domingo, 5 de marzo de 2017

40 AMIGOS PARA ACERCARTE A JESÚS EN CUARESMA


40 amigos para acercarte a Jesús
Cuaresmario 2017


Una herramienta para vivir intensamente este Tiempo Litúrgico


Por: n/a | Fuente: Católicos con Acción 



«…Quiero volverme santa y confío en que la Divina Misericordia puede hacer una santa de la miseria que soy, porque después de todo tengo buena voluntad. A pesar de todos los fracasos quiero luchar como un alma santa y quiero comportarme como un alma santa. No me desanimará nada como no se desanima un alma santa. Quiero vivir y morir como un alma santa, contemplándote, Jesús tendido en la cruz, como un modelo para seguir… a partir de ahora he clavado mi mirada en Ti, oh Cristo, que eres mi mejor guía. Confío que bendecirás mis esfuerzos» (Santa Faustina Kowalska).
Llegó la Cuaresma y nuestros amigos y aliados, Católicos con Acción, presentan ante toda la Iglesia el Cuaresmario 2017 “40 Amigos para acercarme a Jesús” (también conocido como Cuaresma con Acción), una herramienta para vivir intensamente este Tiempo Litúrgico con un poco de ayuda: la de nuestros hermanos y amigos ¡LOS SANTOS!
El Cuaresmario 2017 de Católicos con Acción es un instrumento evangelizadorsencillo y atractivo en su presentación, fácil de comprender, pero retador en la acción y, en esta oportunidad, ejemplar en la imitación; qué mejor ayuda para animarnos a avanzar en este camino cuaresmal que el ejemplo de Santa Teresa de Calcuta, San Alberto Hurtado o San Juan Bosco; qué mejores ejemplos de identificación con la pasión de Nuestro Señor Jesucristo que Santa Rita de Cascia, San Pio de Pietrelcina, San Francisco de Asís o San José Sánchez del Río. Que mejores modelos de vida en Cuaresma que Santa Rosa de Lima, Santa Mónica y San Maximiliano Kolbe.
La Cuaresma es un tiempo de Ayuno, Oración y Penitencia, y también es tiempo de acción con el corazón, de encuentro conmigo mismo, con el hermano y con Dios. Los santos son testimonio latente en la Iglesia de que, a pesar de las pruebas, es posible lograr nuestra identificación con Cristo Crucificado, para merecer y compartir su gloria en la resurrección; la Cuaresma es un tiempo litúrgico ideal para que los cristianos salgamos de nuestras comodidades y seamos capaces de entregarlo todo con Cristo y para Cristo.
¿Crees qué es difícil acercarte a Jesús como ellos lo hicieron? Como diría uno de nuestros grandes amigos, San Juan Pablo II, “NO TENGAN MIEDO DE MIRARLO A ÉL”; los santos no son seres de otro mundo, ellos son gente común y corriente, como tú y yo, que tomaron una opción decisiva para su vida: Darle un SÍ total a Jesús, a su Evangelio, a la Iglesia, a sus hermanos, aún con sus defectos y en medio de las dificultades… Tú también puedes darle tu SÍ a Jesús en esta Cuaresma.


Los retos diarios nos invitan a meditar una frase representativa de cada santo, para darnos cuenta de que la palabra y la inspiración es posible hacerla vida; así, con la ayuda de una pequeña reflexión, te retamos a responder si estarías dispuesto a actuar, a desarrollar una virtud, siguiendo el ejemplo de un santo, edificando nuestra alma para acercarnos a Jesús. Cada día, una “invitación de amigo” aparecerá en tu muro, sí decides “aceptar”, estás invitado a meditar y actuar junto a tu nuevo amigo.
Como nos exhorta el Santo Padre Francisco, en su mensaje para esta Cuaresma 2017:“La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón», a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor…”. Que mejor opción para reforzar nuestra amistad con Cristo que el testimonio de grandes amigos como lo fueron nuestros hermanos los santos.
Sí alguna vez te preguntaste porqué la Iglesia nos presenta el ejemplo de los santos a diario en la liturgia o si te propusiste conocerlos más y hacerte amigo de al menos un santo o santa, este es el momento ideal para empezar. Estamos invitados a buscar la santidad, a ser amigos de Cristo, a través de 40 amigos santos, que nos guiarán en este camino; solo contábamos con 40 espacios en esta Cuaresma, pero estamos seguros que desde el cielo, son muchísimas más las invitaciones de amistad que nos serán enviadas para unirnos a Jesús.
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Vivamos esta Cuaresma con Acción con perspectiva pascual, para que al entonar las Letanías de los Santos en la gran Vigilia Pascual, podamos unirnos este año en cuerpo, alma y corazón a nuestros amigos en el cielo, comprometiéndonos a seguir su ejemplo de vida para que, como ellos, llegar al encuentro con Cristo, nuestro hermano, nuestro amigo, nuestro Señor. La Cuaresma con Acción es pues, una invitación a ser la Iglesia testigo de la santidad, de la escucha de la Palabra, de la Reconciliación, comunidad fraterna que actúa y que sale al encuentro del hermano, artífice de la misericordia divina.
Cuaresma con Acción, 40 días, 40 amigos, 40 desafíos; como ya es usual, además de la herramienta gráfica del Cuaresmario 2017, Católicos con Acción compartirá diariamente la frase de un santo o santa, diferente cada día, la que te invitamos a reflexionar y que culmina con un reto de acción concreta. Invitamos nuevamente a todos nuestros hermanos Católicos con Acción, a que desde cualquier lugar donde se encuentren nos compartan sus experiencias de vida con la puesta en práctica del Cuaresmario, porque su testimonio será eco de la Santidad querida por Dios en cada uno de sus hijos, testimonios vivos que tocarán los corazones de tantos y les animará a unirse también a esta iniciativa.
Como siempre, el uso de este instrumento de evangelización es público, para toda la Iglesia; te pedimos respetar únicamente los derechos de autor como una iniciativa de Católicos Con Acción. En tal sentido, puedes descargarlo para ti y debes también compartirla con tus hermanos, en las Parroquias, comunidades eclesiales, movimientos, colegios o escuelas, grupos juveniles, pastorales, familias, grupos de amigos… comparte los retos y tus propias experiencias por todas las redes sociales, y como siempre te exhortamos, no te olvides sobre todo de compartirla con aquel hermano tuyo que necesite hoy más que nunca animar su vida con el testimonio de los santos.
¿Estás listo para vivir esta Cuaresma con Acción? ¿Preparado para acercarte a Jesús? Hay 40 amigos que están listos para encontrarte en este camino, con el impulso del Espíritu Santo, ellos y nosotros, para Cristo, con María, para la mayor gloria de Dios.

QUÉ DEBEMOS ENTENDER POR LIBERTAD RELIGIOSAS?

¿Qué debemos entender por libertad religiosa según el Magisterio de la Iglesia Católica?
La libertad es un término muy usado y equívoco y como consecuencia muchas veces mal entendido. Es nuestro deseo aclarar este término libertad y en particular el de la libertad reli giosa.


Por: Rev. P. Manuel Álvarez de la Torre | Fuente: Mercaba.org // ApologeticaCatolica.org 



Sucinta Introducción Histórica
1. En el siglo XVI el protestantismo negó al hombre la libertad psicológica: el hombre pecaba necesariamente. Un determinismo psíquico lo hacía pecar.
En el siglo XIX el liberalismo propugnaba la absoluta libertad del hombre respecto a la Ley eterna, que es la ley expresión del modo ético de ser del hombre por el hecho de haberlo Dios creado hombre. Defendía lo que se denomina la libertad moral: Es bueno lo que el hombre dice que es bueno y es malo lo que el hombre dice que es malo.
En el siglo XX el totalitarismo pugnaba por subyugar el derecho a la libertad de coacción extrínsecas del hombre : si no eres marxista no puedes ocupar puestos pingües…
2. Contra estas corrientes filosófico-teológicas el Magisterio de la Iglesia ha ido explicando, defendiendo y declarando las diversas libertades del hombre.


