (Lucas 18, 20), confía plenamente en la voluntad de Dios y lleva a María a su casa. Bendita seas Madre Santa, porque podemos tener la misma alegría de Juan de poder llevarte y tenerte en nuestra casa.


Conozcamos ahora 5 lecciones de los santos sobre la Virgen María:
1- Su figura de Madre en los momentos de angustia: 
San Bernardo decía que cuando las tentaciones pongan en peligro tu salvación, y la tristeza te quite las fuerzas y los deseos de seguir trabajando por conseguir la santidad, “acuérdate de María y llámala en tu ayuda; llámala insistentemente como el niño aterrorizado pide ayuda a su madre, y ella que es causa de nuestra alegría, correrá a ayudarte. Te desafío a que hagas la prueba. No te fallará ni una sola vez”. En los momentos de angustia “si te turba la memoria de la enormidad de tus faltas, de la fealdad de tu conciencia y comienzas a sumergirte en la tristeza, en la desesperación, piensa en María, invoca a María […] Pecador quien quiera que seas, vete a María y te salvara, porque es imposible que se condene el devoto de María que le sirve e implora su socorro”
2- María nos encamina a Jesús: 
San Marcelino Champagnat decía que si los padres de familia tienen “la dicha de grabar en el corazón de los niños la devoción a la Virgen María, habréis asegurado su salvación”,María no deja que sus hijos se pierdan. San Luis de Monfort nos dice que María es el camino que nos lleva a El Camino de la Verdad y la Vida que es Jesús: “María es el camino más seguro, el más corto y el más perfecto para ir a Jesús.”
3- María es auxilio de los cristianos: 
San Juan Bosco siempre decía: “Quien confía en María no se sentirá nunca defraudado”, el siempre enseñaba a los niños del oratorio a amar a María Auxiliadora de los cristianos, los invitaba a confiar en su amor de madre porque “ella lo ha hecho todo”.
4- La castidad como fruto: 
“Llena de gracia, Bendita entre todas las mujeres”. No le habría hablado así el ángel si María no hubiera sido perfectamente pura y santa”. (San Agustín). Otro santo que en sus pensamientos expresaba a María como aliada para la castidad era Santo Domingo Savio, un joven acogido en el oratorio de Don Bosco y entregado totalmente a Dios; en una ocasión le dijo a San Juan Bosco: “Tus discípulos llegarán a la santidad si se esfuerzan mucho por conservar la virtud de la castidad y si cultivan una gran devoción a la Madre de Dios.”
5- Es una Madre que ama y acompaña: 
En los momentos cuando parece todo perdido, cuando la llama está apunto de apagarse, acude a María, con ella todo es más fácil, ella no abandona a sus hijos: “Antes, solo, no podías… Ahora, has acudido a la Señora, y con Ella, ¡qué fácil!” (San Josemaría Escrivá de Balaguer).
Retomando las palabras de San Juan Pablo II te decimos este día a ti Santísima Virgen María: Totus Tus (todo tuyo). Recuerda que María nunca dejará de oír a sus hijos, ella intercederá por nosotros ante Jesús. Ahora ya lo sabes, quien busca alcanzar la santidad, busca también a María.
Oración
¡Oh Señora y Madre mía! Con filial cariño vengo a ofrecerte en este día cuanto soy y cuanto tengo. Mi boca para cantarte, mi voz para bendecirte, mi corazón para amarte, mi vida para servirte. Acepta, Madre, este don, que te ofrenda mi cariño, y guárdame como a un niño cerca de tu Corazón. Que nunca sea traidor al amor que hoy me enajena y que desprecie sin pena los halagos de otro amor. Que, aunque el dolor me taladre y haga de mí un crucifijo, que yo sepa ser tu hijo y sienta que eres mi Madre. En la dicha, en la aflicción, en la pena, en la alegría, ¡mírame con compasión, no me dejes, Madre mía! Dios te salve, María, llena de gracia, el Señor es contigo. Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

CÓMO SE SIENTE EL LLAMADO DE DIOS


Cómo se siente el llamado de Dios


Muchas personas piensan que deben ser más generosas con Dios. Tienen una cierta inquietud, pero no saben bien qué deben hacer. ¿Es eso la vocación?  Quizá ninguna de esas sensaciones es la vocación, pero a lo mejor Dios está ahí detrás, queriendo decirte algo.

En el primer libro de los Reyes, en el Antiguo Testamento, puede leerse cómo Dios se hace presente ante Elías: «He aquí que Yahveh pasaba. Hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebrantaba las rocas ante Yahveh; pero no estaba Yahveh en el huracán. Después del huracán, un temblor de tierra; pero no estaba Yahveh en el temblor. Después del temblor, fuego, pero no estaba Yahveh en el fuego. Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se puso a la entrada de la cueva. Le fue dirigida una voz que le dijo: “¿Qué haces aquí, Elías?”»

La mayoría de las veces, Dios habla bajito, como ese susurro de una brisa suave. La historia de la vida de los santos muestra que Dios acostumbra a dar a conocer su voluntad de modo sencillo, a través de las cosas ordinarias, dentro de la familia, a través de un amigo, de un libro, de una enfermedad, de cosas normales.


* Enviado por el P. Natalio
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...