martes, 14 de febrero de 2017

CÓMO USAN LAS SECTAS EL MIEDO AL FIN DEL MUNDO

Cómo usan las sectas el miedo al fin del mundo
Mitos y verdades acerca del fin del mundo.


Por: Miguel Pastorino | Fuente: De la red Iberoamericana para el Estudio de las Sectas 



El cambio cultural en el que estamos inmersos afecta todas las dimensiones de la vida humana, también la religiosa. Varios analistas advierten que observar lo que sucede con la religión nos puede ayudar a comprender lo que sucede con la sociedad en su conjunto. En todas las crisis culturales y especialmente en cambios de siglo o de milenio, proliferan movimientos milenaristas y apocalípticos con nuevas y viejas doctrinas acerca del fin del mundo o de la inminente transformación del cosmos.
Desde los adventismos y movimientos apocalípticos de inspiración cristiana, hasta los fundamentalistas de todas las tradiciones, las diversas manifestaciones del gnosticismo en sus versiones optimistas y pesimistas, junto a la diversidad de formas esotéricas que se reinventan en cada siglo, asistimos a una reconfiguración de las creencias religiosas que presentan antiguas y nuevas formas de comprender el final del universo.
¿Cuánto han influido estos movimientos en la cultura contemporánea? Muchas de las creencias de estos grupos se nos presentan cotidianamente en los medios de comunicación, conferencias y publicaciones pseudocientíficas.
Profecías incumplidas
En distintas situaciones de crisis sociocultural y específicamente en cambios de siglo o milenio, aparecen siempre toda clase de profecías que fechan el inminente fin del mundo. Recientemente nos lo habían fechado para el 2012 con una ridícula interpretación del calendario Maya o con ilusos cálculos de números bíblicos, como el caso de H. Camping. El año 2000 estuvo rodeado de toda clase de profecías y todavía hoy muchos grupos de corte fundamentalista utilizan la predicación de un inmimente fin provocando en sus seguidores una fidelidad mayor a los objetivos del grupo.