Así, contra el protestantismo defendió con anatema que el hombre es libre psicológicamente (cfr. Concilio de Trento sesión VI canon 5, D 815).
Contra el liberalismo el Papa León XIII, afirmó que el hombre está obligado moralmente a cumplir la ley eterna (cfr. Encíclica Libertas del 20 de Junio de 1.888).
Y contra el totalitarismo defendió el derecho del hombre a ser libre de coacción extrínseca (cfr. León XIII, Juan XXIII y el Concilio Vaticano II).
La libertad del hombre
3. Este conspectus histórico nos dice que el Magisterio de la Iglesia defiende que el hombre goza de libertad, que es un ser libre.
La libertad es un término muy usado y equívoco y como consecuencia muchas veces mal entendido. Es nuestro deseo aclarar este término libertad y en particular el de la libertad reli giosa.
Iniciemos, pues, nuestra tarea.
Libertad
4. El concepto de libertad posee como nota genérica la inmunidad de un vinculo, de una causa que impida o que ate o por el contrario provoque irresistiblemente el ejercicio de una de terminada acción. Por eso se denomina libre aquel que no está atado.
Según sean las clases de vínculos, ataduras o necesida des de las que un sujeto esté inmune así serán las clases de li bertad.
Con relación al hombre, tres son principalmente los vínculos, ataduras o necesidades que le pueden sujetar:
1)     La coacción extrínseca ya sea física ya sea moral,
2)     La obligación o ley moral y
3)     El determinismo intrínseco de la naturaleza (ya sea propio de las leyes físicas de los seres inorgánicos ya sea propio de los instintos de la vida animal).
5. La coacción extrínseca  (física o moral) se define como la necesidad o presión (física o moral) que se ejerce desde afuera contra la inclinación natural o el querer de la persona determinándola a actuar o no actuar en determinada dirección. Así, ya coacción extrínseca física, v. gr. el delincuente que por coacción extrínseca física (también denominada VIOLENCIA) ataca a su víctima, ya coacción extrínseca moral, v.gr. la joven hija de familia que por temor reverencial a su padre, no se casa con aquel joven con el que desearía casarse.
La obligación o ley moral es la necesidad o presión moral que impuesta por vía cognoscitiva sale, brota espontánea mente de la misma manera de ser de la naturaleza humana y hace que esa persona humana actúe o no actúe en determinada direc ción. Se manifiesta a nivel consciente de modo imperativo así: v.gr. Debes honrar a tus padres.
El determinismo intrínseco de la naturaleza es la necesidad o presión física que proviene de algún principio intrínseco a la misma naturaleza de la persona, que la determina a obrar en determinada dirección. Así v.gr. en el estado onírico la persona queda a disposición de sus instintos incoercibles por carecer del control de la voluntad libre.
6. De estas tres clases de vínculos se deducen las tres clases de libertad en el hombre.
1)La libertad de coacción extrínseca (física o moral) será la inmunidad-carencia de coacción intrínseca (física o moral).
2) La libertad de obligación o ley moral que se suele llamar simplemente libertad moral será la inmunidad-carencia de obligación o ley moral.
3) La libertad de determinismo intrínseco de la naturaleza que se suele llamar simplemente libertad Psicológica o libre albedrío o libre arbitrio será la inmunidad-carencia de determinismo intrínseco de la naturaleza.
Estudiémoslas.
7. Comencemos por la libertad psicológica.
El hombre es un ser inteligente-volitivo. Su voluntad es potencia ciega que tiende al bien propuesto por el entendimiento de dos maneras:
Primera, Necesariamente.
Segunda, Libremente ( con libertad psicológica)
Primera manera: Necesariamente. Cuando el bien que le presenta el entendimiento es el bien absoluto en todo su brillo, es decir, se lo presenta intuitivamente entonces la voluntad lo abraza necesariamente.
Segunda manera: Libremente. (Con libertad psicológica). Cuando el bien que le presenta el entendimiento es o el bien absoluto pero no en todo su brillo, es decir, no necesita al entendimiento como lo necesita la verdad matemática 2+2=4, esto es, no dispara automáticamente el asentimiento del entendimiento; o es un bien relativo en el que descubre el entendimiento "pros" y "contras", entonces en estos dos casos la voluntad no está necesitada, queda libre y procederá a amarlo pudiendo proceder a no amarlo. Este tender al bien libremente con libertad psicológica es la manifestación de' la excelencia de la naturaleza humana, que es espíritu: Es una de las más gloriosas manifestaciones del hombre creado por Dios espíritu, esto es, de tal calidad que es inteligente?volitivo. La Iglesia definió en el Concilio de Trento, Sesión VI, canon 5 (D 815) que el hombre es libre psicológicamente contra el protestantismo “Si alguno dijere que el libre albedrío del hombre se perdió y extinguió después del pecado de Adán, o que es cosa de sólo título o más bien título sin cosa, invención, en fin, introducida por Satanás en la Iglesia, sea anatema”.
8. Aserto:
1) No existe la libertad moral sino la obligación moral de cumplir la ley moral.
Precisamente por ser el hombre inteligente-volitivo debe tender a su fin según el modo de ser de su propia naturaleza, es decir, libremente con libertad psicológica. Debe tender obligatoriamente?libremente a su fin.  En efecto, el tender bajo la ley del entendimiento, lo que llamamos voluntad se le ha dado al hombre no para estar libre del proceder o no según su propia naturaleza . Así como el pez tiende a su fin nadando, el ave volando, el hombre tiende a su fin libremente. El pez, el ave, el hombre tienden a su fin con verdadera obligación pero cada uno según su propia naturaleza: el pez nadando, el ave volando y el hombre tendiendo libremente.
9. Así vemos en el tratado de “De Verbo Incarnato” como Nuestro Señor Jesucristo tenía el Precepto Riguroso y Absoluto de Morir, tenía que morir por imposición absoluta de su Padre. Pero tendió a esa imposición de su Padre libremente, con libertad psicológica. Es decir, la obligación de cumplir el precepto de su Padre no le quitó la libertad. No le quitó el ir libremente a la ejecución de ese precepto. Más aún, era necesario que cumpliese el precepto de su Padre tendiendo libremente al cumplimiento de ese precepto. En este tender libremente estuvo su mérito.
10. Luego el hombre está siempre sometido a proceder de acuerdo a la ley escrita en su naturaleza, en su substancia con obligación absoluta. Pero debe ir a cumplir esa su obligación absoluta libremente, es decir, echando mano no de un instinto dotado de determinismo ciego sino de una facultad apetitiva que trabaja bajo y en una facultad intelectiva. El ser espíritu está dotado de este mecanismo intelectivo-volitivo, que llamamos libertad, en el tender para que así pueda tender más y mejor a su objeto. El hombre tiene la libertad para mejor cumplir la ley o su obligación; pero no tiene libertad de la ley o de la obligación.
11. Nos dice acertadamente el Papa León XIII en su Encíclica "Libertas" del 20 de junio de 1.888; “No hay afirmación más absurda y peligrosa que ésta: que el hombre, por ser naturalmente libre, debe vivir desligado de toda ley (=Liberalismo). Porque si esta premisa fuera verdadera la conclusión lógica sería que es esencial a la libertad (psicológica) andar en desacuerdo con la razón; siendo así que la afirmación verdadera es la contradictoria, o sea el hombre, precisamente por ser libre ha de vivir sometido a la Ley. De este modo es la ley la que guía al hombre en su acción, y es la ley la que mueve al hombre, con el aliciente del premio y con el temor del castigo, a obrar el bien y a evitar el mal” (libertas 6).
El liberalismo cuyo origen está en la rebelión de no aceptarse uno a sí mismo como es, coloca al hombre en un estado de corrupción, de autodegradación moral.
12.    Aserto:
2) El hombre goza de libertad de coacción extrínseca física o moral.
Es de tal calidad-excelencia el hombre libre con libertad psicológica que éste debe actuar por su propia decisión, convencimiento y responsabilidad y no movido por la coacción o presión exterior (ya física ya moral) (PT 34) sino movido libremente?espontáneamente por la ley moral.
Todo régimen totalitario está en contra del hombre pues atenta contra lo radical del hombre, su ser inteligente-volitivo que exige tender libremente a aquello que tiene obligación de tender. Por eso el hombre tiene obligación de tender a Dios pero debe ir a él según su propia naturaleza , es decir, libremente.
13. Así nos lo confirma la Declaración sobre la libertad religiosa “Dignitatis humanae” del Concilio Vaticano II promulgada el 7 de Diciembre de 1.965.
"De la dignidad de la persona humana tiene el hombre hoy una conciencia cada día mayor y aumenta el número de los que exigen que el hombre en su actuación goce y use de su propio criterio y libertad responsable, no movido por coacción, sino guiado por la conciencia del deber" (DH 1).
14. Obsérvese además, que el derecho a la libertad de coacción extrínseca (física o moral) es un derecho esencial de la persona humana. Luego este derecho no debe restringirse a un sector de la actividad humana en cuanto humana. Su dignidad personal exige que el hombre esté inmune de coacción extrínseca en todo el ámbito de la actividad humana, no sólo en materia religiosa. El Concilio Vaticano II se ha fijado, como le correspondía, principalmente en el campo religioso. En este campo religioso el hombre libre psicológicamente está obligado moralmente y por consiguiente tiene derecho a profesar la verdadera religión y a pertenecer a la ÚNICA Y VERDADERA IGLESIA DE CRISTO: Nuestra Santa Madre la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
Libertad Religiosa
15. Por consiguiente el Concilio Vaticano II se refiere a la libertad de coacción extrínseca en materia religiosa que ha denominado simplemente libertad religiosa, con su correspondiente derecho a la libertad de coacción extrínseca en materia religiosa o simplemente derecho a la libertad religiosa.
Nos lo confirma la Comisión Teológica encargada de elaborar el texto aprobado de la declaración “Dignitatis humanae” en su respuesta al Modo II General.
16. "Obsérvese que el texto aprobado afirma un derecho cuyo objeto es la inmunidad de coacción (extrínseca) y no el contenido de ninguna religión. Tal inmunidad es exigida por la dignidad de la persona. En ninguna parte se afirma ni es lícito afirmar (lo cual es evidente) que se dé derecho a difundir el error. Si alguien difunde el error, esto no es el ejercicio de un derecho, sino un abuso del mismo. Este abuso se puede y se debe impedir, si el orden público se perturba gravemente (si ordo publicus graviter laeditur), como se dice muchas veces en el texto y se explica en el número siete de la Declaración".
17. Este derecho a la libertad religiosa, de que habla el Concilio Vaticano II, es solamente el derecho a la inmunidad de coacción extrínseca (ya física ya moral) en materia religiosa, es decir, el que no se impide a nadie en materia religiosa ni tampoco se le coaccione a ella. Más aún, lo que existe es el deber religioso, y tan obligante que si no lo cumplo me condeno, de abrazar la verdadera religión y pertenecer a la verdadera y única Iglesia de Cristo; pero debo querer esa religión verdadera y esa verdadera y única Iglesia de Cristo con libertad de coacción extrínseca (ya sea física o moral) y con libertad psicológica. Estoy obligado a abrazar la verdadera religión y la verdadera y única Iglesia de Cristo libremente; esto es, con libertad tanto ,psicológica como de coacción extrínseca (ya sea física ya moral) pero no con libertad moral que no existe.
18. No hay, pues, libertad específicamente religiosa. Lo que hay es libertad de coacción extrínseca (ya sea física ya moral) en materia religiosa. Este es un derecho esencial de la persona humana válido no sólo en materia religiosa sino también en otros sectores de la actividad humana.
Esta libertad religiosa así entendida es el más fundamental de los derechos pero en función del primero de los deberes.
19.  Por consiguiente la dignidad-excelencia de la persona humana exige dos libertades y una obligación (moral).
1) La libertad psicológica o inmunidad de determinismo intrínseco de la naturaleza (cual sería el determinismo intrínseco propio de las leyes físicas de los seres inorgánicos o propio de los tropismos de la vida vegetal o propio de los instintos de la vida animal),en el abrazar la verdadera religión y pertenecer a la verdadera y única Iglesia de Cristo.
2) La libertad de coacción extrínseca (ya física ya moral), (cual sería la fuerza, presión o violencia física o moral indebida desde fuera) en el abrazar la verdadera religión y pertenecer a la verdadera y única Iglesia de Cristo.
3) La obligación o Ley moral de mi conciencia que me dice que estoy obligado a abrazar la verdadera religión y a pertenecer a la verdadera y única Iglesia de Cristo, aunque ni física ni moralmente se me pueda coaccionar extrínsecamente a ello.
20. El Concilio Vaticano II en su Declaración sobre la libertad religiosa expone muy bien esta correlación existente entre la libertad psicológica, la libertad de coacción extrínseca (ya física ya moral) y la obligación o ley moral, sobre todo, en el campo religioso.
Nos dice el Concilio: "Por razón de su dignidad todos los hombres...son impulsados por su propia naturaleza (en todos los campos, no sólo el religioso) y además tienen la obligación moral de buscarla (no hay pues libertad moral como profesa el liberalismo), sobre todo la que se refiere a la religión. Están obligados asimismo a adherirse a la verdad conocida y a ordenar toda su vida según las exigencias de la verdad. Pero los hombres no pueden satisfacer esta obligación de forma adecuada a su propia naturaleza si no goza de libertad psicológica al mismo tiempo que de inmunidad de coacción externa (libertad de coacción extrínseca)."
21. Por tanto la libertad psicológica y la inmunidad de coacción extrínseca se da al hombre para que mejor y más dignamente cumpla con su obligación o ley moral (por moral no menos obligante) de abrazar la verdadera religión y de pertenecer a la verdadera y única Iglesia de Cristo.
22. Nos apuntaba la Comisión Teológica antes mencionada que el derecho a la libertad de coacción extrínseca (ya física ya moral), en materia religiosa, tiene unlímite. Este límite según nos decía la Comisión Teológica es el Orden Público gravemente perturbado. Esta limitación fue muy controvertida e impugnada en el Concilio. Quizás hubiese sido más preciso ponerlo en el bien de la persona o de la sociedad.
22. Puesto que alguien podría razonar así ...Yo no tengo derecho a propagar el error, ni a profesar una religión falsa, como no tengo derecho a robar ni a propagar la droga. Pero tengo derecho a que nadie me impida el hacerlo, ni me coaccione, si no perturbo gravemente el orden público. Por consiguiente si yo, que no tengo derecho a propagar el error ni a robar, ni a propagar la droga, lo hago de buenas maneras, sin perturbar gravemente el orden público, nadie me lo puede impedir ni coaccionar a que no lo haga. No tengo derecho a propagar el error, pero tengo derecho a que no se me impida el propagarlo. Extraña conclusión, aunque perfectamente lógica. Parece, pues, que se da aquí una flagrante contradicción; si no una contradicción “in terminis”, sí una contradicción practica. La declaración "Dignitatis Humanae" niega él derecho a la propaganda del error y afirma el derecho a la libertad de coacción extrínseca. No hay contradicción  “in terminis” Pero en la práctica ¿qué más da negar el primer derecho si se concede el segundo?
23.            Debido a esto quizás sea más preciso poner como límite de este derecho a la libertad de coacción extrínseca en materia religiosa (y en cualquier otro campo de la actividad humana) el bien de la persona o de la sociedad, en el que se incluye el respeto al justo orden público.
24. Por eso el Concilio puso un subtítulo a su Declaración sobre la libertad religiosa...”El derecho de la persona y las comunidades a la libertad social y civil en materia religiosa”. Quizás, pues, sea más preciso decir libertad de coacción extrínseca en materia religiosa que decir libertad religiosa. Puesto que lo que existe es un deber religioso y no una libertad religiosa de profesar la verdadera religión y de pertenecer a la verdadera y única Iglesia de Cristo. Esto lo han defendido siempre los Papas...
25. En efecto, el derecho a la libertad de coacción extrínseca en materia religiosa ha estado presente en la vida y en la historia de la Iglesia desde los primeros tiempos. No es, pues, una novedad en la doctrina de la Iglesia. Así el Papa Juan Pablo II en su discurso al V Congreso Internacional de Estudios Jurídicos del 11 de Marzo de 1.984 (Ecc1.2168,31?3?84.
Véase, por ejemplo, León XIII (Libertas 21) (Annum Ingressi 24), Pío XI (Non Abbiamo Bisogno 50); Juan XXIII (Pacem in Terris 14).
26.  Por ser menos conocido copiamos un texto Annum Ingressi 24 y Non Abbiamo Bisogno 50.
León XIII: "¿La Iglesia enemiga de la libertad? ¡Cuánto se desnaturaliza un concepto que bajo este nombre encierra uno de los más preciosos dones de Dios, y queda en cambio empleado para justificar el abuso y la licencia! Si por libertad se quiere entender un vivir exento de toda ley y de todo freno para hacer lo que más agrade; esta libertad sí tendrá ciertamente la reprobación de la Iglesia, al par que la de toda alma honrada. Pero si por libertad se entiende la facultad racional de obrarexpeditamente y ampliamente el bien según las normas de la ley eterna, en lo cual consiste precisamente la libertad digna del hombre y protege más que la Iglesia.
La Iglesia con su doctrina y acción liberó a la humanidad del peso de la esclavitud, anunciando la gran ley de la igualdad y de la fraternidad humanas; en todas las épocas tomó a su cargo la defensa de los débiles y de los oprimidos contra la prepotencia de los poderosos; reivindicó con la sangre de sus mártires la libertad de la conciencia cristiana; restituyó al niño y a la mujer la dignidad de su noble naturaleza y la participación en los mismos derechos de respeto y de justicia; contribuyendo grandemente a introducir y conservar la libertad civil y política de los pueblos" (Annum ingressi 24).
27. Pío XI: "La consideración de este doble derecho de las almas es lo que nos movía a decir hace poco que estamos alegres y orgullosos de combatir la buena batalla por la libertad de las conciencias; no ya (como alguno, tal vez sin advertirlo, nos ha hecho decir ) por la libertad de conciencia: frase equívoca y de la que se ha abusado demasiado para significar la absoluta independencia de la conciencia, cosa absurda en el alma creada y redimida por Dios." (Non abbiamo bisogno, 50; ASS 23, 1931, 285?312).
28. La Iglesia pues siempre ha defendido la libertad de coacción (la llamada libertad de las conciencias ) y rechazado la libertad moral (o libertad de conciencia).
Entre la doctrina de los Papas anteriores al Concilio Vaticano II y la Declaración "Dignitatis humanae" del mismo Concilio no existe ninguna oposición, sino perfecto acuerdo y ratificación.  
29. Los Papas anteriores al Concilio Vaticano II sé refirieron principalmente, no exclusivamente, a la libertad moral en materia religiosa, es decir, negaron tal libertad moral en materia religiosa afirmando el deber moral, la ley moral, la obligación moral de los hombres y de las sociedades para con la verdadera religión y la única Iglesia de Cristo (Syllabus 15).
El Concilio Vaticano II ratifica esta doctrina. Pero presuponiendo esta obligación moral -aunándose así a toda la tradición católica- va a referirse a la libertad de coacción extrínseca sobre todo en materia religiosa.
30. (DH 1) "El Sagrado Concilio al tratar de esta libertad -de coacción en materia religiosa quiere desarrollar la doctrina de los últimos Sumos Pontífices -es decir, por lo menos, desde León XIII- sobre los derechos inviolables de la persona humana y sobre el ordenamiento jurídico de la sociedad".