Ya en el siglo XIX los Adventistas predijeron el final para 1843 y luego para 1844, les siguieron los Testigos de Jehová prediciendo el fin del mundo para 1874, luego 1914, 1915, 1925, 1975 y así siguieron. En el siglo XX los Niños de Dios lo predijeron para 1993, la Misión Rama para 1975 y para el año 2000, la Iglesia Universal de Dios para 1936, 1947, 1972 y 1975; la Orden del Templo Solar para 1993 y 1994, Heaven’s Gate para 1997 y una interminable lista para el 2000 y el 2012.
Algunos grupos de origen católico inspirados en apariciones marianas y otras revelaciones privadas no aprobadas por la Iglesia, han fechado el fin o al menos asustado a sus seguidores con la narración de horrores advertidos por la Virgen para un tiempo no muy lejano.
Muchos de los grupos contactistas que presuponen el “contacto” con extraterrestres y revelaciones desde otras Galaxias, como la Misión Rama o el “estigmatizado” Giorgio Bongiovanni también dieron fechas y discursos de próximos finales. El grupo norteamericano Uranius predijo que llegarían los extraterrestres para el 2001, pero al año siguiente afirmaron que como no estábamos preparados, prefirieron esperar unos años más.
El llamado “Estado Islámico” (ISIS) también tiene un discurso de este tipo reforzado en una interpretación propia de la doctrina islámica. Anuncian que están llegando las últimas batallas antes del fin del mundo y la aparición del Mesías. De hecho uno de los fundadores de ISIS, mientras era miembro de Al Qaeda, consideraba que el Mesías iba a aparecer en el año 2006 y por eso había que fundar un califato para recibirle. Por otra parte, a partir de un dicho del profeta Muhammad (un hadiz) anuncian que un grupo elegido “aparecerá con banderas negras” en Siria y estará próximo el fin.
Grupos de corte orientalista y New Age, como el MISA, movimiento de Yoga esotérico fundado por el rumano Gregorian Bivolaru, afirman que cuanta más gente practique meditación durante más tiempo, se podrá frenar el “apocalipsis” que se avecina. Los movimientos gnósticos también han fijado fechas del fin del mundo, pero según sean optimistas (paso a una Edad dorada) o pesimistas (llegada de una destrucción total de la materia), varían sus profecías.
El clérigo Thomas Chase lo anunció para el 2007 basándose en la numerología, la Biblia y la astrología. Para marzo de 2013 algunos grupos afirmaron que se cumpliría la supuesta profecía de san Malaquías sobre el último Papa en la Iglesia católica. El canal History Channel, en uno de sus programas pseudocientíficos y de aire esotérico, afirmó que según la mitología vikinga el fin del mundo sería para el año 2014.
Podríamos seguir con una incontable lista de intérpretes de Nostradamus que también han visto el presente a la luz de la simbología encontrada en cualquier texto que les sirva de excusa. Lo cierto es que todos los que se pretenden apoyar en la Biblia olvidan que los mismos textos bíblicos advierten que “nadie sabe el día ni la hora“, solo Dios.
Apocalipsis y Harmagedón
El libro del Apocalipsis, al igual que otros textos de corte apocalíptico incluidos en los evangelios, son rodeados de una atmósfera de tensión y misterio. Muchos cristianos sienten miedo de leerlo y asocian la palabra “apocalipsis” con desastres graves y de amplio alcance, como sinónimo de “destrucción masiva”.
Cuando se habla de peligros relacionados con armas de gran poder de destrucción o de un posible asteroide que choque con nuestro planeta, se habla de situaciones “apocalípticas”. Sin embargo el término apocalipsis significa otra cosa. Es una palabra griega que significa “desvelamiento”, “correr el velo”, “revelación”, comunicar algo que hasta el momento era desconocido. Al mismo tiempo es un género literario propio del judaísmo cuya finalidad es dar una interpretación religiosa a los acontecimientos históricos desconcertantes o inexplicables, especialmente cuando hay grandes injusticias, como las persecuciones romanas a los cristianos.
Para interpretar estos textos adecuadamente hay que ubicar cualquier símbolo en su contexto específico y conocer la teología del autor. El género apocalíptico está cargado de símbolos extraños para nosotros: convulsiones cósmicas, seres fuera de lo normal, sueños y visiones, números con significaciones especiales, etc. Pero todos estos símbolos están al servicio de una lectura de la historia concreta a la luz de la fe.
Los hechos no se narran en su detalle concreto, sino que se busca expresar una lógica superior, un plan, una finalidad que da sentido a toda la historia, de la cual Dios es Señor. La dialéctica constante entre el bien y el mal no es de estilo maniqueo, como si fueran fuerzas del mismo poder, sino que Dios sigue siendo siempre el dueño absoluto de la historia.
El “Harmagedón” (que se debe escribir con H) significa el Monte Megidó, lugar de la llanura del Esdrelón en Galilea, donde se libraron varias batallas importantes narradas en el Antiguo Testamento. Pero el término ha sido utilizado por diversas sectas y grupos religiosos como el lugar de una batalla final entre Cristo y el Anticristo o entre Cristo y Satanás.
De aquí que tampoco es el “Harmagedón” un episodio de destrucción, sino un lugar de grandes batallas para Israel. Pero Testigos de Jehová, Adventistas, Mormones, La Iglesia de Dios Universal y los mismos Rosacruces lo han anunciado para diversas fechas como sinónimo de la Batalla Final.
¿Qué dice la Biblia sobre el fin del mundo?
Los cristianos no sabemos cuándo será la consumación de la tierra y de la humanidad ni la manera como se transformará el universo. La Biblia nunca habla del “fin del mundo”, sino del “fin de los tiempos”, expresando que no acabará del todo, sino que será transformado en un “cielo nuevo y una tierra nueva” en Jesucristo.
“En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe ni los mismos ángeles del cielo, ni siquiera el Hijo de Dios. Solamente el Padre lo sabe” (Mt. 24, 36 y Mc. 13, 32). Jesús no dio fecha ni horario para que podamos agendarlo. “A ustedes no les toca saber cuándo o en qué fecha el Padre va a hacer las cosas que solamente Él tiene autoridad para hacer” (Hch. 1, 1-7).

LA AMISTADA EN TIEMPOS DE FACEBOOK

La amistad en tiempos de facebook
Quien registra un perfil para comenzar a interactuar con otros usuarios en Facebook puede darse cuenta de que a la base de las relaciones posibles en esa red social está un valor: la amistad.


Por: Jorge Enrique Mújica, L. C. | Fuente: http://www.regnumchristi.org/ Revista In-formarse No. 54 



Quien registra un perfil para comenzar a interactuar con otros usuarios en Facebook puede darse cuenta de que a la base de las relaciones posibles en esa red social está un valor: la amistad.
La dinámica de la comunicación entre usuarios en Facebook parte de las relaciones entre amigos y para que esas relaciones sean posibles precisan de que los interesados sean «amigos» en esa red social. Ese «ser amigo» sigue un procedimiento antes de llegar a ser una realidad digital: un usuario pide amistad a otro por medio de la opción «solicitud de amistad». Pero no basta solicitar: la petición debe ser confirmada por el otro usuario a través de la opción «confirmar amistad» para que cobre efecto. Hecho esto último hay una nueva relación de amistad en el ambiente que Facebook ofrece.
Es cierto que no pocas veces esa «nueva amistad» es sólo la prolongación de una serie de relaciones previas surgidas en el ámbito de las relaciones cara a cara. Otras tantas supone el reencuentro con conocidos de antaño mientras que en otras más es el desenlace de una serie de experiencias de conocimiento humano surgidas en el contexto del mismo Facebook (gracias a la compatibilidad en torno a intereses u otro grupo de afinidades).
Al profundizar el tema de la amistad en Facebook se puede descubrir, por un lado, que lo que tradicionalmente consideramos «amistad» ha encontrado un nuevo escenario de prolongación vivencial; y, por otro, que la experiencia misma de lo que hoy allí muchos asocian al concepto «amistad» supone, por lo menos, una mutación de significado
Acerca de esto último, es sobre todo en el grupo de quienes nacieron cuando internet ya existía en los que el valor amistad implica unas dimensiones de relación distintas a las tradicionales: piénsese en que ahora las interacciones mediadas por la tecnología son el modo más generalizado por el que los nativos digitales expresan su cercanía, muestras de afecto y otros gestos propios de los amigos. Estas «formas sociales» están pasando a ser la manera ordinaria de relación también para muchos inmigrantes digitales.
Si consideramos internet como lo que es, un ambiente, podemos decir que entonces el lugar donde la amistad se manifiesta simplemente ha cambiado de escenario o al menos que ha encontrado uno nuevo. Pero internet no es un ambiente sustitutivo sino complementario o, mejor dicho, a integrar en la vida humana que es una sola. Considerando esto es como podemos advertir que la «amistad» que Facebook posibilita y muchos viven supone una mutación de significado. Mutación porque en definitiva la «amistad» pierde características que le son propias como la dimensión física del trato personal entre humanos. No es que Facebook en particular, o las redes sociales en general, no constituyan auténticas plataformas donde la amistad es una realidad vivida y vivible; lo que sucede es que por su misma naturaleza presentan limitantes que la llevan a ser un espacio imperfecto de amistad. Esto en razón de no ser áreas físicas donde la gestualidad y la palabra hablada pueden fortalecer las relaciones o el simple hecho de que el radio de amigos difícilmente puede llegar a las dos mil personas, como tantas veces sucede a quienes más que amistad buscan popularidad.
La experiencia «imperfecta» de amistad en Facebook, sin embargo, apunta a la perfección. Es así como podemos apreciar mejor el hecho de que las redes sociales como Facebook han acercado a las personas.  Ciertamente tampoco podemos dejar de reconocer que se ha dado una cierta banalización ya no sólo del concepto sino de la misma experiencia de amistad.
Las personas con más amigos en Facebook son percibidas como más populares. Y en la búsqueda de esa popularidad los usuarios aceptan a tantas personas como «amigos» cuando en realidad lo que en el fondo se quietre es potenciales dadores de «me gusta» para las propias publicaciones. El otro no es visto como «amigo» sino como un simple número al servicio del propio ego.
Uno de los momentos en que el valor de la amistad queda más al descubierto en el Evangelio es cuando Jesucristo dice a sus apóstoles: «Ya no os llamo siervos sino amigos». No es una declaración cualquiera sino una transformación de relaciones: el que antes era un servidor ahora es llamado amigo. No se trata sólo de un cambio denominacional sino un auténtico cambio de relaciones con todas las implicaciones que eso supone: ya no es una relación vertical sino horizontal.  De esta manera Dios indica cómo debe ser tratado el ser humano: como amigo. Y tal vez sea esta la cristianización que se pueda hacer de la amistad en Facebook.