LA SUCESIÓN APOSTÓLICA EN EL NUEVO TESTAMENTO

La sucesión apostólica en el Nuevo Testamento
Si leemos con atención las Escrituras veremos que el oficio que Jesús da a los Apóstoles no puede terminar con la muerte de éstos


Por: P. Juan Carlos Sack | Fuente: Apologetica.org // ApologeticaCatólica.org 



¿De veras "no hay huella" de la doctrina de la sucesión apostólica en el N.T.?.
Nota Introductoria: si buscamos en los textos del Nuevo Testamento un pasaje donde diga: "Por la presente, yo, Apóstol N.N., declaro a fulano mi sucesor", sin duda no lo vamos a encontrar. De semejante expresión, "no hay huellas". ¡Tampoco es necesario una frase de ese porte para mantener la doctrina de la sucesión apostólica! Basta ver lo que los apóstoles de hecho hicieron para darnos cuenta que tuvieron la intención de establecer sucesores, es decir, hombres que guiasen las iglesias locales con autoridad recibida de los apóstoles. En otros artículos de este sitio se puede ver cómo los Padres de la Iglesia de los primeros cuatro siglos y el magisterio de la Iglesia han interpretado las Escrituras y han enseñado sobre este punto. Para una breve exposición de la doctrina y saber a qué se refiere la expresión "sucesión apostólica" y a qué no se refiere, ver el artículo de Albert Lang.
Si leemos con atención las Escrituras, y sobretodo sin prejuicios, veremos que el oficio que Jesús da a los Apóstoles de regir, enseñar y santificar la Iglesia de Dios no puede terminar con la muerte de éstos. Jesús tenían intención de que la Iglesia permaneciesehasta el final de los tiempos (Mt 28,20), que sea predicada a toda creatura (Mc 16,15; Mt 28,18) y que arribase hasta el confín de la tierra (Hechos 1,8). Esta misión encomendada por Jesús a los Apóstoles es imposible llevar a cabo si el oficio de regir, enseñar y santificar no se extiende de algún modo hasta el final de los tiempos y hasta el confín de la tierra, cosa que no puede realizarse si ese oficio termina con los Apóstoles, como es obvio.
Veamos algunos textos en particular donde se comprueba que los Apóstoles, conscientes de que ellos morirían y de que la Iglesia debía perdurar hasta el fin del mundo, y que era como "una ciudad sobre la montaña" (es decir... ¡visible!) tuvieron la intención de instituir hombres que, en lugar de ellos, gobernasen la Iglesia con autoridad, y que a su vez esos hombres instituyesen a otros en su lugar. Es lo que llamamos "sucesión apostólica". Sin duda que los Apóstoles lo hicieron no por voluntad propia, sino movidos por el Espíritu Santo, y muy probablemente por instrucciones precisas de parte del mismo Jesús, como lo dice Clemente, obispo de Roma (véase el artículo con los textos de los Padres). De este modo la autoridad que tuvieron estos sucesores de los apóstoles se considera como proveniente de Dios, y no meramente organizativa, y mucho menos "invisible", ya que estos sucesores ocupan el puesto de los Apóstoles. (Véase el artículo del magisterio de la Iglesia y el ya citado de de Albert Lang para la distinción entre lo que era transmisible en el oficio apostólico y lo que no lo era). Esto quedará claro luego de analizar algunos pasajes.
Las cartas "pastorales"


Con razón anota Tomás de Aquino que la materia de estas cartas es "la instrucción a los que rigen el pueblo de Dios" (Comentario a 1 Timoteo, prólogo). En estas cartas, tanto Timoteo como Tito aparecen como:
a) los que ostentan el lugar de Pablo, es decir, obran en su nombre, con su autoridad:
Te escribo estas cosas, esperando ir a ti pronto, pero en caso que me tarde, te escribo para que sepas cómo debe conducirse uno en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y sostén de la verdad... Te encargo solemnemente en la presencia de Dios y de Cristo Jesús y de sus ángeles escogidos, que conserves estos principios sin prejuicios, no haciendo nada con espíritu de parcialidad.
(1 Tim 3,14s y 5,21)

Incluso les confiere la autoridad de nombrar a otros al frente de la iglesia:
Por esta causa te dejé en Creta, para que pusieras en orden lo que queda, y designaras ancianos en cada ciudad como te mandé (Tit 1,5) No impongas las manos sobre nadie con ligereza, compartiendo así la responsabilidad por los pecados de otros; guárdate libre de pecado (1 Tim 5,22). Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros (2 Tim 2,2).
Es claro pues que el Apóstol les encomienda que obren en su lugar, sin hacer nada sino lo que él les había dicho, e incluso les confiere la autoridad que hasta el momento se reservaba sólo a los Apóstoles, a saber, establecer a los guías de la iglesia (ver Hechos 14,22-23).
Pablo los está instruyendo, sabiendo que la muerte le es próxima (2 Tim 4,5-8); se trata pues de instrucciones para ser puestas en práctica por los líderes de las iglesias después de su muerte, y hasta la venida del Señor (1 Tim 6,14), por lo que se entiende la preocupación de Pablo en que Tito y Timoteo tengan especial cuidado en elegir a los que deban suceder a ellos (ver citas más arriba). Es claro que los está dejando, de hecho, como responsables de las iglesias en lugar de él.
b) están al cuidado de las iglesias puestas a su cargo con toda autoridad: A Timoteo le encomienda la delicada misión de custodiar la doctrina, misión que si bien es compartida por todos los creyentes, encuentra en Timoteo el principal responsable:
Al señalar estas cosas a los hermanos serás un buen ministro de Cristo Jesús, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido... Esto manda y enseña... Entretanto que llego, ocúpate en la lectura de las Escrituras, la exhortación y la enseñanza... Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan... (1 Tim 4,6.11.13.16)
Es claro que el oficio de Timoteo es exclusivo de él, en el sentido que Pablo deja unresponsable de la comunidad en lo que toca a la enseñanza, y ese es Timoteo. Los demás "escuchan" (1 Tim 4,16). Más adelante continúa en la misma línea:
Enseña y predica estos principios. Si alguno enseña una doctrina diferente y no se conforma a las sanas palabras, las de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido y nada entiende... Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo... Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, y evita las palabrerías vacías y profanas, y las objeciones de lo que falsamente se llama ciencia... (1 Tim 6,3.13-14,20)
Luego agrega con más fuerza aún:
Te encargo solemnemente, en la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por su manifestación y por su reino: Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción (2 Tim 4,1s).
Le mandará lo mismo a Tito:
Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina... muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, con dignidad, con palabra sana e irreprochable... Esto habla, exhorta y reprende con toda autoridad. Que nadie te desprecie (Tit 2,1.7-8,15).
Palabra fiel es ésta, y en cuanto a estas cosas quiero que hables con firmeza, para que los que han creído en Dios procuren ocuparse en buenas obras (Tit 3,8).
Es de recordar que el oficio de la enseñanza "con toda autoridad" era el oficio propio de los Apóstoles, como consta en todas las Escrituras del Nuevo Testamento (ver por ejemplo Hechos 6,2-4).
También se le advierte a Timoteo (1 Tim 2,1-11) cómo debe ser el culto de los cristianos, para que él supervise y no permita que se hagan las cosas de cualquier manera.
Por otro lado, Pablo es cuidadoso de transmitir a Timoteo y Tito asuntos importantes del gobierno de la Iglesia, como por ejemplo las cualidades que deben tener los que quieran servir como obispos, diáconos o presbíteros; no sólo eso, sino también cómo deben ser considerados si son acusados y llevados a juicio, todas cosas estas que, por su misma naturaleza, corresponden a personas que ostentan autoridad sobre toda la comunidad (ver 1 Tim 3,1-10; 5,15-20; 2 Tim 2,2; Tit 1,5-9; 2,15ss). Y también les encomienda a todo el resto de la comunidad: ancianos, jóvenes, doncellas, viudas, adolescentes y esclavos (1 Tim 5,1-16; Tit 2,2-10). Y finalmente les enseña cómo deben ser amonestados y eventualmente anatematizados los herejes:
Al hombre que cause divisiones, después de la primera y segunda amonestación, deséchalo, sabiendo que el tal es perverso y peca, habiéndose condenado a sí mismo(Tit 3,10)
En una palabra, Tito y Timoteo son establecidos por Pablo para gobernar con toda autoridad las iglesias. Una iglesia "invisible", como teorizan algunos, sin hombres de nombre y apellido con autoridad apostólica, ¿cómo podría aplicar la disciplina de la "excomunión", o como dice el texto "desechar" a uno que causa divisiones? ¡Pues sin duda que ese uno encontrará pasajes bíblicos que, según él, confirman su doctrina! ¿Y quién tendrá razón?
c) son establecidos con autoridad divina: de hecho Timoteo y Tito (y luego los demás) recibieron la autoridad a través de la imposición de manos por parte del Apóstol, cosa que comportaba siempre la gracia de Dios que les venía concedida para llevar adelante el oficio que recibían:
Por lo cual te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, prisionero suyo, sino participa conmigo en las aflicciones por el evangelio, según el poder de Dios, quien nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no según nuestras obras, sino según su propósito y según la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad... Guarda, mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros, el tesoro que te ha sido encomendado (2 Tim 1,6-9.13-14).
No descuides el don espiritual que está en ti, que te fue conferido por medio de la profecía con la imposición de manos del presbiterio (1 Tim 4,14).
Un oficio, como el de regir las iglesias, que es dado con signos de la gracia divina ("espíritu", "poder de Dios", "don espiritual") no puede provenir sino de Dios mismo, que es el único que puede conceder esas gracias.
Por otro lado, esos mismos que Pablo había establecido "presbíteros en cada una de las iglesias" (Hechos 14,23) eran considerados por todos como establecidos por el mismo Espíritu Santo:
Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre (Hechos 20,28).
En decir, aquellos que han sido puestos al frente de las iglesias como sus pastores con la imposición de manos (Timoteo y Tito son los ejemplos más claros de todo el Nuevo Testamento) son considerados como puestos en ese oficio por el mismo Espíritu Santo; es claro, entonces, que la autoridad que ellos poseen les viene como carisma de parte de Dios. A ese carisma en favor de la transmisión fiel del mensaje evangélico hasta el final de los tiempos llamamos "sucesión apostólica".
Hechos de los Apóstoles