SI ESTÁS ENAMORADO, NO TE CASES

Si estás enamorado, ¡no te cases!
Es mejor no correr y estrellarse con un beso lleno de sensaciones para luego darse un contrasuelazo con la realidad.


Por: Silvana Ramos | Fuente: Catholic-link.com 



Cuando los papás, y sobre todo los abuelos, nos dan un consejo hay que escuchar, hay que prestar muchísima atención con lo que están diciendo. La experiencia vale más que mil presentes. ¡Ojo! 
Cuando uno está enamorado y los sentimientos son tan potentes, muchas veces esperar parece una tarea casi imposible. «Pero, ¿cómo me piden esperar?», «¿nadie entiende lo que tú y yo sentimos?»… La experiencia nos muestra las dos caras de la moneda matrimonios felices y duraderos y matrimonios rotos. ¿En qué lado queremos estar? Para reflexionar sobre esto, el portalsoyamante.org han producido un increíble video que está perfecto para celebrar san Valentín.
Estar enamorado es increíble, el mundo parece perfecto, todo es completo júbilo, pero todo esto no es lo suficientemente grande como para casarse. Es suficiente para empezar a conocer a alguien, para ver si detrás de todo el torbellino de sentimientos finalmente viene una calma duradera en donde podamos vislumbrar un horizonte claro y prometedor.
El matrimonio es algo hermoso. Difícil, como todo lo bueno y valioso en la vida, pero cuando es real y comprometido es absolutamente hermoso. Es mucho más que un simple sentimiento de ardor, bueno digo simple, pero no pocas veces este sentimiento termina siendo complicado. Es por eso que es mejor seguir el consejo, y en lugar de apurar las cosas, esperar. Tantos poemas, tantas historias de amor, tantas… ¿tragedias? Sí, tragedias. Porque a veces ese sentimiento ardoroso termina quemándolo todo y dejando a su paso muertos y heridos (demos un vistazo a las estadísticas de divorcios y entenderemos un poco la figura).


En el amor conyugal, el matrimonio es una carrera de largo alcance: no importa quién llega primero sino quién mantiene el ritmo y la vida durante todo el trayecto. La convivencia, lo cotidiano, el descubrirse diferentes pero mirando hacia un el mismo lugar, el construir una vida juntos, el armar una historia que es co-biográfica, el seguir siendo tú y yo, pero a la vez ser también un nosotros, no sucede de la noche a la mañana.
Es mejor no correr y estrellarse con un beso lleno de sensaciones indescriptibles para luego darse un contrasuelazo con la realidad. Mirar la idea de un amor dibujado en corazones de color rosa es lindo, pero nunca suficiente para construir algo tan grandioso como es el matrimonio.
Que en estos días en que los corazones, el rosa, los besos y los enamorados nos toman por asalto pensemos un momento qué es lo que estamos buscando detrás de todo eso: una sensación pasajera o una historia de amor que dure para siempre, un siempre feliz que necesita construirse día a día.

«(…) Ciertamente es algo bello que hoy los jóvenes puedan elegir casarse sobre la base de un amor recíproco… la libertad del vínculo requiere una armonía consciente de la decisión, no solo un simple entendimiento de la atracción o del sentimiento» (Papa Francisco – 15 de mayo 2015).

SAN VALENTÍN, UNA VERDADERA HISTORIA DE AMOR

San Valentín: Una verdadera historia de amor
San Valentín antepuso su misión a su vida y la ofreció por la validación del sacramento del amor.