Todo el libro de Hechos, como su mismo título lo declara, es el relato de las primeras acciones apostólicas de la Iglesia primitiva, y en particular de Pedro y Pablo. Es un verdadero gusto, y damos gracias a Dios y a Lucas, su autor, por semejante tesoro. Allí podemos ver declarado, no a modo de definición dogmática, como lo hará la Iglesia más tarde para alejar toda duda, sino como práctica pastoral de hecho, la realidad de hombres que ostentan la suprema autoridad en las iglesias locales no por voluntad propia, sino por disposición de Dios y de los Apóstoles. A esta autoridad llamamos "sucesión apostólica", es decir, la autoridad que los mismos Apóstoles quisieron que tuviesen los que irían a presidir las comunidades cristianas "hasta el fin del mundo", y a los cuales el cristiano debe considerar como ocupando el lugar de los Apóstoles.
a) Santiago, el hermano del Señor
La figura que más resalta en este sentido, y con gran claridad, es Santiago.
Hay que saber que en las Escrituras del Nuevo Testamento aparecen varios personajes llamados "Santiago" (gr: "Iakobus"). Para lo que nos ocupa ahora es importante saber que el Santiago que aparece en la reunión conciliar de Jerusalén y en algunas cartas de Pablo no es uno de los Doce. Se pueden consultar, por ejemplo, estos artículos del"The Word Biblical Commentary" (dirigido por estudiosos protestantes) sobre el autor de la carta canónica de Santiago (en inglés) y sobretodo "The Anchor Bible Dictionary"(también dirigido por autores protestantes) sobre el nombre "Santiago" en el Nuevo Testamento (inglés) y Santiago, el hermano del Señor (ya traducido al español). También se puede ver cualquier comentario o diccionario bíblico.
Pues bien, este Santiago, que no siendo uno de los Doce está sin embargo a la cabeza de la comunidad de Jerusalén, es visto por Pablo y los Doce como un sucesor de ellos en el gobierno de esa comunidad, con toda la autoridad del caso, de tal modo que los fieles e incluso los mismo Apóstoles se sujetan a sus disposiciones. Veamos lo que nos dicen las Escrituras.
Y (Pedro) haciéndoles señal con la mano para que guardaran silencio, les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel. Y les dijo: Informad de estas cosas a Santiago y a los hermanos. Entonces salió, y se fue a otro lugar. (Hechos 12,17)
De notar aquí la importancia de Santiago en la dirección de la comunidad, que debe ser avisado del evento extraordinario de la liberación de Pedro; ¿el motivo? Sin duda por tratarse del pastor de esa comunidad de Jerusalén, pastor reconocido por Pedro.
Leemos sobre el concilio de Jerusalén:
Cuando terminaron de hablar, Santiago respondió, diciendo: Escuchadme, hermanos. Simón ha relatado cómo Dios al principio tuvo a bien tomar de entre los gentiles un pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, tal como está escrito: DESPUÉS DE ESTO VOLVERÉ, Y REEDIFICARÉ EL TABERNÁCULO DE DAVID QUE HA CAÍDO. Y REEDIFICARÉ SUS RUINAS, Y LO LEVANTARÉ DE NUEVO, PARA QUE EL RESTO DE LOS HOMBRES BUSQUE AL SEÑOR, Y TODOS LOS GENTILES QUE SON LLAMADOS POR MI NOMBRE, DICE EL SEÑOR, QUE HACE SABER TODO ESTO DESDE TIEMPOS ANTIGUOS. Por tanto, yo juzgo que no molestemos a los que de entre los gentiles se convierten a Dios, sino que les escribamos que se abstengan de cosas contaminadas por los ídolos, de fornicación, de lo estrangulado y de sangre. Porque Moisés desde generaciones antiguas tiene en cada ciudad quienes lo prediquen, pues todos los días de reposo es leído en las sinagogas. (Hechos 15,13-21)
Sabemos que esta intervención de Santiago es decisiva en el concilio de Jerusalén, y se trata nada menos que de decidir sobre lo que es necesario, y lo que no, para la salvación. ¡Qué autoridad la de este hombre, que no es un apóstol y que está a la cabeza de la Iglesia nada menos que en Jerusalén! Luego, en la carta que envían a las comunidades del Asia, se dice: "Pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros..." (15,28). Son palabras en verdad llenas de significado: ese "nosotros" no son sólo los apóstoles, sino también Santiago y los ancianos, que se habían reunido para deliberar sobre ese asunto (15,6). De modo que tenemos, ya en la época apostólica, que algunos hombres actuaban con autoridad sobre cuestiones de fe y de gobierno, cosa que, por supuesto, se continuaría con la desaparición de los Apóstoles, a medida que morían. Eso es lo que, en la Iglesia Católica, se conoce como "sucesión apostólica".
Otro texto sobre la autoridad con la que obraba Santiago y de los demás ancianos. Cuenta Lucas:
Después de estos días nos preparamos y emprendimos el camino hacia Jerusalén. Y nos acompañaron también algunos de los discípulos de Cesarea, quienes nos condujeron a Mnasón, de Chipre, un antiguo discípulo con quien deberíamos hospedarnos. Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con regocijo. Y al día siguiente Pablo fue con nosotros a ver a Santiago, y todos los ancianos estaban presentes. Y después de saludarlos, comenzó a referirles una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles mediante su ministerio. Y ellos, cuando lo oyeron, glorificaban a Dios, y le dijeron: Hermano, ya ves cuántos miles hay entre los judíos que han creído, y todos son celosos de la ley; y se les ha contado acerca de ti, que enseñas a todos los judíos entre los gentiles que se aparten de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni observen las tradiciones. Entonces, ¿qué es lo que se debe hacer? Porque sin duda la multitud se reunirá pues oirán que has venido. Por tanto, haz esto que te decimos: Tenemos cuatro hombres que han hecho un voto; tómalos y purifícate junto con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos sabrán que no hay nada cierto en lo que se les ha dicho acerca de ti, sino que tú también vives ordenadamente, acatando la ley. Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito, habiendo decidido que deben abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicación. Entonces Pablo tomó consigo a los hombres, y al día siguiente, purificándose junto con ellos, fue al templo, notificando de la terminación de los días de purificación, hasta que el sacrificio se ofreciera por cada uno de ellos. (Hechos 21,15-26)
Tenemos aquí a Pablo, el que era Apóstol no por designio humano, sino por voluntad directa y tajante de Jesucristo, que había recibido el evangelio directamente del Señor (ver Gal 1,1), pues bien este mismo Pablo ¡va a ver a Santiago!, con quién estaban también los ancianos. A ellos les da cuenta de lo que hace con los gentiles, y luego de que estos glorificaran a Dios por lo que había hecho mediante la predicación de Pablo, les mandan que cumpla con preceptos de la ley que no tenían ya ningún valor, pero para escandalizar a los judíos que eran aún escrupulosos en esto. ¿Qué hace Pablo? ¡Pues sin decir ni una palabra va y cumple con los ritos que le mandan! ¿Porqué hace eso? Porque Santiago y los demás ancianos TENÍAN AUTORIDAD, aunque no eran Apóstoles. Podemos preguntarnos: ¿se interrumpió el gobierno de la Iglesia en los años que siguieron?
En Gal 2,9, Pablo dice que Santiago, junto a Pedro y Juan, eran considerados "columnas" de la Iglesia (sobre la identidad de este Santiago, que no es uno de los Apóstoles, véase un comentario bíblico, por ejemplo Richard Longenecker, en "The Word Biblical Commentary", volúmen 41, "Galatians", 1990).
De modo que si los Apóstoles mismos reconocían a uno que no era Apóstol, como Santiago, y también a los demás ancianos (gr. "presbyteroi") como válidos pastores de la iglesia en Jerusalén con toda la autoridad que hemos visto (¡columnas!), ¿cuál es la duda acerca de la sucesión apostólica? Y si, como dicen algunos, no se trata de un sucederse de hombres en el cargo de cabezas de la comunidad con autoridad de enseñar y de gobernar conferida por los Apóstoles, es decir, de una "sucesión apostólica", entonces ¿de qué se trata?
b) Los presbíteros de la comunidad de Efeso
Hay un texto, que ya hemos citado más arriba, de gran valor a la hora de ver la autoridad con la que contaban los líderes de la comunidad post-apostólica. Se trata del discurso de Pablo en Mileto, poco antes de partir para Roma, de donde no volvería más (cosa que Pablo sabía -Hechos 20,25-). Quedándose en Mileto, Pablo manda un mensaje a Efeso para que vengan a verlo, pero curiosamente no llama a toda la comunidad de creyentes, sino "a los ancianos de la Iglesia" (20,17). ¿Porqué? Se verá en el discurso que les da (citamos sólo los pasajes más importantes para nuestro tema):
Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros bien sabéis cómo he sido con vosotros todo el tiempo, desde el primer día que estuve en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con lágrimas y con pruebas que vinieron sobre mí por causa de las intrigas de los judíos; cómo no rehuí declarar a vosotros nada que fuera útil, y de enseñaros públicamente y de casa en casa, testificando solemnemente, tanto a judíos como a griegos, del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo...
Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de vosotros, entre quienes anduve predicando el reino, volverá a ver mi rostro. Por tanto, os doy testimonio en este día de que soy inocente de la sangre de todos, pues no rehuí declarar a vosotros todo el propósito de Dios. Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre. Sé que después de mi partida, vendrán lobos feroces entre vosotros que no perdonarán el rebaño, y que de entre vosotros mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos. Por tanto, estad alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas. Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados...
En todo os mostré que así, trabajando, debéis ayudar a los débiles, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: "Más bienaventurado es dar que recibir." Cuando terminó de hablar, se arrodilló y oró con todos ellos. Y comenzaron a llorar desconsoladamente, y abrazando a Pablo, lo besaban, afligidos especialmente por la palabra que había dicho de que ya no volverían a ver su rostro. Y lo acompañaron hasta el barco. (Hechos 20,18-38).
Señalamos sólo algunas cosas:
- Pablo llama a los ancianos de Efeso, ya que les quiere encomendar sus últimas palabras, darles ánimo, advertirles. ¿Porqué a ellos y no a todos los creyentes de Efeso? Porque Pablo sabía que, después de él y de los Doce, ELLOS GOBERNARÍAN LA IGLESIA DE DIOS. Eso es lo que llamamos "sucesión apostólica". "Ancianos" es un término técnico, y se refiere a los que gobernaban las iglesias; en otras palabras, Pablo no mandó llamar a los "viejos", sino a los responsables de la comunidad, que serían en su mayoría de una cierta edad, sin duda, de donde se origina el vocablo (que ya existía en el Antiguo Testamento - hebreo: "zakén", "anciano" - y que también se refería a los que presidían en el puelbo).
- Esos ancianos habían oído de Pablo (por tradición oral, el único modo de transmitir el evangelio entonces) muchísimas cosas relacionadas al "propósito de Dios", "durante tres años, de noche y de día" y "uno por uno" como también "públicamente". Estas cosas permitían a los ancianos gobernar la iglesia según Dios, y distinguir la sana doctrina de la que no era, y consecuentemente ejercer una verdadera autoridad sobre los demás fieles.
- Pablo les manda que "tengan un cuidado muy atento" (gr. "proséjete") de sí mismos y "de todo el rebaño" (gr. "panti to poimnío") en el cual el Espíritu Santo "os estableció" (gr. "étheto") para "pastorear" (gr. "poimánein") "como obispos" (gr. "episkopous") "de la Iglesia de Dios" (gr. "ten ekklesían tou theoú"). De modo que los ancianos son puestos como "obispos" por el Espíritu Santo, para ser pastores, y como sabemos nadie puede ser pastor si no tiene autoridad para ello. En otros textos del Nuevo Testamento encontramos que los ancianos y obispos son establecidos "por los Apóstoles" por la "imposición de manos" (ver por ejemplo 1 Tim 4,14), y no se daba la práctica -corriente en algunas denominaciones cristianas- que el que se creía llamado al obispado daba un paso adelante y se establecía en tal. De modo que el Espíritu Santo no excluye la elección que hace la iglesia de los ancianos, ni la elección que hace la iglesia de los ancianos excluye la elección del Espíritu Santo: éste obra en aquella, porque se trata de "la Iglesia de Dios". Resuena en los oídos aquella expresión de la carta post conciliar de Jerusalén: "Nos pareció bien, al Espíritu Santo y a nosotros..." (Hechos 15,28) siendo que en realidad no había habido ninguna manifestación extraordinaria del Espíritu en ese concilio, sino más bien las apasionadas discusiones de los apóstoles, ancianos y toda la iglesia (ver Hechos 15,2.7). Así, de modo "invisible", se manifestaba el Espíritu muy visiblemente por medio de los "obispos" que Él mismo había "establecido" para "pastorear" la Iglesia de Dios.
- Pablo sabe que son hombres de barro, y que pueden naufragar en la fe: "de entre vosotros se levantarán lobos feroces", etc. (29 y 30). De modo que también debía saber que no era en base a la sabiduría personal, ni a la santidad de vida que los "obispos" habían sido establecidos por el Espíritu Santo. A PESAR de que eran sólo hombres, son ELLOS los que siguen siendo considerados por Pablo como los "pastores" del rebaño, con autoridad divina ("el Espíritu Santo os estableció"). Para no caer en los errores doctrinales Pablo les dice que "estén alertas" (gr. "gregoréite") "recordando constantemente" (gr. "mnemonéuontes") lo que les había enseñado POR TRES AÑOS. (Ya que el presente artículo tiene carácter apologético, nos permitimos notar que, curiosamente, no les dice que se atengan a la sola autoridad de las Escrituras como arma infalible para pastorear el rebaño, que es la doctrina actual del evangelismo) De modo que los lobos feroces serán aquellos que enseñen al rebaño doctrinas contrarias a lo que él les había trasmitido "por tres años, día y noche", "uno por uno y en público". En otros lugares Pablo, teniendo en cuenta esta misma necesidad de custodiar el depósito de la fe íntegramente, dirá que conservemos "las tradiciones que de mí habéis aprendido, sea por carta, sea oralmente" (2 Tes 2,15), y Pedro dirá que en los escritos de Pablo, como en las demás Escrituras, "hay pasajes de difícil interpretación" que los ignorantes e inestables usan "para su propia perdición" (2 Pe 3,16), de modo que la doctrina de la "sola biblia" como norma de fe no solo no aparece en las Escrituras, sino que le es contraria. En la historia del cristianismo de los primeros siglos, los lobos feroces se respaldarán SIEMPRE en textos bíblicos (interpretados cada uno a su modo) y la verdad del evangelio será defendida SIEMPREen nombre de "lo que hemos recibido de los apóstoles" y "se trasmite en las iglesias fundadas por ellos" (ver el artículo indicado al inicio de este artículo, sobre la sucesión apostólica; por los Padres de la Iglesia de los primeros siglos, para los textos). Esto, como vemos por Hechos, no es una invención de Constantino, sino que es la disposición que dejaron los Apóstoles.
- Pablo los encomienda "a Dios y a la palabra de su gracia" que "es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados". Algunos verán aquí, sin duda, la supuesta doctrina de la "sola scriptura" de Pablo, porque los encomienda a la "palabra" de su gracia, que sería la Biblia... No podemos detenernos en todos los puntos, y además estamos preparando un artículo sobre el significado de "palabra de Dios" en las Escrituras, pero baste mencionar que:
a) cuando Pablo dio este discurso, no había ninguna "palabra" escrita del Nuevo Testamento a la cual los ancianos hubiesen tenido que ir para "edificarse", y ciertamente no se trataba de los escritos de la Antigua Alianza, en los cuales no está la doctrina de la Nueva sino sólo oscuramente;