Por: Mary Torres | Fuente: EvangelizacionCatolica.org 



El Día de San Valentín es una tradición que se ha ido implantando en casi todo el mundo, de manera muy particular en América  pero más lamentable aún es su creciente  comercialización durante el siglo XX y XXI. La costumbre dicta que los enamorados, novios o esposos expresen su amor y cariño mutuamente. Mientras más grande sea el detalle más grande el amor. El comercio compite grandemente por vender, al punto de que la fiesta es tan competitiva como la Navidad.
Muchos piensan que este día se celebra desde hace poco y que surgió por los centros comerciales. Pero, como católicos nos compete clarificar varios detalles. Antes de hacerlo debo admitir que no fue hasta ahora que me interesé en buscar información sobre el particular. Ha sido tan sorprendente y significativo  para mí, que sería egoísta sino lo comparto con ustedes. El origen de esta fiesta proviene de una hermosa e increíble historia que data de  la época del Imperio Romano; señalando como protagonista a Valentín de Terni, un sacerdote católico. La celebración  es de origen anglosajón y comenzó a cobrar notoriedad a partir del siglo XIV,  tomando como nombre de Día de los Enamorados o Día del Amor y la Amistad.
San Valentín nació en Interamna Terni, unos 100km al norte de Roma, cerca del año 175. Fue ordenado por San Felicio de Foligno y consagrado obispo de Interamna por el Papa Víctor I c. 197. Famoso por su  evangelización, milagros y curaciones, este sacerdote  ejerció en Roma durante el siglo III bajo el gobierno del Emperador Claudio II quien prohibía la celebración de matrimonios entre los jóvenes. El gobernante decía que: “Los solteros sin familia son mejores soldados, ya que no tienen ataduras.”
Valentín consideró que el decreto era injusto y desafió al emperador celebrando  en secreto matrimonios para jóvenes enamorados. El emperador Claudio se enteró y como el sacerdote gozaba de un gran prestigio en Roma, lo llamó al Palacio. Valentín aprovechó la ocasión para hacer proselitismo del cristianismo y aunque en un principio Claudio II mostró interés, el Gobernador de Roma llamado Calpurnio lo persuadió y el emperador optó por su encarcelación. Ocurrió que el oficial Asterius, encargado de encarcelarle lo quiso ridiculizar y lo puso a prueba. “Te reto a que devuelvas la vista a mi hija Julia que nació ciega”. Valentín aceptó e impuso sus manos sobre los ojos de la joven. ”En el nombre del Señor y de su infinito amor, te devuelvo la vista”. En el nombre de Jesús, se obró el milagro.
Este hecho convulsionó a Asterius y su familia, quienes se convirtieron al cristianismo. Valentín siguió preso, no pudieron liberar al sacerdote pues el débil emperador lo mandó a arrestar por temor a un levantamiento de los paganos y del ejército romano. De todas formas fue torturado y decapitado el 14 de febrero del año 270. Lo mataron de noche y en secreto para evitar la reacción del pueblo de Terni donde era muy amado. Como agradecimiento, Julia plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba y partir de entonces el almendro ha pasado a ser símbolo de amor y amistad duraderos.


En el año 496 DC el Papa Gelasio escogió la fecha del 14 de febrero para honrar a  Valentín. Sus restos mortales se conservan en la Basílica de su mismo nombre, que está situada en la ciudad italiana de Terni (Italia). Cada 14 de febrero  dicho templo celebra  una hermosa ceremonia donde las parejas presentes realizan un acto de compromiso un año antes de contraer matrimonio.
Cabe preguntarnos ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a ver nuestro matrimonio como una vocación, como una oportunidad de poner ese llamado al servicio del Señor?  San Valentín antepuso su misión a su vida y la ofreció por la validación del sacramento del amor. Hagamos un alto este día para elevar una oración por nuestros matrimonios y pidamos a Dios por el renacer de este sacramento en el mundo.

El artículo sobre San Valentín en nuestro santoral te ofrece más información sobre él.
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