b) la "palabra" de Dios, en Pablo, es mucho más que la Biblia, como lo es en los demás escritores del Nuevo Testamento, comenzando por Juan que dice que la palabra "era Dios", y que "habitó entre nosotros", refiriéndose a Jesús;
c) "palabra de su gracia", en este pasaje, se entiende más bien como "toda la revelación de Dios", incluyendo su "gracia", su obrar, su presencia, su ayuda, su fuerza, etc. Pablo no les está diciendo que "lean las Escrituras", sino que los "encomienda a la gracia de Dios", que aquí se expresa con la bella expresión "palabra de su gracia". La mismísima expresión aparece en Hechos 14,3, donde de ningún modo puede significar "la Biblia", sino más bien "evangelio", es decir, todo el mensaje de la salvación en todos sus aspectos. De modo que la fuerza de los ancianos (y podemos decir, de los líderes de las iglesias en lo porvenir) reside en la gracia de Dios, en su presencia que edifica la iglesia, una iglesia EN LA CUAL surgirán lobos feroces, pero que el Señor no permitirá que destruyan el rebaño, como es obvio.
Digamos como conclusión que en el discurso de Pablo a los ancianos de Efeso se ve que los Apóstoles (aquí Pablo) querían que en la Iglesia de Dios hubiese autoridad, visible, que son hombres elegidos por el Espíritu Santo como obispos para pastorear el pueblo de Dios, y que eso no los vuelve santos necesariamente: habrá buenos pastores y habrá malos pastores, pero la gracia de Dios estará en su Iglesia para gobernarla hasta el último día de su existencia. Después de todo, es el mismo Espíritu el que los elige, y por tanto provee también a darles su gracia.
El Apocalipsis
En el libro del Apocalipsis se mencionan los “ángeles de las Iglesias”, a los cuales Jesús les habla, les amonesta, los anima, etc. (capítulos 2 y 3). Según la interpretación más común, esos “ángeles” serían los obispos de las respectivas iglesias, quienes tienen la responsabilidad de la conducción de las mismas, y por eso reciben el reproche o la alabanza por parte de Jesús.
En la literatura extra bíblica contemporánea con el libro del Apocalipsis, nos encontramos con una organización eclesial fuertemente centrada en torno a la figura del obispo, como lo afirma repetidamente S. Ignacio de Antioquia en sus cartas, dirigidas en su mayoría a las comunidades del Asia Menor, la misma región geográfica donde se ubican las “siete iglesias” que reciben los mensajes apocalípticos. Si bien S. Ignacio no usa el nombre de “ángel” cuando habla del obispo de una comunidad (cosa muy lógica ya que no tenían la intención de escribir una carta de carácter simbólico, como lo es el Apocalipsis), sin embargo la alta estima en la que era tenido como representante de Dios en la comunidad permite pensar que el autor del Apocalipsis se esté refiriendo a ellos cuando habla de los “ángeles de las iglesias”.
En el libro del Apocalipsis Jesús se dirige a las iglesias a través de los “ángeles” de esas comunidades, los que difícilmente pueden tomarse como los “ángeles” del mundo celestial, ya que algunos son duramente juzgados por Jesús debido a sus pecados, cosa imposible en un “ángel” en sentido estricto. Así encontramos por ejemplo estos reproches dirigidos a los “ángeles” de las iglesias: “no eres ni frío ni caliente, y por eso te vomitaré de mi boca” (3,15) “conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, pero estás muerto” (3,1), etc. Sería difícil -por no decir imposible- aplicar estas expresiones a un ángel de la corte celestial; más bien parecería que bajo el nombre simbólico de “ángel de la iglesia” el autor del libro - todo él simbólico - quiera referirse a un ser humano, que a diferencia del ángel es capaz de pecado, como sería el obispo, figura puesta al frente de una comunidad de creyentes (Iglesia).
Otro dato a tener en cuenta es que estos “ángeles”, siempre según el libro del Apocalipsis, cumplen la función que cumpliría precisamente un obispo: enseñar con autoridad y organizar las comunidades, aplicando la debida disciplina interna. Es lo que se ve claramente en 2,12-16, donde aparece el mensaje al “ángel de la iglesia de Pérgamo”, que luego de una alabanza inicial recibe también un reproche “porque tienes ahí a los que mantienen la doctrina de Balaam… Así tú también tienes algunos que de la misma manera mantienen la doctrina de los nicolaítas. Por tanto, arrepiéntete; si no, vendré a ti pronto y pelearé contra ellos con la espada de mi boca”. Evidentemente se trata de una comunidad de personas, o más bien del guía de esa comunidad (se usa la segunda persona singular) que no ha sabido ordenar esa asamblea convenientemente, dejando entrar a los falsos maestros nicolaítas. Se trata claramente de un oficio de gobierno, que como sabemos estaba en manos del “epískopos” u “obispo”.
¿Podemos encontrar en el Antiguo Testamento, cuyo ambiente es fundamental para entender el nuevo, alusiones a los líderes de las asambleas con el nombre de "ángeles"? Si. En Mal 2,7 el sacerdote, al cual hay que acudir para recibir la instrucción y la sabiduría, es llamado en hebreo "mal'aj yhwh tsevaot" (en la LXX: "angelos kuriou pantokratoros"), que se traduce habitualmente como "mensajero del Señor de los ejércitos", pero que se puede traducir también como "ángel del Señor de los ejércitos". De cualquier modo que se traduzca, lo que importa para nuestro caso es que es la misma palabra (gr: "angelos") que se usa en el Apocalipsis.
Además, en Ap 1,20 los “ángeles de las iglesias” son llamados también “estrellas”; es común en el ambiente judío designar a los que presiden una comunidad con el nombre de "estrellas" (ver por ejemplo Daniel 12,3). En otras palabras, para los oídos hebreos que oían el texto del Apocalipsis, tanto "ángeles" como "estrellas" tenían una connotación familiar: eran los líderes religiosos del pueblo. Si a esto le sumamos, como vimos, que no se puede haber tratado de ángeles en el sentido de seres celestiales, es claro que los mensajes del Hijo del hombre a los "ángeles de las iglesias" se dirigen a los líderes de las mismas, que en el Nuevo Testamento son los "episkopoi" (obispos) y "presbyteroi" (ancianos o presbíteros).
Con respecto al número de siete, según la aritmética apocalíptica, representa la totalidad, de modo que tendríamos en las “siete iglesias” representadas todas las iglesias, y con ellas también a los “ángeles de las siete iglesias”.
Conclusión
Como decíamos al inicio, la lectura atenta de las Escrituras, particularmente de los textos más tardíos que nos muestran cuál fue la evolución de la disciplina de la Iglesia en los últimos años apostólico y del comienzo de la era post-apostólica, muestra que los Apóstoles establecieron a los obispos, presbíteros y diáconos como sus sucesores, en grado diferenciado, para el buen gobierno de la Iglesia (sobre el particular de los "grados" del ministerio, ver el Catecismo de la Iglesia Católica, números 1536 a 1600); con este fin imponían las manos a hombres selectos para que, con autoridad, gobernasen la grey, enseñasen la doctrina y administrasen el culto; en una palabra, para que "cuidasen de la grey en la que el Espíritu Santo los había establecido como obispos para pastorear la Iglesia de Dios" (Hechos 20,28). Sin necesidad de buscar la expresión "sucesión apostólica" en las Escrituras -que ciertamente no aparece, como tampoco aparece la palabra Trinidad sin que por eso no podamos creer en la doctrina trinitaria- podemos estar seguros que los Apóstoles tuvieron la intención, y de hecho así lo hicieron, de establecer en las distintas iglesias "sucesores", que a su vez debían cuidar de nombrar a otros (Tit 1,5-9), hasta que el Señor tornase en gloria. Este es el modo con el cual el Espíritu Santo no permite que el evangelio de Dios se corrompa con el paso del tiempo, la debilidad humana y la rapacidad de los lobos disfrazados de ovejas.
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